Carlos Méndez
El cruento golpe de Estado del 28 de junio que ha dejado tras sí severos daños es, por antonomasia religiosa, un asunto sagrado del Opus Dei
Roberto Quesada
Antes solía decirse que en Honduras se hunde el corcho y flota el plomo; los aviones chocan con los autos y los trenes con los barcos. Pero eso ahora es nada si se compara con que al dictador Micheletti un grupito de aduladores le hace reconocimientos a diario. Entre tantos, sobresale el de que a un importante bulevar de la segunda ciudad en importancia, San Pedro Sula, van a nombrarle Roberto Micheletti.
