Niveles de agua en embalses de España aumentaron al 20 de diciembre

El Boletín Hidrológico Peninsular ha divulgado el estado actual de los embalses de agua en España

Por Rodrigo Gutiérrez González

Seguir enLa situación de los embalses

La capacidad de los embalses de agua en España está situada en un 54,86 %, conforme a la última actualización del Boletín Hidrológico Peninsular, difundido por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco).

Según esta información oficial, la cantidad de agua almacenada aumentó durante los pasados siete días.

La situación actual de los embalses representa un punto de referencia para enfrentar los desafíos relacionados con el manejo del agua en España. En fechas concretas, los datos recogidos orientan las decisiones políticas y sociales sobre el consumo y la preservación de este recurso.

Estado de las reservas hídricas en España

Fecha: sábado 20 de diciembre de 2025.

Capacidad total: 56.041 hm3.

Volumen de agua embalsada: 30.744 hm3.

Porcentaje de agua embalsada: 54,86 %.

Cambio en la última semana: 172 hm3.

Incremento porcentual semanal: 0,31 %.

Volumen embalsado hace un año: 28.839 hm3.

Porcentaje de agua almacenada hace un año: 51,46 %.

Capacidad de los embalses en España desglosada por comunidad autónoma

 Hacer una revisión constante

Andalucía: 46,13%.

Aragón: 54,71%.

Asturias: 61,62%.

Comunidad Valenciana: 40,18%.

Cantabria, País Vasco y La Rioja: 39,88%.

Castilla-La Mancha: 50,16%.

Cataluña: 72,77%.

Comunidad de Castilla y León: 55,58%.

Extremadura: 60,08%.

Galicia: 67,14%.

Murcia: 25,68%.

Navarra: 41,02%.

Sugerencias para economizar agua en el jardín

Independientemente del nivel de capacidad de los embalses en España, es fundamental hacer un uso responsable del agua. Por ello, el Miteco ha compartido una serie de recomendaciones para ahorrar agua desde el hogar, enfocándose especialmente en el cuidado del jardín.

En España, las viviendas unifamiliares con jardín consumen entre 2 y 5 veces más agua que los apartamentos. Así, el jardín representa habitualmente un gran consumidor de agua, aunque existen métodos para disminuir este gasto.

Una alternativa clara para reducir el consumo hídrico en el jardín consiste en optar por plantas que requieran poca agua o que, una vez establecidas, no necesiten riego frecuente. Esto no implica que

sea necesario llenar el jardín exclusivamente con cactus o chumberas. De hecho, la mayoría de las especies típicas de los jardines mediterráneos (árboles, arbustos y plantas) demandan riegos escasos.

Por lo general, más de dos tercios del agua destinada al jardín se emplean para mantener el césped. Por tanto, es válido afirmar que el césped es el principal consumidor de agua en los jardines modernos. Reducir su extensión es la forma más segura y eficiente de minimizar el consumo.

Cubrir las áreas del jardín con materiales naturales como piedras, gravas o corteza de árbol disminuye el consumo de agua y proporciona beneficios estéticos. Estos cobertores evitan el calentamiento excesivo del suelo, protegen contra el viento y la erosión, impiden la proliferación de malas hierbas y permiten ocultar los sistemas de riego.

Los sistemas de riego localizado abastecen las plantas mediante “goteros” que trabajan a baja presión. Así se suministra a cada planta la cantidad exacta de agua necesaria, evitando pérdidas por evaporación. Como resultado, consumen entre la mitad y la cuarta parte del agua que usaría un riego por aspersión.

El agua de lluvia recogida en tejados y patios puede ser reutilizada para regar el jardín. A través de canalones o drenajes, esta agua puede ser conducida a un pequeño depósito para su almacenamiento y posterior uso.

Un depósito semienterrado es ideal para acumular agua de lluvia, aunque también pueden usarse recipientes improvisados, como toneles, bidones o bañeras antiguas. Es recomendable situar el depósito en un lugar alto dentro de la propiedad para facilitar el riego por gravedad.

Se aconseja regar durante las horas más frescas del día, lo que reduce las pérdidas por evaporación y previene daños a las plantas. Además, un riego excesivo debilita la resistencia de las plantas a la sequía y las hace más propensas a enfermedades.

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