Críticas a Díaz por desviar la atención hacia Sánchez en lugar de Feijóo respecto al crecimiento de Vox y afectar la estrategia del PSOE: «Parece irreal»

El presidente elude solicitar la salida de su socio, aunque desautoriza a la vicepresidenta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Consejo Europeo celebrado en Bruselas.

Desde hace tiempo, el avance de Vox representa un arma de doble filo para el Gobierno. La estrategia de La Moncloa se beneficia en cierta medida del fortalecimiento de la ultraderecha, ya que consideran que eso contribuye a debilitar al PP y a establecer un adversario claro contra el que confrontar, además de alimentar su narrativa basada en el miedo. «Todo lo que pueda hacer tropezar al PP nos favorece», reconocen. Sin embargo, ese crecimiento también pone en entredicho el discurso de Pedro Sánchez, quien presenta a su Gobierno como un freno frente a la extrema derecha. La creciente influencia de los partidarios de Santiago Abascal es atribuida por el Ejecutivo a Alberto Núñez Feijóo, a quien describen como un líder «débil» y «subordinado» a las demandas de Vox. Pero la crítica de Yolanda Díaz y de Sumar, que señala que la negativa del presidente a llevar a cabo una remodelación solo «fortalece» a Vox, complica la estrategia del complejo presidencial y genera, una vez más, tensiones con su socio minoritario.

En la coalición de Gobierno, siempre ha existido una tensión latente en torno a ciertos temas. No obstante, la crisis que atraviesa el PSOE debido a los presuntos casos de corrupción y las acusaciones de acoso sexual ha sacado a la luz un enfrentamiento directo entre las posturas de Sánchez y Díaz. La vicepresidenta segunda, junto a su círculo más cercano, exigen al presidente un cambio profundo en el gabinete bajo la consigna de que «no se puede continuar así». Sánchez rechaza esta petición, a pesar de la insistencia de su socia, porque considera, entre otros motivos, que ello implicaría reconocer la vinculación de su Ejecutivo con los escándalos, y defiende que ningún ministro está involucrado.

La molestia en el ala socialista del Gobierno surge por dos motivos: primero, porque opinan que la vicepresidenta segunda «se equivocó» al lanzar ese ultimátum —«No puede poner a sus socios ante esa disyuntiva»—. Segundo, porque atribuir a Sánchez el crecimiento de Vox supone un golpe en la estrategia de La Moncloa. «Vox es alimentado por el PP», concluyen en el complejo presidencial. El propio Sánchez, llegado el jueves al Consejo Europeo en Bruselas, desautorizó a la líder de Sumar en el Gobierno. «El aumento demoscópico persistente de la ultraderecha en nuestro país, que veremos cómo se concreta, no está vinculado con la gestión del Gobierno. Tiene todo que ver con el blanqueo que la derecha política y mediática hace de Vox».

«Feijóo muestra una creciente falta de liderazgo y se ha acercado cada vez más a Vox», explican fuentes gubernamentales. A pesar de que el ciclo electoral que comienza este domingo en Extremadura se presenta poco favorable para los intereses socialistas, con concursos electorales en Aragón, Castilla y León y Andalucía, el alivio radica en que esta situación expone la dependencia del PP hacia Vox. Se confía en que el partido de Abascal vea reducidas o mantenga sus mayorías, situación que seguiría condicionando las opciones del PP. «Estas elecciones son una bomba para el PP», afirman en la sala de mandos socialista, a pesar de que sus proyecciones demoscópicas son poco prometedoras.

«Feijóo no ha acertado en su actuación frente a Vox y terminó cayendo en sus manos. Y cuando eso ocurre, el electorado termina apoyando más a ellos que a ti», reflexionan desde el Ejecutivo. Por ello, el distanciamiento de Díaz, señalando a Sánchez y no al líder del PP como culpable, se interpreta por los socialistas como un comentario «extraño», que atribuyen a la debilidad tanto de Sumar como de Díaz.

«El PP ha abandonado la batalla por el centro político y optó por competir con Vox en el extremo derecho. Pero cuando una derecha democrática imita a la extrema derecha, pierde tanto su esencia como su credibilidad. El problema no es solo lo que dice Feijóo, sino lo que está dispuesto a aceptar para llegar a la Moncloa: lo que le ordena Abascal», exponen los socialistas. En ese contexto, Díaz ha puesto un obstáculo.

A pesar del desafío y la oposición a su postura, Sánchez evita pedir la expulsión de su socio minoritario para no fortalecer una imagen de inestabilidad, ya de por sí alimentada por las dudas que suscita la viabilidad de la legislatura entre los partidos que apoyan a La Moncloa. «Pese a las discrepancias, porque somos organizaciones políticas con una cultura distinta, hay muchas cuestiones que unen al PSOE y a Sumar», intentó matizar Sánchez a su llegada a Bruselas. El presidente trata en público de calmar las aguas, buscando evitar que una imagen de inestabilidad en la coalición merme aún más a un Gobierno que atraviesa un momento delicado por los casos de corrupción y las denuncias de acoso a cargos del partido.

Cuando fue preguntado por los periodistas sobre si Sumar debe continuar en el Gobierno, Sánchez esquivó la cuestión y se centró en que ambos partidos están «implementando una hoja de ruta con avances». Adoptó un tono positivo, enfocándose en las medidas que la coalición tiene en agenda. «Por ejemplo, ahora estamos en plena negociación con los agentes sociales para un nuevo incremento del salario mínimo».

El jefe del Ejecutivo reafirma siempre que puede la «estabilidad» —«Este Gobierno garantiza la estabilidad»— y lo hace para contrastarla con los gobiernos autonómicos del PP y Vox, que han roto o se han visto obligados, como en Extremadura y Aragón, a convocar elecciones anticipadas debido a la ingobernabilidad. La Moncloa, a pesar de no haber logrado aprobar unos Presupuestos en toda la legislatura y de no contar con mayoría en el Congreso, se presenta como garante de la estabilidad. «Lo fundamental es que exista paz social y territorial, aspectos que garantiza este Gobierno, además de una relativa estabilidad parlamentaria pese a las dificultades».

PSOE y Sumar están convocados hoy, supuestamente, a una reunión para analizar la situación del Ejecutivo. Se dice “supuestamente” porque hasta ayer ninguno de los dos socios confirmó hora, lugar ni las personas que participarían en el diálogo. Tampoco se incluyó dicha cita en la agenda pública de medios.

Esta falta de transparencia es especialmente significativa, pues evidencia que la preparación de este encuentro no se hace bajo condiciones de consenso. Y todo parte del origen. Sumar planteó su reunión con el PSOE como una suerte de cumbre de los dos sectores del Gobierno; sin embargo, los socialistas se apresuraron a rebajar la relevancia del encuentro, anunciando que sería la secretaria de Organización, Rebeca Torró, quien actuaría como interlocutora. Es decir, a diferencia de lo ocurrido en julio, el socio mayoritario evita dar un nivel alto al encuentro y rechaza incluir en la foto a la vicepresidenta María Jesús Montero o al ministro Félix Bolaños, como sí se hizo entonces.

Es probable que de ahí surjan discrepancias con Sumar. En principio, es una reunión de «cargos orgánicos» de los partidos. Otro motivo de conflicto podría ser la agenda de asuntos a tratar.

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