Alfredo Molina, veterinario, explica que el abandono de mascotas no siempre implica dejarlas en la vía pública

El experto alerta sobre el abandono invisible de las mascotas, que sucede cuando las personas dejan de atender sus emociones o necesidades médicas

Por Guillermo Urquiza

Seguir enUn perrito de mirada triste.

El abandono animal no siempre se muestra de manera evidente. No se reduce a dejar un perro en la carretera o entregar un gato a una protectora. Existe otra forma mucho más común y menos visible que también afecta el bienestar de los animales. Es un abandono silencioso que ocurre dentro del mismo hogar y muchas veces pasa inadvertido. Esto se refleja cuando se ignoran síntomas o se normaliza el malestar del animal.

Esta reflexión surge del mensaje compartido por el divulgador canino y veterinario Alfredo Molina, quien destaca una responsabilidad diaria que muchos dueños no reconocen como abandono. Según sus palabras, no prestar atención médica o emocional a una mascota cuando lo necesita es también una forma de desamparo. Aunque no haya mala intención, esta situación causa sufrimiento. “El abandono no siempre es dejar a un animal en la calle”, asegura el especialista.

Compartimos la vida con animales que no pueden expresar su dolor con palabras. Perros y gatos manifiestan su malestar a través de cambios en su comportamiento, pérdida de apetito o apatía. Si estas señales se minimizan o se postergan las decisiones, el problema empeora. En numerosas ocasiones, una visita veterinaria a tiempo habría evitado sufrimientos innecesarios o complicaciones graves.

En su espacio en Infobae en Vivo, el periodista Leo Montero criticó la falta de compromiso tanto de la sociedad como del Estado frente al abandono animal. Subrayó que las ayudas parciales no resuelven la problemática y exigió políticas públicas concretas para la castración y rescate

El veterinario recalca que el verdadero compromiso con una mascota va más allá de cubrir lo básico. No se trata únicamente de comida, agua y refugio. Involucra la observación y la reacción. Es una atención activa inclusive cuando resulta costosa o demanda tiempo. Las mascotas dependen plenamente de sus cuidadores para llevar una vida digna.

Las pequeñas decisiones que también importan

El abandono silencioso se construye a partir de actos cotidianos. Se presenta cuando se acepta que un animal tiene algún problema físico. Por ejemplo, cuando un perro cojea. “Hace poco vi a un perro cojeando en la calle y semanas después estaba peor. Tenía atrofia muscular por no usar esa pata”. Casos semejantes son la otitis crónica o los bultos en el cuerpo. “Eso no es mala fortuna, es abandono”, manifiesta Molina, lanzando un llamado a la responsabilidad y al cuidado animal.

El abandono silencioso se expresa también cuando se considera que la apatía es algo propio de la edad. Además, se refuerza al evitar ir al veterinario por temor a un diagnóstico. Cada una de estas decisiones, por mínima que parezca, impacta directamente en la salud del animal.

Un gato abandonado silenciosamente por

Muchos problemas veterinarios comienzan con síntomas leves. Dolores dentales, infecciones o molestias articulares suelen presentar signos sutiles al inicio. Detectarlos a tiempo marca la diferencia entre un tratamiento sencillo y uno complejo. Ignorar estas señales no es algo neutral. Implica permitir que el animal sufra dolor.

Alfredo Molina enfatiza que cuidar también significa observar, prestando atención a la conducta y actuando cuando surgen cambios. En este sentido, esta idea conecta con el concepto de amor responsable. Amar a un animal no siempre resulta placentero, ya que a veces requiere decisiones difíciles. Supone acudir al veterinario aun cuando no sea el momento ideal o asumir costos. “Lo que no debe permitirse es condenar a un perro a sufrir cada día detrás de excusas”, opina el especialista.

El veterinario recuerda que los animales no tienen opciones. No pueden elegir ni explicar sus síntomas. Por ello, minimizar su malestar rompe el vínculo incondicional de confianza que mantienen con sus cuidadores.

Limitar la conversación sobre abandono solo a casos extremos restringe el debate, mientras que ampliar el concepto contribuye a prevenir el sufrimiento. Asimismo, ayuda a entender que cuidar es un proceso continuo y no un acto puntual surgido de un capricho individualista. Atender a una mascota es un compromiso diario.

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