El legislador catalán Toni Comín ha sido elegido en dos ocasiones por votantes en España, pero no puede ejercer como eurodiputado debido a una controversia legal relacionada con su papel en la apuesta de Cataluña por la independencia.
En una fría y oscura noche de miércoles, Toni Comín recorre los pasillos del Parlamento Europeo en Bruselas como alguien que se siente a gusto en ese lugar. Las personas lo reciben con calidez, como a alguien poco habitual – una situación extraña para un miembro del Parlamento.
Sin embargo, Comín es eurodiputado solo en términos formales. No dispone de oficina, asistentes, ni tareas que cumplir, y tampoco recibe salario alguno. Incluso el distintivo que utiliza para entrar al Parlamento difiere del resto de sus colegas.
A causa de un asunto legal complejo, este legislador español de 54 años ha sido elegido miembro del Parlamento Europeo, pero no puede actuar como tal. Accede al edificio con una tarjeta de la legislatura anterior y goza de inmunidad parlamentaria, pero no está autorizado a asistir a sesiones oficiales, elaborar leyes en comités ni intervenir en las plenarias.
Para comprender el motivo, hay que remontarse a octubre de 2017.
Hijo de un destacado político socialista catalán, Comín ejercía entonces como Consejero de Salud del gobierno regional de Cataluña, la Generalitat de Catalunya, que en aquel momento intentaba separarse de España.
La Generalitat llegó a organizar un referéndum sobre la independencia de Cataluña, declarado ilegal por el gobierno español pero que siguió adelante. El día de la votación estuvo marcado por la intervención policial, con algunos episodios violentos.
El 27 de octubre de ese año, el gobierno catalán proclamó la independencia, acto seguido España activó un estado de emergencia para restaurar el orden. Al día siguiente, cinco miembros de la Generalitat huyeron del país en secreto, entre ellos Comín y el entonces presidente catalán Carles Puigdemont.
Desde entonces, sus destinos han estado estrechamente ligados.
Acusados por la justicia española de rebelión, sedición y malversación, ambos políticos se refugiaron en Bélgica, donde actualmente residen. Pese a múltiples intentos y largos procesos legales, España no ha conseguido extraditarlos.
Puigdemont y Comín también se presentaron a las elecciones europeas de 2019 como candidatos del partido de centro-derecha que fundaron, Junts per Catalunya (Juntos por Cataluña), resultando ambos electos al Parlamento Europeo. Sin embargo, solo se les permitió asumir el cargo en 2020, tras una resolución del Tribunal de Justicia Europeo.
Las autoridades electorales españolas exigen que toda persona elegida para el Parlamento Europeo preste juramento presencialmente en España, lo que imposibilita a los fugitivos catalanes asumir el cargo sin regresar y exponerse a ser arrestados. Este obstáculo fue superado por el Tribunal Europeo, pero reapareció al ser Comín reelegido en 2024.
“Una nueva sentencia revocó la anterior, alegando básicamente que soy eurodiputado, pero el Parlamento debe respetar la decisión de España sobre la concesión del ejercicio del mandato”, explicó Comín a Euronews. “Es la diferencia entre ser eurodiputado y desempeñar el trabajo del eurodiputado.”
Esta paradoja implica que el Parlamento actual cuenta con 719 miembros en lugar de 720, ya que mientras el legislador catalán no puede sentarse como MEP sin ser juramentado en España, tampoco puede ser sustituido.
Por ahora, lo que puede hacer es reunirse con sus colegas.
“Suelo venir aproximadamente dos veces al mes para mantener mi red de contactos”, comentó, explicando que mientras algunos diputados españoles se niegan a entablar conversación con él, otros sí lo hacen con agrado.
“Tengo buenas relaciones con varios eurodiputados de los grupos Greens/EFA, La Izquierda y Renew Europe.”
El resto de su tiempo lo dedica, según comenta, a la actividad política y a la redacción de unas memorias en su residencia en la localidad belga de Louvain-la-Neuve.
“Es un libro de 700 páginas con toda mi historia,” señaló, bromeando sobre que aún busca un título adecuado. “Estará terminado para Navidad o poco después, y se publicará el próximo año.”
Una lucha desde el extranjero
Durante los ocho años de su exilio autoimpuesto, Comín ha seguido defendiendo la causa de la independencia catalana, ejerciendo como mano derecha de Puigdemont.
Junts per Catalunya se mantuvo en el gobierno regional durante años tras la intentona independentista fallida y, aunque actualmente está en la oposición en el Parlamento catalán, contribuye a sostener al presidente español Pedro Sánchez al no votar en contra de las mociones de censura.
El gobierno socialista de Sánchez ha intentado acercamientos con los independentistas catalanes, quienes le han brindado su apoyo (o, al menos, abstención) en el Parlamento español a cambio de una ley de amnistía que cubriría a los políticos implicados en los hechos de octubre de 2017.
No obstante, no todo está resuelto. El Tribunal Supremo ha cuestionado la aplicación de la amnistía respecto al delito de malversación; Puigdemont, Comín y otros recurrieron ante el Tribunal Constitucional, pero hasta que se resuelva este proceso, la orden de arresto española continúa vigente.
“No podemos ir allí, así que las reuniones políticas de nuestros partidos se llevan a cabo en Bélgica. Cada mes, los altos cargos vienen desde Barcelona y nos encontramos en la residencia de Puigdemont, en Waterloo”, relató Comín.
Su vínculo con el principal líder del independentismo catalán es político y también afectivo. “Después de todo lo que hemos pasado juntos, estoy seguro de que nuestra amistad resistirá cualquier adversidad. Somos más que compañeros de partido, somos hermanos en el exilio.”
Juntos, han dirigido su formación política desde el extranjero enfrentando múltiples episodios, incluyendo detenciones, intentos caóticos de establecer un gobierno en el exilio y problemas personales.
En enero pasado, Comín fue acusado de acoso sexual y psicológico por una asistente parlamentaria de otro diputado de su mismo partido, quien presentó una denuncia formal ante el Parlamento sobre su supuesto comportamiento. En un comunicado emitido entonces, él calificó las acusaciones de infundadas y motivadas por razones políticas. El caso permanece suspendido hasta que Comín sea admitido como eurodiputado.
Esperanza en el horizonte
Aunque la meta a largo plazo de Comín y sus compañeros sigue siendo la independencia de Cataluña, el objetivo inmediato es regresar a casa. Desde 2016, no ha habido avances en la primera meta: el entusiasmo por la república independiente que se vivió en 2017 ha disminuido, la Generalitat está hoy liderada por socialistas catalanes contrarios a la independencia, y los independentistas exiliados apenas reciben apoyo.
No obstante, la vuelta a España podría estar cerca. Si se concede una amnistía total a los líderes separatistas catalanes, podrían regresar sin riesgo de detención.
Esto abriría la vía para que Puigdemont pudiera intentar recuperar el poder en elecciones regionales, y para Comín, le permitiría jurar su cargo en el Parlamento Europeo. Es el camino más rápido para convertirse en eurodiputado con plenos derechos, más viable que sus recursos pendientes en tribunales, y se muestra optimista.
“Tengo un 90% de posibilidades de lograrlo antes de que termine el mandato”, afirmó.
Extraña el trabajo real en el Parlamento, la oportunidad de redactar políticas y luchar batallas políticas, como la eliminación de las patentes de vacunas que impulsó en la legislatura anterior.
Más aún, extraña Cataluña, junto a su pareja y su hija, que cursa la secundaria allí. Recuerda la libertad de volver a su ciudad natal, Barcelona, y suspira.
“La sensación de estar en el exilio se parece a la paternidad pero en sentido contrario: no puedes imaginar lo doloroso que es hasta que lo vives en carne propia.”

