Este martes se ha localizado el último cuerpo en una zona rocosa de difícil acceso situada en la bahía sur de la localidad fronteriza.

El descubrimiento esta mañana de un nuevo cuerpo en una zona rocosa de complicado acceso en la bahía sur de Ceuta, cerca de las playas centrales de la ciudad, ha elevado a 42 la cifra de personas fallecidas este año al intentar llegar nadando a la ciudad autónoma desde las costas marroquíes. El joven, que llevaba un traje de neopreno, fue recuperado por los buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) y trasladado a la base del Servicio Marítimo para, después, ser llevado al Instituto de Medicina Legal (IML) donde se le realizará la autopsia y se iniciará el proceso de identificación.
Este nuevo hallazgo concluye una secuencia que se repite con mayor frecuencia desde el final del verano. En lo que va de noviembre ya han aparecido tres cuerpos; en octubre se registraron tres más en menos de 24 horas; y septiembre fue el mes más trágico, con 12 fallecimientos en diferentes puntos de la costa. La tendencia al alza comenzó el 4 de enero, cuando se encontró el primer cuerpo del año en los acantilados de Santa Catalina. Ese joven, sin identificar, fue sepultado bajo la tumba numerada 5073 en el cementerio musulmán de Sidi Embarek.
La presión que sufre la ciudad se refleja en las cifras de entradas registradas en el año. Según los datos más recientes del Ministerio del Interior, entre el 30 de septiembre y el 31 de octubre 330 personas accedieron de forma irregular a Ceuta, la mayoría nadando alrededor del espigón del Tarajal. El total acumulado hasta ese momento alcanzaba las 2.994 llegadas. Sin embargo, los datos provisionales actualizados al 15 de noviembre de 2025 muestran un incremento aún mayor: 3.380 personas han entrado por vía terrestre desde el 1 de enero, frente a las 2.367 del mismo periodo de 2024, lo que representa un aumento del 42,8 %. En cuanto a los flujos irregulares vinculados específicamente a la entrada a nado, Interior contabiliza 3.101 migrantes, 820 más que en 2024 en estas fechas, un incremento del 35,9 %. Las estadísticas confirman que la ruta marítima se ha consolidado como el principal acceso irregular a la ciudad autónoma y que la presión sobre el litoral ha alcanzado niveles sin precedentes.
La ruta resulta corta en distancia pero sumamente peligrosa. Jóvenes marroquíes y argelinos —en su mayoría menores o jóvenes recién alcanzada la mayoría de edad— se lanzan al agua al caer la noche con neoprenos de baja calidad o, en ocasiones, únicamente con la ropa que llevan puesta. En fechas recientes, las patrulleras han interceptado a menores que nadaban con chanclas colocadas bajo los brazos como flotadores o aferrados a cámaras de aire gastadas. La escena se repite: gritos, llanto y cuerpos agotados subiendo a las embarcaciones mientras tiemblan por el frío.
La evolución en los últimos años evidencia que lo que ocurre en 2025 no se trata de un episodio aislado, sino de un punto álgido en el deterioro progresivo causado por la crisis económica en el norte de Marruecos. Desde 2019, la mortalidad relacionada con la entrada a nado ha presentado fluctuaciones, pero siempre con una tendencia al alza. Ese año se registraron varias muertes sin un desglose oficial; en 2020 hubo un aumento coincidiendo con el cierre fronterizo; el año más mortífero hasta ahora fue 2021, con 41 cuerpos recuperados —siete de ellos menores—; en 2023 fueron documentadas 20 muertes en esta ruta y en 2024 la Guardia Civil confirmó 21 fallecimientos. Este 2025, con 42 víctimas y todavía mes y medio por delante, supera ampliamente cualquier récord previo.
El deterioro coincide con el fortalecimiento de la ruta marítima como vía principal para acceder a Ceuta. En noches de mar agitado o escasa visibilidad —debido a fuertes rachas de levante o niebla— las autoridades han contabilizado más de un centenar de intentos; en jornadas con mejor estado del mar, se registran entre 60 y 70 intentos. La presión se mantiene constante: incluso mujeres jóvenes se lanzan al mar, y la distancia entre la playa marroquí de Fnideq y el espigón del Tarajal se ha convertido en un corredor de riesgo extremo para estos migrantes.
Cada cuerpo recuperado activa un protocolo que comienza en el mar y concluye, en muchos casos, en el cementerio musulmán de Sidi Embarek. Los buzos del GEAS aseguran el cadáver y lo trasladan a la base marítima. Posteriormente, se envía al Instituto de Medicina Legal, donde se llevan a cabo la autopsia y las primeras comprobaciones. La identificación resulta un proceso lento y lleno de dificultades: muchos cuerpos llegan en estado deteriorado, sin documentos y sin elementos para un reconocimiento visual fiable. Las familias —residentes en Marruecos o Argelia— no pueden desplazarse a Ceuta por la falta de visado. Por ello, las muestras de ADN se remiten mediante Interpol para cotejos que pueden tardar semanas o incluso meses.
Pese a ello, fuentes de la Guardia Civil destacan la labor decisiva de los forenses para devolver identidad a quienes el mar devuelve sin nombre. Afirman que, incluso en condiciones de saturación y carencia de recursos, la mayoría de los fallecidos de este año ha sido identificada. Sin embargo, durante periodos con varias muertes consecutivas, el IML carece de espacio en cámaras de refrigeración suficientes para conservar todos los cuerpos. Cuando no se puede prolongar la custodia, los cuerpos se entierran bajo lápidas numeradas. Algunas identidades se recuperan más tarde, gracias a cotejos tardíos o reconocimientos informales.
La búsqueda de desaparecidos se ha extendido también a las redes sociales, donde familias comparten continuamente solicitudes para localizar a jóvenes que se lanzaron al mar y no han vuelto a contactar. Imágenes, descripciones de vestimenta, altura o cicatrices se difunden en perfiles comunitarios y grupos familiares con el objetivo de encontrar a quienes no lograron completar la travesía. En ciertos casos, estas acciones han permitido identificar víctimas y autorizar repatriaciones; en otros, los cuerpos permanecen enterrados sin nombre, en espera de pruebas posteriores.
En octubre, durante uno de los múltiples intentos de entrada a nado, una mujer se lanzó al mar acompañada por su hijo de 12 años. Ambos avanzaron auxiliados por un flotador en un mar agitado hasta llegar a la costa ceutí, donde agentes de la Guardia Civil los asistieron en la orilla.
Al otro lado de la frontera, la desesperación es un sentimiento constante. Madres, padres y hermanos tratan de obtener cualquier noticia sobre los jóvenes que anunciaron que se lanzarían al mar desde la localidad marroquí de Fnideq (Castillejos). Muchas familias rastrean redes sociales, consultan conocidos en Ceuta o comparten fotografías en grupos comunitarios con la esperanza de localizar alguna pista sobre el paradero de sus hijos. Para la mayor parte, el último mensaje recibido antes de lanzarse al agua es la única pista de referencia.
La presión migratoria impacta en toda la estructura asistencial de Ceuta. Actualmente, la ciudad acoge a cerca de 485 menores migrantes, cifra que supera en casi un 2.000 % su capacidad de acogida. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), diseñado para 512 plazas, alberga aproximadamente a 700 personas —tanto las que duermen dentro como las que pernoctan en el exterior—. Desde la Secretaría de Estado de Migraciones se reconoce que el principal problema es de índole habitacional, aunque se asegura que se intenta agilizar los traslados hacia la península.
Mientras tanto, la Guardia Civil sigue recibiendo a jóvenes que llegan por sus propios medios a las playas cercanas a la frontera, mientras otros consiguen entrar sin ser detectados. La Asociación Unificada de la Guardia Civil en Ceuta señala que en la Comandancia faltan alrededor de 200 agentes para poder hacer frente a la presión actual en la valla y en los espigones del Tarajal. El hallazgo de hoy confirma que 2025 ya es el año más trágico registrado en esta ruta, caracterizada por un flujo constante que sobrepasa a los equipos desplegados y mantiene a la ciudad ante un escenario que continúa empeorando.

