La tragedia de La Dana: Sofía y Bajix quedan bajo el cuidado exclusivo de su abuelo en una aldea aislada tras la pérdida de madre y hermana

Lourdes, reconocida víctima de la dana, falleció sosteniendo a su bebé. Su padre tuvo que trasladarse desde Venezuela para cuidar a sus otros dos hijos

Robert Mateo, con sus nietos en Las Eras, pedanía de Alpuente (Valencia).

«El 29, casi a las 14:00 horas en Venezuela [sobre las 20:00 en España], recibimos una videollamada por WhatsApp de mi nieta Sofía. Ella tenía 10 años en ese momento. Estaba muy asustada porque el agua comenzaba a entrar en la parte inferior de la casa; el garaje ya estaba cubierto y el agua subía hacia la primera planta. Ellos [Sofía y su hermano Bajix] estaban solos en casa porque la mamá había salido con su esposo y la bebé. Evidentemente les dijimos: ‘No bajen, quédense arriba’. Los dejé hablando con Clairel [su pareja] y yo, por otro teléfono, llamaba a mi hija Lourdes, madre de ellos. ‘¿Qué sucede, Lourdes?’. Lo que oí fueron gritos desesperados –‘¡¡el agua, el agua!!’– y la llamada se cortó. A los dos minutos recibí un mensaje en el teléfono que decía: ‘Te amo, papá‘. Eso fue lo último». [Lágrimas].

Un año después, los dos hijos de Lourdes juegan con los chorros de agua que caen en el pilón de la fuente, de espaldas al abuelo, Robert Mateo, de 62 años, quien posa en primer plano para la cámara. Antes de que los niños regresaran del colegio, compartió las palabras que sirven como inicio de este reportaje, el doloroso relato de cómo el tsunami de la dana también golpeó repentinamente su hogar en Barquisímetro (Venezuela), a 7.500 kilómetros de Valencia, distancia que equivale a un vuelo directo de 14 horas, si este fuera posible.

Desde uno de los bancos de madera junto a la fuente observan la sesión fotográfica un hombre mayor y un gato de pelaje muy claro llamado el Rubio. A pesar de que en un lugar tan pequeño y aislado no deberían suceder grandes eventos, ni el hombre ni el felino muestran curiosidad alguna hacia los visitantes o el motivo por el que se retratan a los nuevos residentes.

La aldea es Las Eras, donde habita aproximadamente un centenar de los 700 habitantes que conforman Alpuente, el municipio valenciano al que pertenece este conjunto de casas. En el mapa provincial se encuentra en la esquina superior izquierda, casi en el límite con Teruel.

El entorno es muy distinto de la típica postal valenciana. La llegada se produce tras un trayecto que revuelve el estómago por la carretera serpenteante cerca del pantano de Benagéber, que luego asciende por el alto de Mataparda y otros montes. Wikipedia señala que en el término municipal de Alpuente, al sur de la sierra de Javalambre, se conservan numerosas huellas de dinosaurios y que sus habitantes se dedican a la vid, los almendros, el cereal y la ganadería.

Aquí han venido a instalarse Sofía, de 11 años, y Bajix Yousef, de 13, los niños que aquella tarde-noche solicitaron ayuda al abuelo en Venezuela desde la calle Sant Roc de Paiporta mientras su madre sostenía a su bebé y luchaba contra la corriente desde el capó del coche.

En la fotografía que la familia difundió en las pocas horas en que conservaron la esperanza de reencontrarlos, aparecen sonriendo Lourdes, de 34 años, Angelina, de tres meses, y el esposo, Antonio, de 60 años hoy, que viajaba con ellas. “Una corriente infernal”, relató él, los arrastró lejos del vehículo, pero logró aferrarse a un hierro y salvarse. «Qué pena y qué impotencia», escribió un lector en los comentarios de la noticia que informaba, un día después, sobre el hallazgo de sus cuerpos.

Los rostros de Lourdes y Angelina fueron los primeros en reflejar el desastre; sirvieron para dimensionar la tragedia humana que se avecinaba.

-¿Podría situarnos un poco sobre qué hacía Lourdes en Valencia? ¿Cuándo y por qué dejó Venezuela?

-Lourdes llegó a España a principios de 2019 debido a problemas allá -comienza Robert Mateo a describir a su única hija-. La tuve que enviar porque había un sicariato en su contra. En Venezuela, al andar bien vestido, eras propenso a un secuestro. Ella terminó estudios de Ingeniería Industrial, se casó pero se separó del padre de los niños. Se trasladó a Madrid con unos primos y en 2021 conoció a su esposo, originario de Paiporta. Se casaron en 2022, aunque no pudimos asistir a la boda.

-¿Y qué hay de la madre de Lourdes?

-La madre falleció durante la pandemia, en 2021, debido al Covid. Lourdes ya estaba en España. Se llamaba Rosario y murió el 22 de noviembre de 2021, un día antes del cumpleaños de Lourdes.

-¿Sus hijos no vinieron con ella a España? Los niños permanecieron con nosotros en Venezuela. Los recién casados no querían hijos; el esposo de Lourdes no deseaba tenerlos. Conseguí traerlos el 15 de julio de 2024 [tres meses y medio antes de la dana]. Tres días después, el 18 de julio, nació la bebé.

Lourdes y su hija Angelina con el marido y padre, Antonio.

Robert dejó a Sofía y Bajix adaptándose a su nuevo hogar en Paiporta, contentos por reencontrarse con su madre, mientras él continuó su vida en Venezuela. Hasta que recibió esa angustiante videollamada de Sofía. Tres días después, el 1 de noviembre, tomó un vuelo hacia España sabiendo que su hija y su nieta habían sido encontradas sin vida.

«Imagínese en qué condiciones viajaba. Llegué a Valencia por la tarde del día 2. Mis nietos estaban en Campanar, con una amiga de Lourdes. ‘Hola, hola, llegaste’. Estaban aún en estado de shock, no reaccionaban. Desde las ventanas, solos en casa, vieron los cadáveres pasar arrastrados por el agua. Incluso les causó fiebre lo vivido. Los encontré como autómatas».

Conmocionados, huérfanos y sin raíces en España. ¿Qué ocurriría con Sofía y Bajix? ¿Quién asumiría su cuidado? «El padre, refugiado en EEUU desde 2020, tiene poca relación con los niños y los llama esporádicamente. Y Antonio, esposo de Lourdes, aunque está bien económicamente, no ha querido involucrarse. Legalmente no le corresponde», comenta Robert. Con los abuelos paternos igualmente distantes, sólo quedaba él.

El 4 de noviembre, seis días después de la riada, se lanzó una petición en la plataforma de recaudación Gofundme: «Me dirijo a ustedes en una situación de extrema urgencia y necesidad en representación de mis dos nietos, de 10 y 12 años, que atraviesan un momento de vulnerabilidad muy grave. […] Buscamos asegurar una vivienda y el apoyo necesario para que estos niños continúen su vida aquí, sin regresar a Venezuela, donde las condiciones no son seguras ni adecuadas para ellos. Mi prioridad es proporcionarles un lugar estable y seguro en España, nuestro nuevo país«, escribió Robert Mateo García Sosa, solicitando 16.000 euros. En poco más de dos meses, logró reunirlos.

Recibió numerosas muestras de generosidad, algunas muy significativas. «Me contactó el licenciado [en Venezuela, título universitario de respeto] Pau Ventura Álvarez, quien se ofreció a pagar el alquiler de un piso durante un año. Asimismo, la licenciada Andrea, del despacho jurídico Sánchez y abogados, se ofreció a gestionar todos los asuntos legales, ya que yo soy hijo de español pero nunca tramité la nacionalidad. Lourdes la tenía concedida, pero no llegó a recogerla. Mi padre era de Lorca (Murcia) y emigró a Venezuela en 1954″.

A Robert no le resultó sencillo encontrar un alquiler en Valencia. Al fin y al cabo, era una persona sin papeles con dos menores. Ni siquiera explicando el impacto de la dana lograba sensibilizar a los propietarios. «Un apartamento de una habitación y media del que no paraban de salir bichos», describe el lugar hallado.

-¿Cómo han terminado aquí, en Las Eras?

-Nos contactó la licenciada Angélica Such [Directora General de Familia, Infancia y Adolescencia y Reto Demográfico de la Generalitat]. Clairel [su actual pareja, también venezolana] y yo ya habíamos limitado la búsqueda a zonas de repoblación porque la vida es más tranquila. Somos personas hogareñas, no de fiesta. Such está involucrada con el reto demográfico. ‘Licenciada, ¿hay opciones en algún pueblo para nosotros?’. Ella habló con la alcaldesa de Alpuente y el señor Blas, una persona amable, nos alquiló este piso -relata Robert, sentado en el salón, la primera de las tres habitaciones de la casa.

Alpuente les resultó atractivo porque no somos «de fiesta» y porque parecía un lugar más adecuado para Bajix, el nieto mayor. «Él tiene asperger, pero de alto rendimiento; en Valencia enfrentó cierto rechazo escolar aunque los profesores vigilaban que no hubiera acoso. Aquí estamos más tranquilos», señala Robert.

Otro factor favorable a la vida rural fue el económico. El alquiler en Las Eras asciende a 400 euros mensuales, menos de la mitad que en Valencia, suma que pueden afrontar con los 1.100 euros de la renta valenciana de inclusión que reciben cada mes.

Antonio entregó además a Sofía y Bajix 36.000 euros, la mitad de los 72.000 euros concedidos a familiares de las víctimas de la dana. La otra mitad, junto con los 72.000 euros por la muerte de la bebé Angelina, fueron para el empresario.

«La mayor ayuda que hemos recibido ha venido del corazón del pueblo español», concluye con gratitud Robert, que intentó devolver aunque sea un poco de lo recibido. «Fui voluntario. Aprendí fontanería española ayudando a reconstruir viviendas en Paiporta con un grupo de pilotos de Ryanair que me integraron. Estuvimos tres o cuatro meses».

Scroll al inicio