Para tal propósito, la clase obrera debe romper las cadenas del sindicalismo charro de la CTM que durante muchas décadas sólo ha servido para controlar el descontento de los trabajadores ante las medidas bárbaras que acuerdan la patronal y sus gobiernos burgueses mediante sus leyes. Sin embargo, vivimos el periodo de la insumisión y poco a poco la clase obrera comienza a rebelarse, lo vemos con los petroleros de Pemex, los electricistas de CFE, los jornaleros de San Quintín y otros trabajadores de la industria automotriz quienes también están hartos de las condiciones laborales y sus dirigencias charras.
Nuestros intereses son contrarios a los de la patronal y nunca podrán ser armónicos. No basta con indignarnos es momento de pasar a las acciones organizadas. Por eso debemos ganar la dirección de nuestros sindicatos, crear sindicatos donde no los haya y agruparnos en una gran Federación de Trabajadores Independientes para acabar con la conciliación patronal y echar abajo la reforma laboral. El dilema no es votar o no votar, sino rebelarnos contra esta dictadura de colores y sus reformas. Unamos nuestras fuerzas con de los trabajadores de la educación y normalistas de Guerrero y de todo el país.
El movimiento obrero debe aprender la lección del pasado, no puede seguir a la cola de proyectos de la burguesía para beneficiar a algún monopolio a través de un candidato, líder sindical o grupo mafioso dentro y fuera de la empresa. Debemos rechazar el discurso nacionalista de “unidad” a toda costa que utilizan los oportunistas para generar, con la presión del movimiento obrero, ganancias a sus empresas, ya sean estas de la fibra óptica, la minería, las telecomunicaciones o los hidrocarburos. Ante este nuevo periodo, sólo la organización, los paros escalonados, la movilización y la protesta callejera, serán los pasos necesarios a seguir para devolver los golpes a los explotadores y recuperar nuestras conquistas históricas.
