En Bruselas, la cercana vinculación del presidente español con China genera malestar entre varios socios.

«¡España representa el ejemplo más evidente de que no todos los países europeos se oponen a China!», declaraba un comentarista de la televisión estatal china mientras transmitían imágenes de la visita de Estado de los Reyes a China: Felipe VI brindando con unas palabras en chino durante la cena de gala ofrecida por el líder supremo Xi Jinping, y Doña Letizia degustando un té local en un paseo por un parque de Chengdu, así como participando en un baño de multitudes el pasado jueves en una universidad de estudios extranjeros en Pekín.
«¿Por qué la relación entre China y España se ha convertido en un modelo de interacción internacional?», planteaba esta cuestión un editorial del diario chino Global Times, publicado también en inglés y considerado una de las voces del Partido Comunista Chino (PCCh) con mayor repercusión en el extranjero.
«Ambas naciones siempre han abordado las relaciones bilaterales con una visión estratégica y a largo plazo, fundamentándose en el respeto mutuo y colaborando para lograr un éxito compartido. Esto ha establecido un precedente para fortalecer vínculos amistosos y fomentar un desarrollo conjunto entre países con historias, culturas y sistemas sociales distintos», prosiguió. «Mientras algunas naciones todavía debaten cómo definir sus relaciones con China, España ya ha tomado su postura a través de acciones concretas, oponiéndose de forma constante a cualquier desvinculación».

En días recientes, aprovechando el viaje de los Reyes (en la delegación real también se encontraban el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y el de Exteriores, José Manuel Albares), desde la propaganda china han ido difundiendo la idea de que cualquiera que desee fortalecer las relaciones políticas y comerciales con la superpotencia asiática debería tomar como modelo pragmático a España, cuyo Gobierno ha impulsado una notable ofensiva diplomática hacia Pekín, que incluye tres visitas del presidente Sánchez y de varios ministros, además del primer viaje de la Familia Real en 18 años.
«El Gobierno español actuó con inteligencia y rapidez porque, en medio de las turbulencias globales actuales, fue el primero en ofrecerse como un puente entre China y la Unión Europea», destacaban recientemente voces autorizadas del Ministerio de Exteriores chino. Sin embargo, la postura de España, reforzada con la última visita de los Reyes, no ha logrado convencer a ciertos funcionarios de la delegación de la UE en Pekín. «En este momento, nuestra relación con China está atravesando una de sus etapas más complicadas», afirman.
Estas mismas fuentes, con años de experiencia en la diplomacia china, admiten que la UE está cada vez más atrapada en la rivalidad entre Estados Unidos y China, y que «acercamientos unilaterales» como el de España hacia el régimen evidencian públicamente la incapacidad del bloque para desarrollar una estrategia conjunta coherente frente al país asiático.
En Bruselas, la estrecha conexión de Sánchez con China provoca incomodidad en varios socios. Las fuentes diplomáticas consultadas coinciden en calificar este acercamiento como una «anomalía», pues la cercanía española contrasta con la postura de las principales potencias económicas y la propia UE. Por ejemplo, Alemania revisará sus políticas comerciales con China para «reducir riesgos», lo que significa que reajustará sus estrategias para evitar una dependencia excesiva de la potencia asiática.
Por su parte, Italia solicitó hace tiempo que la UE mantenga una posición conjunta y sólida frente a China; Francia ha confrontado a Shein; y los Países Bajos nacionalizaron Nexperia, empresa de microchips cuya matriz es la china Wingtech. Por lo tanto, la postura de los grandes países europeos dista considerablemente de la posición española, que se aproxima más a Hungría que a las potencias económicas. En 2024, este país concentró un tercio de toda la inversión china en la UE, según datos del Gobierno húngaro, y planea profundizar esta relación. Viktor Orbán y Pedro Sánchez, ligados por Xi Jinping.
En la Comisión Europea, la respuesta oficial es mucho más mesurada. Señalan que los países tienen libertad para mantener sus relaciones internacionales, aunque el tema tampoco resulta del todo aceptable. Es cierto que ya no se escucha la crítica que se expresó el año anterior, cuando el presidente del Gobierno de España visitó China y solicitó que no se impusieran aranceles a los coches eléctricos chinos durante las negociaciones Bruselas-Pekín. En aquel momento, se acusó a Sánchez de debilitar la capacidad negociadora de la UE y se recordó que «la Comisión es responsable de la política comercial de la UE». Pero la desconfianza persiste, y de hecho, esta misma semana se decidió acelerar la imposición de aranceles a paquetes con valor inferior a 150 euros, que hasta ahora estaban exentos, en una medida dirigida específicamente a los envíos desde China de Temu y Shein. El acercamiento español ocurre en un contexto geopolítico y comercial muy complejo: la presión conjunta de China y EEUU revela cada vez más la fragilidad europea.
«En los primeros meses de la presidencia de Donald Trump en la Casa Blanca, parecía que las relaciones entre Pekín y Bruselas se consolidarían, aplacando varios conflictos abiertos. Sin embargo, ahora la situación es peor que nunca debido a las tensiones por el suministro de minerales críticos que China controla», comentan desde la delegación europea en Pekín. Además, mientras los Reyes de España visitaban el país asiático, los funcionarios chinos no ocultaban su gran molestia con la UE por el discurso inesperado de este mes en el Parlamento Europeo de Hsiao Bi-khim, vicepresidenta de Taiwán, la isla autónoma que China considera una provincia separatista.

