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Este domingo, los hondureños acudieron a las urnas en unos comicios marcados por denuncias anticipadas de fraude y las advertencias lanzadas por el presidente estadounidense Donald Trump menos de dos días antes de iniciarse la votación.
En total, se presentaron cinco candidatos a la presidencia, aunque la disputa se concentra principalmente en tres figuras: Rixi Moncada, exministra de Defensa del partido izquierdista Libre; Salvador Nasralla, presentador de televisión y representante del centrista Partido Liberal; y Nasry «Tito» Asfura, empresario y candidato del derechista Partido Nacional.
En días recientes, Trump expresó su respaldo explícito a Asfura a través de su red social Truth Social y anunció que otorgará el indulto al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, actualmente cumpliendo una condena de 45 años en EE.UU. por narcotráfico, y quien en su momento lideró el Partido Nacional.
Asimismo, Trump amenazó con reducir la ayuda económica a Honduras si Asfura no resulta vencedor.
Las encuestas más recientes muestran a Nasralla en la primera posición, aunque con un 34% de indecisos, anticipando un desenlace electoral estrecho.
El gobierno que surja de estos comicios deberá afrontar las expectativas de una nación en la que más del 60% de los hogares viven bajo la línea de pobreza y donde prevalecen el crimen organizado, la violencia política y la corrupción.
Además de elegir presidente, la ciudadanía hondureña debía votar por los 128 diputados del Parlamento, 20 representantes para el Parlamento Centroamericano y las autoridades de los 298 municipios del país.
Las mesas electorales tenían previsto cerrar a las 17:00 hora local, sin embargo, el Consejo Nacional Electoral (CNE) comunicó el domingo por la tarde que el horario podría extenderse una hora más en aquellas localidades con alta concurrencia de votantes.
El conteo de votos ya comenzó, y se espera que el CNE publique los primeros resultados parciales durante las próximas horas.

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Tensión y estado de excepción
En las semanas previas, tanto el partido en el poder como la oposición emitieron acusaciones anticipadas sobre posibles fraudes electorales, generando preocupación respecto a que la votación pueda no desarrollarse de manera pacífica.
Honduras celebró estos comicios bajo un estado de excepción vigente desde diciembre de 2022 en gran parte del territorio nacional, una medida adoptada por la presidenta Xiomara Castro para enfrentar la violencia generada por pandillas y la criminalidad organizada que afecta al país centroamericano.
Esta decisión generó inquietudes en organizaciones de derechos humanos debido al amplio margen de acción atribuido al Ejército. La presencia militar en los sitios de votación este domingo alarmó a observadores electorales, quienes acusaron en medios locales que en algunos casos los soldados obstaculizaron el proceso.
Los comicios están siendo vigilados por numerosas organizaciones tanto nacionales como internacionales, incluida la Organización de Estados Americanos (OEA).
En Honduras, los presidentes solo pueden desempeñar un mandato de cuatro años, por lo que la actual mandataria, Xiomara Castro —la primera mujer en ocupar el cargo desde 2021 representando al partido Libre— no participaba en esta elección.
Castro, esposa del exmandatario Manuel Zelaya, respaldó a Moncada para que la suceda. La abogada de 60 años se comprometió a proteger los recursos naturales frente a los «filibusteros del siglo XXI que intentan privatizarlo todo». También prometió luchar contra la corrupción «en todas sus formas».
El sábado, la candidata oficialista acusó a Trump de entrometerse en el proceso electoral, calificando su apoyo a su adversario de derecha como «una intervención total».

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La intervención de Trump
El viernes, junto con el anuncio del indulto para Juan Orlando Hernández, Trump aseguró que Estados Unidos otorgaría un «gran respaldo» a Tito Asfura si resulta electo presidente.
«Si Tito Asfura gana la presidencia de Honduras, Estados Unidos le brindará un fuerte apoyo, porque confía plenamente en él, en sus políticas y en lo que hará por el gran pueblo hondureño», afirmó.
Añadió que, «de no ganar, Estados Unidos no desperdiciará recurso alguno, ya que un líder equivocado solo podría causar consecuencias desastrosas para cualquier país».
«Tito será un excelente presidente, y Estados Unidos trabajará directamente con él para asegurar el éxito total de Honduras», concluyó.
El año fiscal pasado, Estados Unidos destinó más de US$193 millones a Honduras, según datos del Departamento de Estado; pese a recortes, este año ya ha enviado más de US$102 millones.
En otra publicación, Trump expresó que él y Asfura podrían «unir esfuerzos para combatir a los narcocomunistas» y el narcotráfico.

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La sombra de Juan Orlando Hernández
Asfura, exalcalde de Tegucigalpa, respondió al apoyo de Trump defendiendo el indulto anunciado para Hernández.
«El indulto es una prerrogativa del presidente de Estados Unidos. Por respeto a la familia, este gesto quita sus penas y les permite recuperar la paz y felicidad que merecen», afirmó en un mensaje publicado en X.
Además, dijo que su compromiso es impulsar «desarrollo y oportunidades para toda la población», promover la inversión nacional y extranjera en el país y crear empleo para todos.
No obstante, el Partido Nacional ha estado afectado por varios escándalos y denuncias de corrupción en los últimos años, incluyendo la condena del exlíder del partido y expresidente Juan Orlando Hernández.
Pese a ello, Asfura ha intentado distanciarse del expresidente. El viernes declaró a la agencia AFP que carece de «cualquier vínculo» con Hernández y que «el partido no es responsable de sus actos personales».

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Acabar con la corrupción
Salvador Nasralla, de 72 años, se postula por cuarta vez a la presidencia de Honduras.
Sostiene que su triunfo en 2017 fue arrebatado debido a un «fraude electoral llevado a cabo por Hernández». Este hecho nunca se comprobó y un recuento parcial descartó irregularidades, aunque el veredicto desató manifestaciones masivas a nivel nacional.
Nasralla, quien fue vicepresidente del gobierno de la presidenta Xiomara Castro antes de distanciarse de ella en 2024 para lanzar su candidatura, centró gran parte de su campaña en la promesa de erradicar la corrupción y desmantelar lo que llama «el aparato de poder» construido por la actual presidenta y su esposo, el expresidente Manuel Zelaya.
Insiste en que Honduras está «secuestrada» por una «élite familiar que controla el Estado» y afirma que una de sus primeras acciones será «eliminar el nepotismo» en instituciones, consulados y empresas públicas.
«En mi gobierno –porque estoy convencido de que seré presidente– no existirá nepotismo. Ni Moncada, ni Castro, ni Zelaya», afirmó durante su campaña.
En esta cuarta tentativa presidencial, Nasralla propone convertir a Honduras en un hub estratégico de desarrollo, integrando puertos, rutas de transporte y zonas productivas.

