España pierde peso en las decisiones clave de la UE en 2024: inmigración, transición ecológica y gasto militar marginan a Sánchez

La proximidad con China tampoco ha favorecido, y esa caída en la influencia quedó claramente evidenciada en el último Consejo Europeo: la reunión estuvo encabezada por Macron, Meloni, Von der Leyen, Merz y Costa. Del presidente del Gobierno, ningún indicio.

Pedro Sánchez, durante una reunión del Consejo Europeo en febrero.

España ha quedado definitivamente fuera de las decisiones clave este año. Ya en 2024, el cambio iniciado en Europa dejó claro que las prioridades de Pedro Sánchez no coincidían con las directrices que estaba adoptando la Unión Europea. Sin embargo, en 2025 el aislamiento ha sido aún más evidente.

El país ya no participa en las decisiones fundamentales, y una prueba clara es que siempre llega con retraso a los comunicados y encuentros relacionados con Ucrania. Este desplazamiento comenzó cuando Sánchez empezó a mostrar crecientes reticencias a aumentar el gasto militar, y se hizo visible en la cumbre de la OTAN en La Haya: el presidente del Gobierno aparece completamente relegado en la foto oficial.

Posteriormente, también fue excluido del grupo diplomático conocido como «el grupo de Washington«, conformado por los países que apoyaron a Volodímir Zelenski en agosto durante su reunión con el presidente estadounidense Donald Trump. Entre ellos estuvieron Friedrich Merz, Emmanuel Macron, Giorgia Meloni y Keir Starmer, junto a Ursula von der Leyen, Antonio Costa o la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, entre otros. Sánchez, no.

En las últimas reuniones relevantes, el presidente tampoco ha estado presente. Además de que su rechazo a incrementar el presupuesto militar desagrada a varios socios, influye también la situación interna: en el último encuentro para decidir el futuro de la paz y Europa, Sánchez prefirió quedarse en España presentando el abono transporte en lugar de viajar a Berlín.

El importante giro que ha sufrido la UE en inmigración también ha contribuido al aislamiento de España. Sánchez ha quedado prácticamente solo en su oposición a los centros de deportación fuera de la UE, mientras Europa avala el modelo Meloni. El Ejecutivo español mantiene sus «serias dudas jurídicas, políticas y económicas» y advierte que podrían ocasionar un «impacto negativo» en las relaciones bilaterales con socios clave en la prevención de la migración irregular. Sin embargo, su postura no ha sido escuchada, y aquí también permanece alejado de las reuniones estratégicas que organizan varias capitales; aunque, en este caso, el Gobierno actúa voluntariamente.

Asimismo, la defensa de la transición verde y la eliminación de motores de combustión no coincide con la dirección adoptada por la UE. «Rechazamos que los vehículos de combustión u otras tecnologías sin eficacia demostrada puedan continuar comercializándose después de 2035″, afirmó Sánchez en una carta hace pocos días. Sin embargo, Alemania e Italia han ejercido fuerte presión para revertir parte de las medidas implantadas en la legislatura anterior, cuando España todavía estaba en el centro de las decisiones, autorizando la fabricación y venta continuada de coches de gasolina y diésel en Europa.

La industria automovilística europea enfrenta un momento muy complejo, y la economía en general está perdiendo competitividad a gran velocidad. La eliminación de esos vehículos hubiese representado un obstáculo casi insuperable. Esa es la razón por la que la Comisión Von der Leyen II, que cuenta con Teresa Ribera como vicepresidenta primera para la Transición Limpia, Justa y Competitiva, ha intervenido. La incomodidad reflejada la semana pasada en Estrasburgo, cuando le consultaron sobre esta decisión, demuestra el malestar que le genera esta situación.

El acercamiento de España a China tampoco favorece la posición de Sánchez como líder en la UE. Desde el Ejecutivo se presenta esta postura como un intento europeo de abrir nuevas vías y mejorar las relaciones con el país asiático, pero en varias capitales importantes no resulta bien recibido. Por ejemplo, el ministro de Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, ha sido muy crítico con las políticas comerciales del Gobierno de Xi Jinping, y las relaciones son tan complejas que se prevé un viaje oficial del canciller Merz a Pekín para intentar mejorar la situación.

Por su parte, Francia ha confrontado a Shein, y Países Bajos llegó a nacionalizar Nexperia, una empresa de microchips propiedad de la china Wingtech. En contraste, el Gobierno español ha dejado en manos de Huawei contratos sensibles en Interior, que incluso la Comisión Europea ha censurado. «Existe el riesgo de depender de un proveedor de alto riesgo en un sector crítico y delicado», advirtió en múltiples ocasiones la vicepresidenta para la Soberanía Tecnológica, la Seguridad y la Democracia, Henna Virkkunen, destacando la posibilidad de «injerencia extranjera».

Finalmente, para evidenciar la notable pérdida de relevancia de España, el último Consejo Europeo del año fue muy revelador. En esa reunión de presidentes y primeros ministros se tomaron dos decisiones cruciales: no ratificar el acuerdo UE-Mercosur y emitir deuda conjunta en lugar de usar activos rusos para apoyar financieramente a Ucrania. Los líderes destacados en esa jornada negativa para la UE fueron Meloni y Macron, que bloquearon el acuerdo comercial y apoyaron los eurobonos, mientras Merz y Von der Leyen fueron los principales perdedores. El presidente del Consejo, Antonio Costa, tuvo un papel importante al desbloquear el crédito, aunque fuera mediante emisión de deuda, y el primer ministro húngaro, Viktor Orban, también desempeñó un rol relevante al abstenerse, lo que permitió la emisión por motivos propios. Pero, según fuentes consultadas, de Sánchez no se tuvo noticia alguna.

Scroll al inicio