La obesidad y el sobrepeso se han convertido en desafíos significativos para la salud pública en tiempos recientes

La obesidad representa uno de los principales retos en materia de salud dentro de España. Se estima que afecta a entre el 18 y 19% de la población adulta, de la cual más de la mitad ya presenta sobrepeso. Para abordar esta cuestión sanitaria, existen diversas estrategias, pero siempre se basan en mantener una alimentación adecuada y realizar ejercicio físico de forma regular.
Hay múltiples planes alimenticios para enfrentarse a la obesidad, y su eficacia dependerá del individuo que los siga. Los especialistas mencionan que tanto factores personales como ambientales influyen en que algunos métodos funcionen mejor que otros. Sin embargo, la dieta mediterránea suele ser la opción más valorada a nivel global.
Esto se confirmó en la última Reunión Nacional de la Sociedad Española de la Obesidad (SEEDO), donde expertos evaluaron tres regímenes nutricionales destacados —dieta mediterránea, dieta atlántica y ayuno intermitente— para determinar su efectividad en el tratamiento de la obesidad. Jordi Salas-Salvadó, catedrático de la Universidad Rovira i Virgili, afirmó con claridad: “Según la evidencia disponible, la dieta mediterránea es la estrategia más adecuada para prevenir y combatir el sobrepeso y la obesidad”.
Ventajas de la dieta mediterránea
La dieta mediterránea se fundamenta en un consumo elevado de frutas, verduras, hortalizas, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva como fuente principal de grasa. Según el catedrático Salas-Salvadó, mantener este patrón alimentario se relaciona con un menor riesgo de obesidad, aumento de peso y diabetes tipo 2, además de reportar beneficios en el manejo de la obesidad y disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer de mama y deterioro cognitivo.
Diversos estudios han confirmado los efectos positivos de la dieta mediterránea para combatir la obesidad. Este mismo año se dieron a conocer los resultados del estudio PREDIMED-Plus, coordinado por la Universidad Rovira i Virgili con más de 6,000 participantes que fueron seguidos por ocho años, concluyendo que la dieta mediterránea es la más apropiada para la reducción de peso.
Un estudio indica que una dieta baja en carbohidratos podría ser beneficiosa para adultos con diabetes tipo 1.
El estudio revela que combinar una dieta mediterránea hipocalórica, actividad física y terapia conductual se asocia con una pérdida de peso superior y una reducción significativa de factores de riesgo cardiovascular en comparación con la dieta mediterránea tradicional.
No obstante, los españoles la siguen cada vez menos, especialmente los jóvenes. “La dieta mediterránea lleva abandonándose en España desde hace décadas”, señaló Salas-Salvadó. Según él, las causas incluyen varios aspectos, que van “desde los cambios en el estilo de vida hasta la globalización de los hábitos alimentarios, orientados hacia una cultura occidental donde predominan los productos procesados y ultraprocesados, consumiéndose menos alimentos frescos”.
Otras dietas frente a la obesidad

Afortunadamente, la mediterránea no es la única dieta con resultados efectivos contra el sobrepeso y la obesidad. Los especialistas también destacaron otras estrategias nutricionales como la dieta atlántica, representada principalmente por Galicia y Portugal.
Esta se caracteriza por el consumo de alimentos frescos, de temporada y poco procesados, tales como pescado, mariscos, cereales integrales, lácteos, frutas, verduras del género brassica, castañas y aceite de oliva. La doctora Rosaura Leis, del Hospital Clínico Universitario de Santiago-Serencia, afirmó que esta dieta ha demostrado “ser saludable para el individuo y sostenible para el medio ambiente, y uno de los elementos que ha contribuido a la alta longevidad y calidad de vida en la región”.
Según la doctora, la dieta atlántica fomenta una microbiota intestinal más saludable y se considera baja en energía debido a sus técnicas culinarias. Sin embargo, también se advierte un declive en su práctica en España, con una reducción del consumo de pescado, lácteos, frutas y verduras, y un aumento en el consumo de alimentos ultraprocesados desde edades tempranas.
El ayuno intermitente es otra estrategia que ha ganado popularidad en años recientes. Este método consiste en restringir el consumo de alimentos y bebidas calóricas a un período diario de entre 8 y 10 horas. Sus beneficios están demostrados, aunque la profesora Idoia Labayen, de la Universidad Pública de Navarra, indicó que “todo tratamiento nutricional debe contar con supervisión profesional, ya que pueden surgir efectos secundarios no deseados”.
Labayen señala que el ayuno intermitente puede ser una opción cuando la adherencia a una dieta hipocalórica convencional es dificultosa, aunque la evidencia actual es limitada. Se ha observado que favorece la pérdida de peso al disminuir la ingesta calórica de forma involuntaria y puede ofrecer beneficios adicionales en la regulación de la glucosa.

