José Luis Ábalos, exministro y ex secretario de Organización del PSOE, se convierte en el primer diputado de la democracia española en ingresar en prisión tras ser acusado de graves delitos de corrupción.
Ábalos fue una figura clave en el PSOE valenciano y en el ascenso de Pedro Sánchez, consolidando una sólida red de lealtades y poder durante su carrera política.
La investigación señala que Ábalos fue presuntamente envuelto en una trama de mujeres y dinero, vinculada a contratos públicos y comisiones, lo que facilitó su implicación en actividades ilícitas dentro del ministerio.
El caso estalló tras destaparse el ‘caso Koldo’, lo que llevó a la destitución de Ábalos, su paso al Grupo Mixto y, finalmente, su ingreso en prisión, quedando suspendido de derechos y deberes parlamentarios.
El hombre que pronunció el discurso de la moción de censura prometiendo acabar con la corrupción se ha convertido en el primer diputado que entra en prisión tras ser acusado de graves delitos.
De todos los toros a los que se ha enfrentado el hijo de Carbonerito, uno de los diestros más populares de los años 30, el más temible, ha resultado ser el de la cárcel.
Su biografía corresponde a un político con una vida intensa, un hombre «disfrutón», tal como lo describen en su partido, que supo resistir, enfrentar y superar cada embestida durante varias décadas.
Diplomado en Magisterio, comenzó su trayectoria en cargos menores hasta que en 1999 consiguió el acta de concejal en el Ayuntamiento de Valencia.
Solo un año después, en 2000, ya aspiraba a la secretaría general del PSPV. Perdió ese congreso por apenas diez votos frente a Joan Ignasi Pla.
Desde entonces, estableció una corriente propia, originada en la agrupación de Valencia capital —un territorio que controló durante años— que luego se extendió por la provincia.
«Siempre tuvo habilidad para posicionar a sus personas», recuerdan fuentes del socialismo valenciano, que rememoran cómo distribuía puestos de asesores y en las candidaturas con una destreza natural para construir lealtades.
En 2008, estuvo a punto de desafiar el liderazgo del PSPV que ostentaba Jorge Alarte. Al final no avanzó, pero numerosos seguidores de Ábalos lograron entrar en las listas gracias a la negociación de «un luchador».
La fortuna y el instinto también le acompañaban. En 2000 apoyó a José Luis Rodríguez Zapatero ante José Bono y, nueve años después, ingresó en el Congreso.
Desde entonces, nadie consiguió desplazarlo de Madrid: representaba el poder del PSOE valenciano en la capital española.
Su influencia aumentó aún más en las primarias de 2014, cuando tuvo un papel determinante para inclinar hacia Pedro Sánchez una de las provincias con mayor militancia socialista.
Ábalos fue siempre un sanchista. Incluso lo apoyó en el convulso Comité Federal del 1 de octubre de 2016, donde Sánchez fue apartado.
Y permaneció a su lado. También cuando el líder defenestrado recorrió España conduciendo un Peugeot para recuperar la secretaría general. Ábalos era uno de los pocos dirigentes con una corriente «muy potente» en un territorio clave.
«Siempre mostró habilidad para elegir bando«, señalan en el socialismo valenciano.
Durante esos días, su enfrentamiento con Ximo Puig era evidente. «Sabía que, si ganaba Susana Díaz, habría más candidatos que cargos. En cambio, con Pedro…», explican quienes vivieron esa lucha interna.
Tras acompañar a Sánchez por gran parte de España, y contando con el apoyo del sector abalista, el hoy encarcelado diputado vio cómo su candidato triunfaba en las primarias.
La provincia de Valencia resultó crucial, abrumando con un 68%. Uno de los porcentajes más elevados junto con Navarra, Baleares y las cuatro provincias catalanas.
Ábalos, número 3 del PSOE
Luego llegó su ascenso: secretario de Organización del partido y figura fundamental en la nueva etapa mientras mantenía el control del PSOE valenciano.
En Madrid y Valencia coinciden en describirlo como un dirigente «afable», aunque «muy protector de su espacio».
Durante ese período clave entró en contacto con Koldo García. El flamante número tres del PSOE buscaba un militante fiel, con «dedicación total». Requería un chófer. Y los contratos de Ferraz «eran especialmente ventajosos para el trabajador», según explican en el entorno de Ábalos.
Cerdán recomendó a su paisano, que ya había custodiado avales de las primarias en el piso de Marqués de Riscal. Por menos de dos mil euros al mes, Koldo ejercía como chófer, guardaespaldas y también asesor principal.
Su presencia no pasó desapercibida: destacaba tanto por su físico como por sus modos.
Pronto surgieron dudas sobre a quién servía realmente. «Siempre fue leal a Cerdán«, comentan quienes creen que el adjunto a Organización usó a Koldo para vigilar a su propio jefe.
Ábalos siempre sostuvo una reputación de mujeriego. Se conocía su gusto por las mujeres —ya iba por su tercera esposa— y que gozaba de la buena comida y los viajes a Latinoamérica.
Casi al mismo tiempo, Sánchez le confió la defensa de la moción de censura. Su discurso fue claro: «Para eliminar la corrupción en la política y volver a hablar de lo que realmente interesa a la ciudadanía».
Mariano Rajoy respondió con una frase que hoy suena anticipatoria: «Señor Ábalos, corrupción, como sabe muy bien porque la tiene muy cerca, hay en todas partes».
Después de la moción, Sánchez lo nombró ministro de Transportes, la cartera con mayor presupuesto. Al mismo tiempo, era quien susurraba al presidente mientras Koldo incrementaba su influencia en el ministerio y Cerdán aprovechaba el vacío de poder en Ferraz.
Ábalos se corrompe
«Lo implicaron con mujeres y dinero para hacer en el ministerio lo que desearan», asegura en privado alguien que compartió Ejecutiva del PSOE con Ábalos.
Esta versión está extendida dentro del partido.
Jéssica, Carlota «la que se enrolla que te cagas», Ariatzna, «la colombiana nueva»: amigas y prostitutas conseguían empleos en empresas públicas mientras las comisiones vinculadas a la obra pública se multiplicaban.
En 2021 fue cesado como ministro y secretario de Organización del partido, aunque conservó su escaño.
Sánchez nunca explicó los motivos de aquella caída. Tampoco aclaró por qué lo incluyó nuevamente en las listas por Valencia en 2023.
El caso Koldo estalló. Ábalos se trasladó al Grupo Mixto y se negó a entregar el acta.
«Siento que me enfrento solo a todo. Vengo solo a mi coche. No tengo a nadie, no tengo secretaria. Estoy solo», afirmó en la sala de prensa del Congreso en una intervención en la que demostró sus habilidades actorales.
Un año y nueve meses después, se convierte en el primer diputado que ingresa en prisión.
Desde ahora, queda suspendido de derechos y deberes parlamentarios, lo que implica que dejará de percibir su salario mientras esté encarcelado.
La incógnita actual es si tendrá derecho a indemnización el día que deje de ser diputado. Tras 16 años en el escaño, y con un mes de sueldo por año de servicio, esa compensación podría alcanzar los 80.000 euros.

