Dispareunia femenina: síntomas y causas del dolor sexual a menudo ignorado por vergüenza y estigma

Aunque es más frecuente de lo que se imagina, el diagnóstico suele demorarse debido a la normalización del dolor durante las relaciones sexuales y al estigma social, entre otros factores

Foto: Foto: iStock. EC EXCLUSIVO

La dispareunia, o dolor durante las relaciones sexuales, se presenta habitualmente en la vulva y la vagina, por lo que es una condición principalmente femenina. No obstante, también puede afectar el suelo pélvico masculino o incluso el pene. Suele manifestarse durante la penetración vaginal, aunque en ocasiones puede surgir antes o después.

Según explica Lucía Jiménez, sexóloga de Diversual, esta condición ocurre porque el cuerpo genera una “respuesta refleja ante un dolor previo, detectando una posible amenaza de volver a sentir dolor y, en consecuencia, provocando contracciones musculares que causan dolor”. En otras palabras, “es una reacción condicionada de miedo al dolor que resulta en dolor”.

Aunque no es un tema muy visible, esto se debe más a la falta de diálogo que a su ausencia real. De hecho, algunas investigaciones indican que un 29% de personas reportan haber experimentado dispareunia. Sin embargo, no todos buscan ayuda profesional. Según un estudio publicado en mayo, solo el 28% de quienes sufren dispareunia severa han consultado a un especialista alguna vez.

Esto contribuye a que sea una afección con un retraso significativo en el diagnóstico, cuando este se produce. Adnane Kabaj, cofundador de IntyEssentials, menciona que existe la creencia generalizada de que se trata de un “dolor normal”, sumado a un estigma social y vergüenza para admitirlo, además de la falta de preparación de los profesionales sanitarios y un abordaje fragmentado.

Escuchar verdaderamente al propio cuerpo

“Desde la adolescencia se transmite que las primeras relaciones sexuales duelen, y que ante irritación o picor, un poco de lubricante basta para solucionarlo. Sin embargo, no hay una verdadera atención al cuerpo ni a los genitales”, señala Lucía Jiménez. El problema radica en que mientras el dolor sea leve, se puede tolerar; pero con el tiempo, esto cambia.

Puede llegar a ser tan intenso que generan “situaciones en las que se dificultan la excitación sexual o se pierde el deseo, pues no existe una experiencia placentera de base”. En muchas ocasiones, solo a partir de ese momento se busca ayuda, que en ocasiones llega demasiado tarde.

Puede tratarse de una respuesta refleja ante un dolor previo, donde el cuerpo reacciona con contracciones musculares que provocan dolor

En ciertas ocasiones, la dispareunia está vinculada a las ITS. No obstante, el dolor puede persistir incluso tras la desaparición de la infección, permaneciendo como un dolor reflejo en el cuerpo, lo que genera confusión al experimentar síntomas cuando la ITS ya ha remitido.

Perfil de la persona afectada

Habitualmente afecta a mujeres, especialmente aquellas que “se ven forzadas a mantener relaciones sexuales cuando su cuerpo aún no está preparado. Es una forma que tiene el cuerpo para decir ‘aún no’”. También puede presentarse en personas que han sufrido abuso o se han sentido presionadas a tener relaciones sin consentimiento.

Existen también causas estrictamente físicas. Por ejemplo, es más común en mujeres en menopausia o perimenopausia debido a la caída de estrógenos. Además, “afecta a quienes han pasado por intervenciones quirúrgicas ginecológicas o perineales, presentan disfunciones del suelo pélvico (hipertonía o alteraciones musculares) o padecen enfermedades ginecológicas crónicas como endometriosis, adenomiosis, miomas o adherencias”, señala Kabaj.

Tratamiento multidisciplinar

“El primer paso en el tratamiento es identificar las causas físicas; ya sean enfermedades, causas orgánicas o problemas musculares… Tras descartarlas, se analizan las causas psicológicas. El tratamiento implica identificar qué situaciones o factores desencadenan el dolor, si este es persistente en cualquier contexto o si algún factor específico lo activa”, comenta Jiménez.

La fase siguiente consiste en “reacercar a la persona a su placer sexual desde un espacio seguro y sin dolor. Por ejemplo, sustituyendo la penetración vaginal por masajes externos. Es fundamental crear un ambiente de seguridad para que el cuerpo regenere conexiones neuronales que permitan que la penetración no sea vista como una amenaza”, concluye la sexóloga.

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