Al respecto es de señalar, que las organizaciones sindicales legalmente registradas, en su gran mayoría están capitaneadas por verdaderos rufianes, que se enriquecen a costa de vender los derechos laborales. Hampones que, coludidos con los empresarios, han hecho de la construcción y de las necesidades de los trabajadores un jugoso negocio. Estos dividendos les han dado tal poder que les permite imponer a las dependencias de gobiernos locales y federal los contratos colectivos, cual si se tratase de la venta de cualquier mercancía. Así en este lucrativo negocio todos ganan, excepto los actores principales de esta industria y de las agrupaciones: los trabajadores.
Es así como los sueños de muchos compatriotas, se convierten en una verdadera pesadilla, consagrando su vida a la edificación de este país, con largas jornadas, sin prestaciones, obligados a laborar horas extras sin la compensación legal, sin seguridad social, varios de ellos mutilados y enfermos, deambulando por las terminales de autobuses como auténticos pordioseros, suplicando a los contratistas un puesto de trabajo y a los transeúntes un mendrugo o una moneda, invisibles para la gran mayoría de la sociedad. Mientras, los charros sindicales y los empresarios de la construcción se atragantan con grandes comilonas, se embrutecen en las cantinas y son asiduos clientes de los cabarets.
Toda la sociedad se ha beneficiado de este sector laboral, se guarece de la lluvia, duerme en sus casas, pasea por los parques y los centros comerciales gracias a la fuerza de trabajo de los obreros de la construcción. Asalariados de esta rama industrial para quienes esta negada la propiedad de un techo donde dormir y refugiarse de la lluvia y el sol, a quienes no les alcanza la fuerza después de exhaustas jornadas para pasearse y con su salario les esta vedada cualquier adquisición en los grandes centros comerciales, que ellos mismos edificaron.
Y a todo esto, ¿Habrá quien se pregunte todavía porque en un día de asueto, muchos de ellos paseantes asiduos de la Alameda Central se sumaron a las batallas campales contra los granaderos el día de la imposición de Peña nieto como presidente de la República? ¿Existirá quien no comprenda las raíces y la explicación, del porque se contratan como sicarios al servicio de la llamada delincuencia organizada? A fin de cuentas ¿Que les puede a ellos importar una sociedad que les ha dado la espalda, que los ha dejado solos en manos de los sicarios de la construcción y de la otra delincuencia organizada, conocida como charrismo sindical?
Sin embargo todavía hay quienes tienen sueños, estudian buscando respuestas, encuentran opciones para organizarse y para luchar contra este sistema de explotación. En esta atmósfera asfixiante de su miserable vida buscan acelerar los procesos históricos para que llegue el día que empuñen las armas que el mismo sistema les ha proporcionado y se conviertan en sus sepultureros.
