Los aspirantes a la UE en los Balcanes Occidentales han enfrentado años de retrasos en su proceso de adhesión. De cara a la cumbre emblemática sobre ampliación prevista para el 4 de noviembre, Euronews analiza las causas de la pérdida de impulso en los últimos años y las reservas que ahora algunos ciudadanos de la región expresan.
“Waiting for Godot”, la obra teatral donde los personajes aguardan algo que nunca ocurre, se ha convertido en una frase recurrente de Edi Rama, primer ministro de Albania, para reflejar la percepción que tienen algunos países candidatos respecto a la posible adhesión a la UE.
“Albania representa a Estragon, mientras que la Unión Europea es Samuel Beckett”, afirmó Rama en junio de 2022, tras una cumbre UE-Balcanes Occidentales.
Actualmente, nueve países con estatus de candidatos están en diferentes etapas del proceso de adhesión a la UE. Siete de ellos ya han iniciado las negociaciones, que representan la fase final del camino hacia la membresía.
No obstante, el avance se ha estancado desde el lado de Bruselas al menos desde la Comisión Europea anterior, bajo la presidencia de Jean-Claude Juncker.
Los países de los Balcanes Occidentales llevan años impulsando avances. Albania y Serbia presentaron su solicitud en 2009, Montenegro en 2008, y Macedonia del Norte espera desde 2004.
Este proceso parece haberse ralentizado, generando frustración tanto en líderes como en ciudadanos de la región — hasta ahora.
Croacia, que accedió a la UE en 2013, necesitó una década desde la solicitud hasta la aprobación definitiva, mientras que Rumanía y Bulgaria se demoraron doce años en las negociaciones.
A pesar de sus esfuerzos por alinear políticas y aplicar reformas, los países balcánicos aún esperan. Sin embargo, la guerra de Rusia en Ucrania y los rápidos cambios geopolíticos han sido factores decisivos para reactivar el impulso hacia la ampliación, así como el interés estratégico de Bruselas en incorporar nuevos miembros.
La ampliación hacia el sureste es considerada una herramienta fundamental de política exterior y una prioridad estratégica para la UE en su conjunto, hasta el punto de que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la definió como “la reunificación de Europa” en su último Discurso sobre el Estado de la Unión.
“Existe una desaceleración en el proceso de ampliación si se compara con los compromisos retóricos expresados por altos cargos y políticos de la UE”, explicó a Euronews Teona Lavrelashvili, investigadora asociada del Wilfrid Martens Centre for European Studies.
“Convertirse en miembro de la UE se ha vuelto considerablemente más exigente. Los países deben cumplir numerosos requisitos, garantizar el estado de derecho y alcanzar diversos puntos de referencia, lo cual no era tan riguroso en adhesiones anteriores. Además, la dimensión geopolítica es ahora mucho más compleja”, añadió.
Para integrarse a la UE, cada nación debe cumplir con criterios de gobernanza denominados criterios de Copenhague, establecidos en 1993. La Comisión Europea evalúa sus avances y la aprobación final requiere unanimidad entre los líderes de los 27 Estados miembros.
Temores a más vetos dentro de los países de la UE
La próxima semana, la Comisión Europea publicará el paquete de ampliación 2025, un informe anual que evalúa los progresos de los países candidatos.
Este año, el informe incluirá la “revisión de la política de pre-ampliación”, que examina los ajustes que los Estados miembros actuales deberían implementar para integrar a los futuros miembros, según fuentes en Bruselas consultadas por Euronews.
Según Lavrelashvili, algunas naciones miembro muestran preocupación respecto a la cohesión del grupo con la entrada de nuevos miembros.
No obstante, para ella, el temor principal radica en que una UE ampliada pueda experimentar aún más lentitud en decisiones que requieren unanimidad. “La arquitectura institucional de la UE es el verdadero elefante en la sala”, afirmó.
Los 27 estados miembros deben acordar decisiones en numerosos ámbitos, como política exterior y financiera. Incorporar nuevos países sin reformar las instituciones implicaría incrementar el número de voces con poder de veto en las negociaciones.
Por ejemplo, el Parlamento Europeo sostiene que “los procesos de ampliación y la unificación europea deben avanzar simultáneamente” y que “se requieren reformas institucionales y financieras en la UE para afrontar los retos del proceso actual y garantizar la capacidad del bloque para absorber nuevos miembros”, según la última resolución aprobada al respecto.
¿Una solución para desbloquear la situación?
Con los años, una propuesta para superar el estancamiento ha sido conceder la membresía a los países nuevos sin otorgarles derecho a veto.
Por ahora, esta idea no ha sido discutida formalmente a ningún nivel entre los países de la UE, afirmaron tres fuentes independientes a Euronews.
Sin embargo, Steven Blockmans, del centro de estudios Centre for European Policy Studies (CEPS), considera que esta situación podría modificarse próximamente.
“Indudablemente, esto introduciría una diferencia entre estados miembros nuevos y antiguos, pero sería temporal”, declaró Blockmans a Euronews.
Según el profesor, esta medida facilitaría la toma de decisiones entre los estados miembros.
Su perspectiva indica que sería una solución limitada en el tiempo y jurídicamente viable. “No generaría una infracción del derecho europeo porque se aplicaría a todos los futuros candidatos por igual, evitando cualquier discriminación entre ellos”, concluyó.

