La UE busca aprovechar productos basados en la naturaleza para impulsar la competitividad, según grupos ecologistas

Sprawling fields of sugar cane near Meerut, India.

Productos basados en la naturaleza, como biocombustibles y bioplásticos, se consideran motores del crecimiento verde en la estrategia de bioeconomía anunciada recientemente, aunque los críticos temen una explotación excesiva.

La Comisión Europea busca impulsar productos derivados de la naturaleza para construir una economía libre de combustibles fósiles hacia 2040, según su última estrategia de bioeconomía, que pone énfasis en alimentos vegetales, medicinas naturales, energía proveniente de cultivos y árboles, y también materiales naturales para la construcción.

La adopción de soluciones basadas en biomasa podría conducir a sociedades y economías más sostenibles, dado que sus subproductos podrían ser biodegradables o compostables, descomponiéndose gradualmente hasta desaparecer por completo.

No obstante, algunos críticos señalan un conflicto latente en el plan de la Comisión, ya que la explotación de recursos naturales para fortalecer la competitividad podría ejercer presión significativa sobre recursos limitados y resultar insostenible a largo plazo.

Al presentar el plan esta semana, la comisaria de Medio Ambiente, Jessika Roswall, afirmó que «la bioeconomía no es ciencia ficción», indicando que la UE27 explora formas de optimizar el uso de recursos naturales con el objetivo de reducir emisiones de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, incrementar su competitividad.

Algae and seaweed are remain on the beach at the holiday resort of Travemuende, northern Germany, Saturday, Oct. 21, 2023. Michael Probst Las algas y el fango permanecen en la playa del resort turístico de Travemuende, al norte de Alemania, sábado 21 de octubre de 2023. Michael Probst AP Photo / Michael Probst

La UE cuenta con una estrategia de bioeconomía desde 2012, actualizada en 2018. En la actualidad, la bioeconomía europea genera €2.7 billones en ingresos y emplea a 17.1 millones de personas, un aumento notable desde los €812 mil millones en 2022.

Con esta nueva estrategia, la Comisión investiga mecanismos para agilizar la autorización de nuevos productos en Europa, con el fin de expandir aún más la cuota de mercado del sector.

“Una de las innovaciones en esta estrategia para integrar la bioeconomía consiste en analizar detalladamente cómo potenciar el uso de materiales y fomentar el empleo de biomasa secundaria, como residuos forestales, subproductos y desperdicios alimentarios, con el objetivo de disminuir la demanda de biomasa primaria,» explicó un funcionario de la UE durante una rueda de prensa.

Un futuro bioeconómico

Aunque aún no se han dado datos concretos, la propuesta de la Comisión para el próximo presupuesto de ocho años prevé un aumento de la financiación destinada a la bioeconomía.

«Crearemos un Foro Europeo de Reguladores e Innovadores de la Bioeconomía para incentivar el intercambio de buenas prácticas y acelerar las autorizaciones. Ofreceremos apoyo técnico a las PYME para facilitar su transición de la innovación al crecimiento,» señaló Roswall.

La Comisión prevé acelerar el progreso eliminando barreras dentro del mercado único e incrementando las inversiones en esta área.

La competencia internacional proveniente de Estados Unidos y China también se ha identificado como un obstáculo para la rápida implementación de productos bio-basados, con el riesgo de que la innovación se desplace hacia mercados fuera de la UE.

Asimismo, la bioeconomía podría transformar el sector de la construcción, que según la Comisión genera más del 35% de los desechos de la UE y entre el 5 y 12% de las emisiones nacionales totales de gases de efecto invernadero.

Los productos de construcción basados en bio-materiales incluyen madera y otros materiales renovables como el cáñamo, la paja, el micelio fúngico y los composites de fibra. Según la estrategia, el uso de estos materiales podría reducir hasta en un 40% el carbono incorporado y la demanda energética de los edificios.

Además, las biorrefinerías que convierten biomasa, como residuos agrícolas y bio-residuos, podrían generar alternativas a materias primas críticas, tales como ánodos de baterías bio-basados, aunque la estrategia reconoce que estas instalaciones requieren «una inversión de capital significativa» y una «planificación coordinada de materia prima e infraestructura,» a pesar de su rentabilidad.

«La simbiosis industrial mejorada puede optimizar el uso de materias primas entre sectores, estabilizar el suministro, reducir residuos y costos de producción, y respaldar clústeres industriales,» indica la estrategia.

De manera similar, el caso de negocio para los bioplásticos podría contribuir a disminuir la dependencia de plástico en varias industrias y mitigar la contaminación plástica, dado que la UE busca invertir en alternativas derivadas de almidón, lignina o algas.

«La adopción masiva del mercado de bioplásticos ha estado limitada mucho tiempo por definiciones materiales inconsistentes entre mercados. Hasta ahora, todos los bioplásticos – bio-basados, biodegradables, compostables – eran regulados y gravados bajo las mismas normativas,» explicó Fredrik Malmfors, CEO de la empresa sueca de bioplásticos Lignin Industries.

Actualmente, 11 países de la UE han implementado estrategias nacionales de bioeconomía. La Comisión nombra a Austria, Finlandia, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Letonia, Malta, Países Bajos, Portugal y España, junto con al menos otros ocho estados miembros con planes en desarrollo. Fuera de la UE, Noruega también sigue un modelo similar.

Aprovechando los residuos

La biomasa, material orgánico proveniente de plantas y animales, constituye la base para productos bio-basados. En 2022, en Europa, la biomasa se destinó en un 38% a alimentación animal, 29% a energía, 24% a materiales y 9% a alimentos, según la Comisión.

En la última década, el uso de biomasa para energía creció un 14%, mientras que su empleo para materiales aumentó un 11%.

Wayne Parry Wayne Parry AP Photo

Está previsto que en 2027 la UE27 revise la legislación sobre energías renovables del bloque, momento en que la Comisión evaluará cómo las ayudas nacionales a la biomasa afectan a la biodiversidad, el clima, posibles distorsiones del mercado y la disponibilidad de materias primas sostenibles.

Jean-Marc Jossart, secretario general de la asociación empresarial Bioenergy Europe con sede en Bruselas, valoró positivamente el reconocimiento de la bioenergía como parte de «un sistema integrado y eficiente».

«Los sistemas agrícolas y forestales en Europa varían considerablemente y necesitan marcos flexibles que permitan a estados y regiones maximizar sostenibilidad y eficiencia,» afirma el comunicado de Bioenergy Europe.

Competitividad frente a sostenibilidad

Organizaciones ambientales advierten sobre el riesgo de sobreexplotar recursos ya frágiles, como los bosques, que funcionan como sumideros de carbono al capturar dióxido de carbono que de otro modo contaminaría la atmósfera.

Aline Maigret, responsable de políticas en la ONG ambiental Zero Waste Europe, valoró «las metas ambiciosas» de la estrategia bioeconómica, marcando sin embargo un límite claro.

“Lograr una bioeconomía circular exige un diseño cuidadoso dentro de los límites planetarios. Por ejemplo, fomentar envases bio-basados sin abordar las presiones ambientales derivadas de la agricultura y silvicultura intensivas es inaceptable,» advirtió Maigret.

Fern, ONG dedicada a políticas forestales, expresó preocupaciones similares, instando a que la estrategia incluya indicaciones claras para proteger la naturaleza en lugar de explotarla.

«El suministro de madera es limitado y está amenazado por una mala gestión forestal, así como por las crisis climáticas y de biodiversidad,» advierte el comunicado de Fern, que también señala problemas asociados al uso de biomasa fuera de Europa, dado que gran parte de la biomasa mundial no se produce dentro del bloque.

Eva Bille, responsable de economía circular en la ONG European Environment Bureau, lamentó que la Comisión no reconozca los esfuerzos realizados para disminuir la presión sobre los ecosistemas.

“La Comisión se aferra a la ilusión de que se puede reemplazar simplemente el consumo actual por insumos bio-basados, sin considerar el daño grave e inmediato que ello causará a personas y ecosistemas,” afirmó Bille, subrayando que el sector ganadero europeo depende en más del 70% de alimento importado para sostener la producción actual sobredimensionada.

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