El Rey Felipe VI es reconocido por la comunidad académica como un símbolo de la «concordia» y asegura su compromiso de servicio permanente.

Periodistas, historiadores y académicos abogan por rescatar el espíritu de «consenso» y «reconciliación» que caracterizó la Transición hacia la democracia

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El acto académico realizado en el Congreso en conmemoración del 50 aniversario del inicio de la Transición reconoció el papel desempeñado por Juan Carlos I y el anhelo de «consenso» y «reconciliación» que en su momento mostraron los ciudadanos, y que la Corona canalizó adecuadamente. Un espíritu que, según todos los intervinientes, debería recuperarse en la actualidad, nuevamente con el Rey como eje de la «concordia» y símbolo de la «unidad».

Ante esta llamada, Felipe VI respondió reafirmando el compromiso adquirido en su proclamación: «La Corona», enfatizó, «ténganlo por seguro, estará siempre a su servicio, pues en ese servicio radica su verdadera razón de ser». El Rey subrayó que «la España democrática, antes que un país, un pueblo o un territorio, es una idea hermosa que merece la entrega diaria de la vida propia».

El periodista Iñaki Gabilondo destacó que la Monarquía debe representar la «transversalidad», y sus palabras resonaron entre los demás participantes en el debate. «La palabra que define la etapa de la Transición es concordia» y el «papel que desempeñó la Corona fue fundamental». Estas fueron las ideas más reiteradas en un acto presidido por los Reyes, acompañados por la Princesa y la Infanta, y con la presencia de altos cargos institucionales, varios miembros del Gobierno y el líder de la oposición.

Juan Pablo Fusi, historiador, resaltó el «éxito» que representó la «refundación de España como país democrático» y la «ruptura total con la Dictadura». «No existió», afirmó, «franquismo después de Franco». Fusi recordó las enormes dificultades que se enfrentaron entonces y que se superaron gracias a la «determinación» del Rey Juan Carlos, que logró así «plenitud de legitimidad democrática». «La democracia», reiteró, «superó cualquier doctrinarismo entre Monarquía y República» y quedó reflejada en la Constitución «sometida a referéndum».

Los participantes en el coloquio "50 años después: la Corona en el tránsito a la democracia"

La profesora Adela Cortina coincidió en que la concordia fue el leit motiv de la Transición, el anhelo de que lo vivido durante la Dictadura «nunca se repitiera». Cortina afirmó que «ahora deberíamos hacer lo mismo: buscar lo que nos une y lo que compartimos, no lo que nos divide». Según ella, «la transición política estuvo precedida por una transición ética protagonizada por los españoles», quienes demostraron capacidad para ser protagonistas de «una democracia liberal y social». «El código moral del franquismo», subrayó, «ya estaba completamente derogado por una sociedad española que estableció una ética cívica y pluralista basada en la convivencia pacífica».

La directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Rosario García Mahamut, resaltó la «fortaleza» que mostró en aquella etapa tan compleja Juan Carlos I con la «decisión firme de adoptar decisiones en conjunto» y avanzar, mediante una ley para la Reforma Política, desde las instituciones de la dictadura a las propias de la democracia. Según su criterio, ese fue el momento clave que abrió el camino para otros pasos decisivos: la legalización del PCE, la Constitución y la ley Electoral.

Juan José Laborda, historiador y ex presidente del Senado, coincidió con el periodista Fernando Ónega en que el mérito del tránsito a la democracia está «muy distribuido» y también en que el «impulso europeo» fue fundamental en todo ese proceso. Para él, el deseo de reconciliación y la figura de Juan Carlos, convencido de que España debía estar presente en la Europa democrática, son las dos claves que explican la Transición española. Laborda concluyó su intervención solicitando al Gobierno y a la oposición «hacer punto y aparte».

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