El principio marxista es que la democracia es clasista, es decir, que protege a un clase para reprimir a otra clase. Así por ejemplo, la democracia esclavista servía a los esclavistas para mantener bajo su yugo a los esclavos; la democracia feudalista servía a los señores feudales para mantener a los campesinos siervos en su dominación; actualmente, en los países capitalistas la democracia sirve para dominar al proletario. Aquí nace la discusión entre el dirigente bolchevique y fundador de la primera República socialistas, Lenin, contra su adversario ideológico (revisionista del marxismo), Kautsky, pues mientras que éste luchaba por la democracia, Lenin preguntaba irónicamente: ¿Democracia, pero para quién?- Lenin así como Marx y Engels, sabía que la democracia no puede estar “pura”, siempre está a favor de una clase y contra otra clase. Entendiendo lo anterior, la democracia se ha desarrollado primero como esclavista, después como feudalista, posteriormente como capitalista para concluir como proletaria. No es difícil adivinar que cuando la clase trabajadora de nuestros días –los obreros y campesinos– tome el poder para derrocar al capitalismo y sus capitalistas, será esta clase la que construya su propio Estado proletario para aplastar la contrarrevolución que se avecina, pues sería iluso creer que cuando el proletariado tome el poder, los capitalistas no intentarán recuperar el Estado que usaban para aplastar el movimiento obrero.
Bien, ¿vivimos en una democracia? Ahora podemos responder “sí”, pero de igual forma podemos agregar “pero en una democracia capitalista”.
La democracia entonces, no es ese concepto tan usado para referirse a la subordinación de la minoría a la mayoría, ni el poder del pueblo (demos: pueblo, kratos: poder = Poder del pueblo) para decidir el curso de su nación. No, en palabras de Lenin: La democracia no es idéntica a la subordinación de la minoría a la mayoría. Democracia es el Estado que reconoce la subordinación de la minoría a la mayoría, es decir, una organización llamada a ejercer la violencia sistemática de una clase contra otra, de una parte de la población contra otra. Y para quienes se asustan de la palabra violencia, Lenin prosigue: Nosotros nos proponemos como meta final la destrucción del Estado, es decir, de toda violencia organizada y sistemática, de toda violencia contra los hombres en general [tomado de: El Estado y la revolución proletaria. Lenin].
Resumiendo: La democracia nace cuando nace el Estado. El Estado es un aparato que construye la clase dominante para protegerse y dominar a la clase dominada. La democracia es por tanto inseparable del Estado. El Estado y por tanto la democracia se han desarrollado a través del desarrollo social, han servido a clases distintas empezando por los esclavistas y terminando por el Estado proletario. El proletario al derrocar el Estado capitalista para construir su propio Estado, el Estado proletario, la democracia cambia de contenido para ser una democracia ya no burguesa, sino proletaria, y el proletario usará esa democracia –llamada por los marxistas como dictadura del proletario– para aplastar todo intento de restitución del socialismo por el capitalismo, así como el Estado capitalista aplasta todo movimiento obrero que interfiera en sus intereses, o sea, en el interés del capital.
Esa anticientífica definición burguesa de que la democracia es el poder del pueblo y que el Estado capitalista vela por los intereses de sus trabajadores, es falsa. Es un cuento que mantiene distraído al proletariado de su verdadera definición. Nosotros los marxistas, sí admitimos que el Estado proletario reprime todo intento de los burgueses por reimplantar el capitalismo, también admitimos que en algunas ocasiones se usará la violencia para mantener la dictadura del proletariado. Esa es la realidad. Pero lo que no es realidad, es esa falsa concepción del Estado y la democracia que usan los capitalistas, cuando ellos son los primeros en usar las leyes, el ejército, los medios de comunicación, la educación dentro de las aulas, las propaganda, etc., para derrocar y difamar todo movimiento obrero. Cuando se les quita la tierra a los campesinos, se despiden a los trabajadores de las fábricas, se reduce el salario, aumentan los precios, se destruyen viviendas y zonas verdes para construir empresas y fábricas para los capitalistas, se hacen recortes a servicios públicos, a todo eso, ¿De qué parte está el Estado y la democracia? ¿De parte del proletario o de los capitalistas? Seguro de los primeros, no, pero de los segundos sí. Lo único real en todo esto, es la hipocresía y las mentiras de los capitalistas. ¡No se deje engañar trabajador! En ningún país capitalista hay ni habrá esa supuesta “democracia pura”.
Solamente cuando cese y desaparezca todo intento de restauración del capitalismo dentro del Estado proletario, y la sociedad esté acostumbrada a seguir las normas de la moral proletaria sin necesidad de que el Estado corrija toda conducta perjudicial para la sociedad, entonces no habrá clase a la cual reprima el Estado, y por tanto está irá desapareciendo poco a poco, es decir, el Estado no se abolirá de golpe ni por conducto de leyes, si no simplemente se extinguirá gradualmente y pasará a administrar y controlar cosas y más no personas.
