El Banco Central Europeo señala que la población extranjera explica el 80% del crecimiento demográfico en España entre 2019 y 2025.

La población de la zona del euro envejece y los trabajadores extranjeros contribuyen a afrontar este reto

Por Alejandro Carreño Hernández

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La incorporación de trabajadores extranjeros en años recientes ha tenido un papel clave en el robusto aumento de la fuerza laboral en la zona euro: representa un freno parcial frente a las tendencias demográficas negativas vinculadas al envejecimiento creciente de la población, y su impacto en el crecimiento del PIB es cada vez más patente.

Estas son las conclusiones principales de un estudio publicado por el Banco Central Europeo (BCE), que destaca la dimensión de este efecto beneficioso, visible en todos los países aunque con distintos grados. En ciertas economías europeas, como Alemania o España, se puede afirmar que el ritmo de crecimiento habría sido considerablemente más bajo sin la contribución de los trabajadores extranjeros.

De forma tradicional, se ha considerado que el aumento de la oferta laboral derivado de la inmigración puede presionar a la baja los salarios y las condiciones laborales. No obstante, los datos del BCE reflejan una situación diferente en los últimos años: los trabajadores extranjeros han mejorado su posición en el mercado laboral, lo que se evidencia en sus menores tasas de desempleo, la reducción de la sobrecualificación y el aumento de sus niveles educativos.

Inmigrante que trabaja en el

El aumento en el número de trabajadores inmigrantes y en sus tasas de participación laboral ha impulsado el PIB total en España. A pesar de estos progresos, todavía existe espacio para adecuar mejor sus cualificaciones a los requerimientos del mercado laboral. Esto permitiría fortalecer la estabilidad laboral y aumentaría su contribución al crecimiento productivo, según el BCE. Aunque la entidad señala que este dato es positivo, añade una precisión importante.

La economía española produce ahora más de forma global gracias a la ampliación de la fuerza de trabajo. Sin embargo, este tipo de crecimiento puede tener efectos muy diferentes si se analiza desde la perspectiva del producto total o bien del producto per cápita. Por ello, para comprender la verdadera importancia de este impulso, resulta imprescindible distinguir entre el aumento del PIB y la evolución del PIB per cápita.

PIB o PIB per cápita

Para evaluar la situación económica de cualquier país, el indicador más utilizado es el Producto Interior Bruto (PIB). Según cualquier manual de economía, se define como “El total de bienes y servicios producidos en un país durante un periodo determinado, usualmente un año”. Sin embargo, esta métrica omite variables como la población, mientras que el PIB per cápita sí incorpora el número de habitantes. En ese sentido, esta última medida es más adecuada para evaluar el nivel medio de vida.

Un hombre que hace sus

En términos sencillos, un incremento del PIB no necesariamente implica una mejora en el PIB per cápita, es decir, en la riqueza promedio de la población. De hecho, si la población incrementa al mismo ritmo o más rápido que la producción, el bienestar promedio podría mantenerse o incluso declinar. Básicamente, si mañana Portugal se uniese a España y surgiera un nuevo país ibérico, el PIB crecería, pero el PIB per cápita se mantendría constante.

¿Y qué ocurre con el PIB per cápita?

Aunque España ha experimentado aumentos significativos en su PIB total durante las últimas décadas, el PIB per cápita ha crecido de manera más moderada. De este modo, gran parte del crecimiento económico reciente se apoya en el crecimiento demográfico y en el aumento del empleo. En otras palabras, el progreso económico no ha venido acompañado de una mejora tangible en la productividad o en el nivel de vida medio.

Monedas de un euro en

Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) confirman que España ha avanzado menos en PIB per cápita que en PIB total, especialmente durante periodos de expansión económica. Esto indica que, aunque el país produce más bienes y servicios en conjunto, cada individuo no aporta ni recibe significativamente más que hace dos o tres décadas.

En este contexto, el crecimiento de la población, incluida la llegada de trabajadores extranjeros, ha impulsado la actividad económica, pero apenas ha incrementado el bienestar medio de los españoles comparado con otras naciones de la región. No obstante, este avance en el PIB total implica un aspecto positivo claro: quienes han llegado a España en busca de oportunidades participan activamente en la economía y se benefician de ella.

Estos factores ofrecen una visión más clara sobre el impacto de la inmigración en la economía española. Aun así, más allá de la discusión económica, no se puede ignorar la importancia de los inmigrantes, que representan el 80% del crecimiento registrado en España en los últimos años.

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