La presión de los agricultores y las dudas sobre las salvaguardas aplazan la decisión hasta enero, tras más de 25 años de negociaciones para un pacto comercial

La Unión Europea ha optado por aplazar la firma del acuerdo de asociación con Mercosur, programada para este sábado en Brasil, debido a las reticencias expresadas por Francia e Italia, alentadas por protestas del sector agrícola y demandas políticas internas. Este retraso supone un posponer el cierre del pacto al menos hasta enero, mientras la presión de los agricultores y el contexto político condicionan su ratificación.
El convenio, negociado por 26 años entre la Comisión Europea y los países integrantes de Mercosur, debía firmarse en la ciudad brasileña de Foz de Iguazú durante la cumbre del bloque latinoamericano. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, tenía previsto asistir para concluir el acuerdo, pero los Estados miembros de la Unión Europea (UE) descartaron someter el documento a votación previa, impidiendo así la firma.
Se esperaba que el cierre del acuerdo este año fuese uno de los últimos logros bajo la presidencia brasileña del Mercosur. Según datos difundidos por el bloque europeo, su aprobación requería el respaldo de, al menos, el 55% de los Estados miembros, que representaran el 65% de la población comunitaria.
La negativa de Italia y Francia, elemental para el aplazamiento
La falta de mayoría cualificada en la reunión del Consejo de la UE ha detenido el proceso para avanzar con el acuerdo, dado que la normativa europea exige ese nivel para ratificar pactos internacionales. Sin ese mandato expreso, Von der Leyen no puede proceder a la firma antes de “principios de enero”, cuando los socios europeos volverán a abordar formalmente el asunto.
Durante las negociaciones, la UE consiguió acordar diversas cláusulas de salvaguardia para proteger a los productores europeos frente a un aumento de importaciones desde Mercosur o precios inferiores en determinados productos. El Parlamento Europeo intentó incluir una “cláusula espejo” que exigiera que las exportaciones del Mercosur cumpliesen los mismos estándares agrarios vigentes dentro de la UE. Sin embargo, estas condiciones no prosperaron al ser jurídicamente incompatibles con el marco de negociación original.
Declaraciones del secretario general de Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, Miguel Padilla, quien ha expresado la «preocupación» de su organización respecto a los aranceles. «No solo por las exportaciones de algunos productos como el vino o el aceite, sino también por las importaciones de ciertos productos en los que tenemos déficit total», señaló.
La postura de Francia e Italia ha sido decisiva en este resultado. Francia manifestó reservas sobre el acuerdo alegando la ausencia de “salvaguardas” para proteger a los productores agrícolas nacionales. Los trabajadores del sector agrícola en Francia rechazan nuevas concesiones a productos de Mercosur sin garantías frente a retos como el cambio climático y el impacto de la guerra en Ucrania. El presidente Emmanuel Macron vinculó el respaldo francés al acuerdo a la obtención de condiciones adicionales relacionadas con la Política Agrícola Común (PAC) y afirmó estar a la espera de “garantías suficientes”.
Por su parte, Italia ha tenido un papel crucial en las dificultades para avanzar con el acuerdo. La primera ministra Giorgia Meloni informó al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que su país no se opone en principio, pero requiere tiempo para “responder a los agricultores” y resolver problemas políticos internos. Meloni asegura haber recibido “preocupaciones legítimas” de los ciudadanos, pero insiste en la necesidad de avanzar una vez despejadas las dudas. Italia, hasta ahora menos hostil, asumió la responsabilidad del bloqueo junto a Francia y trasladó la presión a toda la Unión.
Los agricultores ejercen presión mediante movilizaciones
El ambiente político estuvo marcado este jueves por masivas movilizaciones de agricultores en Bruselas, justo cuando los líderes europeos se encontraban reunidos. Miles de trabajadores del campo protestaron contra el pacto y por la financiación de la PAC en el próximo presupuesto plurianual. Las calles se convirtieron en un factor de presión directa sobre los Gobiernos, en particular contra Francia e Italia, que enfrentan tensiones sociales y demandas respecto al futuro del sector.
Mientras tanto, los Estados miembros muestran posiciones divididas dentro del Consejo Europeo. Desde Alemania, el canciller Friedrich Merz respaldó la firma del acuerdo para conservar la credibilidad internacional de la UE. Por otro lado, Hungría, encabezada por el primer ministro Viktor Orbán, rechazó contundentemente el pacto y afirmó que representaría “un golpe a los agricultores europeos”.

