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Al mirar hacia atrás, todavía es posible recordar una época en la que los artistas eran reconocidos por sus actos transgresores y provocativos, generando incomodidad, en contraste con la seriedad predominante en gran parte de la política.
Actualmente, parece que estos roles se han invertido. Aquello que antes se canalizaba mediante el arte, ahora se satisface a través de la política.
"Donald Trump y Javier Milei reivindican al salvaje tribal que todos llevamos dentro. Rompen estructuras, desprecian a la gente y no muestran miedo. Son extremadamente entretenidos y han convertido la política en un show estridente, imprevisible y radical".
Así describe el antropólogo y ensayista Carlos Granés (Bogotá, 1975) en su obra "El rugido de nuestro tiempo", donde examina los retos y dilemas que atraviesan la política y la cultura en los últimos años.
Granés advierte sobre el riesgo de asignar a la cultura la responsabilidad de educar en valores mientras los políticos se vuelcan en la calle para fomentar la rebelión popular, la polarización emocional y la hostilidad total hacia sus adversarios.

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Esta transformación ha provocado que América Latina se haya vuelto un exportador de modelos políticos, algo que Granés califica ante BBC Mundo como "desconcertante".
Además, señala la infiltración del populismo y la política emocional en democracias modernas y estables.
"En Estados Unidos observamos cómo Donald Trump adopta la retórica de los caudillos libertadores latinoamericanos y desacredita las mismas instituciones estadounidenses", afirma.
BBC Mundo conversó con él en el marco del Hay Festival Arequipa, realizado en la ciudad peruana entre el 6 y 9 de noviembre.

