Claudia (35) comparte su experiencia salarial en el fútbol femenino: de estar un año sin ingresos a lograr comprar una casa después del Mundial

Claudia (35), sobre el sueldo en el fútbol femenino: de un año sin cobrar a poder comprarse una casa tras el Mundial De la precariedad sufrida en sus inicios a la tranquilidad alcanzada tras el éxito global, la madrileña relata cómo cambió su vida profesional y personal.

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La trayectoria financiera de Claudia Zornoza, campeona del mundo con la Selección Española, refleja de manera cruda y sincera la evolución —aunque todavía con sombras— del fútbol femenino en España.

La centrocampista madrileña, retirada recientemente, señala que el mayor premio tras el Mundial no fue un arrebato emocional ni un recuerdo sentimental profundo, sino algo mucho más tangible: la estabilidad económica por primera vez en su vida.

Zornoza reconoce que la victoria no representó para ella un «boom» personal. No fue ese momento romántico habitual en los títulos, pero sí sirvió como herramienta para cambiar su realidad diaria.

En su intervención en el podcast El Patio, la jugadora comentó que el Mundial le brindó algo que durante años parecía inalcanzable: «Gracias por todo porque me he podido comprar una casa«.

Ese acto cotidiano, el poder abrir la puerta de su propio hogar, es para ella el verdadero símbolo de ser campeona del mundo. «Por eso recuerdo que soy campeona del mundo, porque voy a casa«.

«Cada vez que abro la puerta digo ‘hostia… es mi casa'». Lo dice con la misma honestidad con la que asume su privilegio: «Mataría yo por tener una casa, por eso sé que soy una privilegiada de verdad«.

Un año sin cobrar

La diferencia con su pasado es tan marcada que la propia jugadora la utiliza para ilustrar lo complejo que fue alcanzar esa estabilidad.

Durante su etapa en el Rayo Vallecano vivió uno de los momentos más complicados de su carrera, resumen dos realidades opuestas: en lo deportivo «guay», pero en lo económico devastador.

Bajo la dirección de la familia Ruiz-Mateos y Teresa Rivero, Zornoza sufrió un año completo sin recibir salario.

Un golpe directo a sus finanzas y a las del vestuario, que tenía que mantener apariencias exteriores mientras lidiaba con una precariedad total internamente.

Ella lo describe con una frase llena de significado: «La guinda de que te portas para fuera… te portas para dentro«, señalando la desconexión entre la imagen del club y la realidad que vivían las jugadoras.

Claudia Zornoza, en un partido del Real Madrid Femenino

Claudia Zornoza, en un partido del Real Madrid Femenino AFP7 / Europa Press

El Real Madrid, «Disneyland»

El paso al Real Madrid significó para Zornoza un entorno que jamás había visualizado. Lo define directamente como «Disneyland».

Un espacio donde “no te falta nada”, un ecosistema con recursos, cuidados y una estructura que contrastaba enormemente con su trayectoria previa.

La futbolista reconoce que no estaba lista para ese nivel de profesionalización.

Su reacción ante los coches de lujo que el club facilitaba refleja ese choque cultural: «Yo que venía de huerto… si yo voy a ir en bicicleta a Valdebebas«.

Luego vino la sorpresa: «De repente un Audi, un BMW… ¿a dónde vamos con estos coches, dios mío?«.

El cambio económico y mental fue tan significativo que alteró su percepción sobre el fútbol como profesión, revelando la gran brecha que aún existe entre la élite y la base del fútbol femenino.

Claudia Zornoza

Claudia Zornoza RFEF

Renunciar a Arabia

Al término de su carrera, ya con estabilidad económica, Zornoza se enfrentó a otra decisión influida por el dinero.

Hoy, confiesa que pudo «alargar mucho» su carrera y obtener «una gran cantidad de dinero«, pues el fútbol femenino empieza a generar cifras significativas.

Incluso tuvo propuestas para competir en ligas emergentes y lucrativas: «Podría haber ganado mucho más yéndome a Arabia«.

Sin embargo, optó por detenerse. Sin eufemismos, afirma que la falta de motivación y su bienestar mental pesaron más que cualquier contrato.

Fue la decisión final en una carrera que comenzó bajo condiciones precarias y terminó con la tranquilidad de poseer un hogar comprado gracias a su dedicación al fútbol.

Un camino que resume, mejor que cualquier análisis, la transformación —a veces desigual— del fútbol femenino español.

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