Movilización estudiantil hasta el Ministerio de Economía y el CODICEN
Fogoneros
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18.09.08
POR EL 6% DEL PBI PARA TODA LA EDUCACIÓN PÚBLICA. CONTRA LOS ORGANISMO DE CRÉDITO INTERNACIONALES.
Este 8 de octubre todos a la embajada yanqui!!!
Fogoneros
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18.09.08
El imperialismo y la oligarquía golpean. La lucha de los pueblos continúa
Fogoneros
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12.09.08
11 de septiembre. Movilización a la embajada yanqui!
El imperialismo y la oligarquía golpean La lucha de los pueblos continúa 11 de setiembre de 2008 Nuestro tiempo se estremece en la lucha a muerte entre el imperialismo y los pueblos. Ellos por dominarnos, nosotros por liberarnos. Y en cada uno de nuestros paises se encarama una oligarquía vendepatria, intermediaria del saqueo imperialista, beneficiada con la entrega. Una de las familias que integra la oligarquía de nuestro país es la Peirano. Hoy a sido procesado uno de sus integrantes. Todos recordamos la crisis del 2002. El vaciamiento de los bancos para llevarse la plata, que se acumuló por el trabajo de uruguayos, y colocarla en otros países, como los Estados Unidos, donde el procesado se encontraba refugiado. Fueron responsables del robo a todo un país durante largos años. Y hoy siguen sus funestas actividades mediante testaferros. Siguen robando con el apoyo del mayor beneficiado: el imperialismo. Este Peirano hoy ha sido procesado. Proceso que no sabemos en que terminará en un país donde los jueces son amigos de los banqueros. La justicia llegará con la liberación. Mientras tanto, en donde el puebo avanza ésta oligarquía utiliza todos los medios para conservar sus privilegios y, también, con el apoyo de los yanquis. En Bolivia la situación llega a límites explosivos. Los mecanismos de la reacción son los más variados, y la intervención norteamericana evidente. Promueve el sabotaje, la división del país y el enfrentamiento entre los humildes. En un acto de dignidad es expulsado el embajador estadounidense en Bolivia. Desde aquí vaya nuestra solidaridad con ese combativo pueblo que ha sabido parir sucesivos levantamientos y, estamos seguros, practicando todas las formas de lucha logrará la total liberación. LLamamos a manifestar esa solidaridad mañana viernes, a las 18 horas, en la Embajada de Estados Unidos, acompañando a los residentes bolivianos en nuestro país. En Venezuela, también, un intento de asesinar al presidente. Nuevamente la oligarquía y el imperialismo. Que fuerte nos llega el recuerdo de aquel 11 de setiembre en Chile. Donde la violencia gringa y cipaya se enfrentó a la resistencia de un pueblo que defendía su soberanía nacional y la construcción del socialismo. La violencia, en todos los planos, que el imperialismo ha expandido por el mundo desembocó en el 11 de setiembre de más acá, con la caída de las simbólicas torres del World rade Center. De un sistema que se sostiene por la opresión no se puede esperar otra cosa. Traerá calamidades para toda la humanidad, inclusive para los yanquis. A los de Nueva York o a los marines que mueren en el mundo entero. Precisamente, hace diez años eran detenidos en Estados Unidos 5 cubanos, que se encontraban tratando de impedir el terrorismo, la agresión, contra su digno país, que alumbra los anhelos de liberación de todos los paises sometidos. Hoy Cuba y el mundo piden la libertad de estos 5 patriotas. Nuestra voz también exige su liberación. Contrariamente a este heróico ejemplo en nuestro país se realizan operaciones conjuntas del ejército de nuestro país con el Comando Sur de Estados Unidos, donde este entrena a quel para que cumpla con las «misiones de paz» que sirven a sus planes intervencionistas. El imperialismo insasiable pretende seguir exprimiendo a nuestros países. Pero la lucha continúa. En Chile las fuerzas del pueblo han salido a la calle a recordar con el combate a los compañeros caídos y a continuar su lucha. En Bolivia el pueblo se prepara a continuar la lucha mediante nuevas formas que hagan retroceder a los reaccionarios. En Venezuela persiguen a los conspiradores y expulsan al embajador yanqui en ese pais, en solidaridad con el boliviano. Los paises invadidos por los yanquis responden cada vez con mayor contundencia y animan nuestra lucha. En nuestro pais hay orientales que continúan la lucha. Que dejan en claro que no todo es entrega. Que cuando viene un gringo o se va un ministro de economía con su acción queda grabado que no todos son elgios. Que construyen el poder del pueblo en la pelea. Que fogonean la lucha popular. Son tiempos de redoblar la apuesta. De avanzar sobre los yanquis y las oligarquías cipayas a lo largo y ancho del continente. De no dejarlos avanzar, de hacerlos retroceder. En esa lucha estamos. Y en cada una de estas batallas aparece el ejemplo del Che. En cada lucha contra el imperialismo y por la total liberación. Este 8 de octubre volveremos a movilizarnos a la embajada yanqui, para señalar al enemigo principal y continuar su legado de combate. Una nueva instancia para manifestar la solidaridad con los pueblos agredidos y el compromiso con la liberación de nuestra patria.
Vencer o morir
41 Aniversario de la caída en combate de Ernesto Che Guevara
Fogoneros
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02.09.08
Fotos de la movilización a 40 años de la caída del Che
Fogoneros
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02.09.08
Este 8 de Octubre TODOS A LA EMBAJADA YANQUI!!
Fogoneros
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01.09.08
«JUNTO AL CHE, CONTRA EL IMPERIALISMO,
POR LA PATRIA LIBERADA»
ESTE 8 DE OCTUBRE NOS MOVILIZAMOS HASTA LA EMBAJAJA YANQUI A SEÑALAR A NUESTRO ENEMIGO PRINCIPAL, EN CONMEMORACIÒN A LA CAÌDA EN COMBATE DE ERNESTO CHE GUEVARA.
Mensaje a los pueblos del mundo a través. Ernesto Che Guevara
Fogoneros
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01.09.08
Ernesto Che Guevara Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental* Crear dos, tres….muchos Vietnam, es la consigna. Ya se han cumplido veintiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide. Veintiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la de-gradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real. No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer un recuento, nume-roso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz. Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam. En la primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedó sumida en la más terrible devastación que figure en los anales de la guerra moderna; acribillada de bombas; sin fábricas, escuelas u hospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diez millones de habitantes. En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de países conducidos militarmente por los Estados Unidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidad u el uso, como carne de cañón, de la población surcoreana enro-lada. En el otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios de la República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoría del aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas, en escala limitada. En Viet-nam, se han sucedido acciones bélicas, sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyo poderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera de aquel país vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de la contienda. Hubieron confrontaciones limitadas en todos los continentes, aun cuando en el americano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de lucha de liberación y cuartelazos, hasta que la Revolución cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta región y atrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de sus costas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre, después. Este último incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al pro-ducirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviéticos. Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momentos, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialis-mo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar. En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo. En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividían al país en dos zonas y estipulaban la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quienes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo Din Diem, cuyo trágico fin es conocido de todos. En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría eleccio-nes a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podía ocurrir, aun utilizando todos los métodos de fraude conocidos. Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han per-dido totalmente la combatividad. Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de des-truir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada. Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1,700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra. Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo. La solidaridad del mundo progresista para con el pue-blo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo roma-no el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria. Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad. El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repar-tido por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el mo-mento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, así, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de 2 denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista. Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna? Y ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha. Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el su-midero de Vietnam. El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor a su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con digni-dad este peligroso trance en que se ve. Mas los «cuatro puntos» del norte y «los cinco» del sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación. Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos. Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio. El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden seguir ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esa ruta. Ahí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a las de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente. El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasa-dos, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan. América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territo-rio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobier-nos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya. Cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantenerlo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de libera-ción de cualquier tipo que sean. Bajo el slogan, «no permitiremos otra Cuba», se encubre la posibilidad de agresiones a man-salva, como la perpetrada contra Santo Domingo o, anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa polí-tica cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejérci-tos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición. Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al impe-rialismo y solo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socia-lista o caricatura de revolución. Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones proimperialistas. Dado el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, pe-netrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón. Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Co-rea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos. Esa doble situación: un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita. Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta dónde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo. El África ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de igua-les efectos en cuanto a la dominación económica se refiere. Estados Unidos no tenía colonias en esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se pue-de asegurar que África constituye, en los planes estratégicos del imperialismo norteamericano su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienen importancia en la Unión Su-dafricana y comienza su penetración en el Congo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violenta competencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderes imperialistas. No tiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas. Todos estos antecedentes hacen lícito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación de los pueblos a corto o mediano plazo. Si analizamos el África veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portugue-sas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular éxito en la primera y con éxito variable en las dos restantes. Que todavía se asiste a la lucha entre sucesores de Lumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a fa-vor de los últimos, los que han «pacificado» en su propio provecho una gran parte del país, aunque la guerra se mantenga latente. En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizó todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoría blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente antioficial, sólo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomática presenta una fachada de disgustos ante las medidas to-madas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los países del Áfri-ca Negra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismo inglés. En Rhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva si cristalizaran los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos sus problemas se ventilan en organismos tan inicuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA. Sin embargo, la evolución política y social del África no hace prever una situación revolucio-naria continental. Las luchas de liberación contra los portugueses deben terminar victoriosa-mente, pero Portugal no significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones de im-portancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberación de las tres colonias portuguesas y por la profundi-zación de sus revoluciones. Cuando las masa negras de Sudáfrica o Rhodesia inicien su auténtica lucha revolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el África. * Publicado por primera vez en La Habana, Cuba, en abril de 1967.
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Táctica y estrategia de la Revolución Latinoamericana de Ernesto Che Guevara
Fogoneros – 01.09.08
Táctica y estrategia de la Revolución Latinoamericana La táctica enseña el uso de las fuerzas armadas en los encuentros y la estrategia, el uso de los encuentros para alcanzar el objetivo de la guerra. Karl von Clausewitz Hemos encabezado estas notas con la cita de una frase de Clausewitz, el autor militar que guerreó contra Napoleón, que teorizó tan sabiamente sobre la guerra y a quien Lenin gustaba citar por la claridad de sus conceptos, a pesar, naturalmente, de ser un analista burgués. Táctica y estrategia son los dos elementos sustanciales del arte de la guerra, pero guerra y política están íntimamente unidas a través del denominador común, que es el empeño en lograr un objetivo definitivo, ya sea el aniquilamiento del adversario en una lucha armada, ya la toma del poder político. No se puede, sin embargo, reducir a una fórmula esquemática el análisis de los principios tácticos y estratégicos que rigen las luchas guerreras o políticas. La riqueza de cada uno de estos conceptos solo puede medirse mediante la práctica combinada al análisis de las complejísimas actividades que encierran. No hay objetivos tácticos y estratégicos inmutables. A veces, objetivos tácticos alcanzan importancia estratégica y, otras, objetivos estratégicos se convierten en meros elementos tácticos. El estudio certero de la importancia relativa de cada elemento, es el que permite la plena utilización por las fuerzas revolucionarias de todos los hechos y circunstancias encaminadas al gran y definitivo objetivo estratégico, la toma del poder. El poder es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias y todo debe estar supeditado a esta gran consigna. Para la toma del poder, en este mundo polarizado en dos fuerzas de extrema disparidad y absoluto choque de intereses, no puede limitarse al marco de una entidad geográfica o social. La toma del poder es un objetivo mundial de las fuerzas revolucionarias. Conquistar el porvenir es el elemento estratégico de la revolución, congelar el presente es la contrapartida estratégica que mueve las fuerzas de la reacción en el mundo actual, ya que están a la defensiva. En esta lucha de características mundiales, la posición tiene mucha importancia. A veces es determinante. Cuba, par ejemplo, es una colina de avanzada, una colina que mira al amplísimo campo del mundo económicamente distorsionado de la América Latina que abre su antena, su ejemplo hecho luz a todos los pueblos de América. La colina cubana es de alto valor estratégico para los grandes contendientes que en este momento disputan la hegemonía al mundo: el imperialismo y el socialismo. Distinto sería su valor, colocada en otra situación geográfica o social. Distinto era su valor cuando solo constituía un elemento táctico del mundo imperialista, antes de la Revolución. No aumenta ahora sólo por el hecho de ser una puerta abierta a América. A la fuerza de su posición estratégica, militar y política, une el poder de su influencia moral, los `proyectiles morales` son un arma de tan demoledora eficacia que este elemento pasa a ser el más importante en la determinación del valor de Cuba. Por eso, para analizar cada elemento en la guerra o la política, no se puede hacer extracción del conjunto en que esta situado. Todos los antecedentes sirven para reafirmar una línea o una postura consecuente, con los grandes objetivos estratégicos. Llevada la discusión al terreno de América, cabe hacerse la pregunta de rigor: ¿Cuáles son los elementos tácticos que deben emplearse para lograr el gran objetivo de la toma del poder en esta parte del mundo? ¿Es posible o no en las condiciones actuales de nuestro continente lograrlo (el poder socialista, se entiende) por vía pacífica? Nosotros contestamos rotundamente: en la gran mayoría de los casos, no es posible. Lo más que se lograría sería la captura formal de la superestructura burguesa del poder, y el tránsito al socialismo de aquel gobierno que, en las condiciones de la legalidad burguesa establecida llega al poder formal, deberá hacerse también en medio de una lucha violentísima contra todos los que traten, de una manera u otra, de liquidar su avance hacia nuevas estructuras sociales. Este es uno de los temas más debatidos, más importantes también, y donde quizás nuestra Revolución tenga mas puntos divergentes con otros movimientos revolucionarios de América. Nosotros debemos expresar con toda claridad nuestra posición y tratar de hacer un análisis del porque. América es hoy un volcán; no esta en erupción, pero está conmovida por inmensos ruidos subterráneos que anuncian su advenimiento. Se oyen por doquier esos anuncios. La Segunda Declaración de La Habana es la expresión y concreción de esos movimientos subterráneos; trata de lograr la conciencia de su objetivo, vale decir, la conciencia de la necesidad y, más aún, la certeza de la posibilidad del cambio revolucionario. Evidentemente; este volcán americano no esta separado de todos los movimientos que bullen en el mundo contemporáneo en estos momentos de confrontación crucial de fuerzas entre dos poderosos conceptos de la historia. Podríamos referirnos a nuestra patria con las siguientes palabras de la Declaración de La Habana: ¿Qué es la historia de Cuba sino la historia de América Latina? ¿Y qué es la historia de América Latina sino la historia de Asia, África y Oceanía? ¿Y qué es la historia de todos estos pueblos sino la historia de la explotación más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero? América, tanto como África, Asia y Oceanía, son partes de un todo donde las fuerzas económicas han sido distorsionadas por la acción del imperialismo. Pero no todos los continentes presentan las mismas características; las formas de explotación económica imperialista, colonialista o neocolonialista usadas par las fuerzas burguesas de Europa han tenido que afrontar, no solamente la lucha por la liberación de los pueblos oprimidos de Asia, África u Oceanía, sino también la penetración del capital imperialista norteamericano. Esto ha creado distintas correlaciones de fuerzas en puntos determinados y ha permitido el tránsito pacífico hacia sistemas de burguesías nacionales independientes o neocolonialistas. En América, no, América es la plaza de armas del imperialismo norteamericano, no hay fuerzas económicas en el mundo capaces de tutelar las luchas que las burguesías nacionales entablaron con el imperialismo norteamericano, y por lo tanto, estas fuerzas, relativamente mucho más débiles que en otras regiones, claudican y pactan con el imperialismo. Frente al drama terrible para los burgueses timoratos: sumisión al capital extranjero o destrucción frente a las fuerzas populares internas, dilema que la Revolución cubana ha profundizado con la polarización que significó su ejemplo, no queda otra solución que la entrega. Al realizarse ésta, al santificarse el pacto, se alían las fuerzas de la reacción interna con la reacción internacional más poderosa y se impide el desarrollo pacífico de las revoluciones sociales. Caracterizando la situación actual, la Segunda Declaración de La Habana dice: En muchos países de América Latina la revolución es hoy inevitable. Ese hecho no lo determina la voluntad de nadie. Está determinada por las espantosas condiciones de explotación en que vive el hombre americano, el desarrollo de la conciencia revolucionaria de las masas, la crisis mundial del imperialismo y el movimiento universal de lucha de los pueblos subyugados. La inquietud que hoy se registra es síntoma inequívoco de rebelión. Se agitan las entrañas de un continente que ha sido testigo de cuatro siglos de explotación esclava, semiesclava y feudal del hombre, desde sus moradores aborígenes y los esclavos traídos de África hasta los núcleos nacionales que surgieron después: blancos, negros, mulatos, mestizos e indios, que hoy hermanan el desprecio, la humillación y el yugo yanqui, como hermana la esperanza de un mañana mejor. Podemos concluir, pues, que, frente a la decisión de alcanzar sistemas sociales más justos en América, debe pensarse fundamentalmente en la lucha armada. Existe, sin embargo, alguna posibilidad de transito pacífico; está apuntada en los estudios de los clásicos del marxismo y sancionada en la Declaración de los 81 Partidos, pero en las condiciones actuales de América, cada minuto que pasa se hace más difícil para el empeño pacifista y los últimos acontecimientos vistos en Cuba muestran un ejemplo de cohesión de los gobiernos burgueses con el agresor imperialista, en los aspectos fundamentales del conflicto. Recuérdese nuestra insistencia: transito pacífico no es logro de un poder formal en elecciones o mediante movimientos de opinión pública sin combate directo, sino la instauración del poder socialista, con todos sus atributos, sin el uso de la lucha armada. Es lógico que todas las fuerzas progresistas no tengan que iniciar el camino de la revolución armada, sino utilizar hasta el último minuto la posibilidad de la lucha legal dentro de las condiciones burguesas. Lo importante, como lo señala la Declaración de los 81 Partidos¹. En relación con la forma que han de adoptar los movimientos revolucionarios luego de tomar el poder, surgen cuestiones de interpretación muy interesantes. Caracterizando la época, la Declaración de los 81 Partidos dice: Nuestra época, cuyo contenido fundamental lo constituye el paso del capitalismo al socialismo, iniciado por la Gran Revolución Socialista de Octubre, es la época de la lucha de dos sistemas sociales diametralmente opuestos; la época de las revoluciones socialistas y de las revoluciones de liberación nacional; la época del hundimiento del imperialismo, de la liquidación del sistema colonial, la época del paso de más y más pueblos al camino socialista; la época del triunfo del socialismo y del comunismo en escala universal. El principal rasgo de nuestra época consiste en que el sistema socialista mundial se va convirtiendo en el factor decisivo del desarrollo de la sociedad humana. Se establece que, aún cuando es muy importante la lucha por la liberación de los pueblos, lo que caracteriza el momento actual es el tránsito del capitalismo al socialismo. En todos los continentes explotados existen países en los cuales los regímenes sociales han alcanzado distinto grado de desarrollo, pero casi todos ellos presentan la característica de tener fuertes estratos sociales de carácter feudal y gran dependencia de capitales foráneos. Lógico seria pensar que en la lucha por la liberación, siguiendo la escala natural del desarrollo, se llegara a gobiernos de democracia nacional con predominio más o menos acentuado de las burguesías y, de hecho, esto ha ocurrido en muchos casos. Sin embargo, aquellos pueblos que han debido recurrir a la fuerza para lograr su independencia han avanzado más en el camino de las reformas sociales y muchos de ellos han entrado al socialismo. Cuba y Argelia son los últimos ejemplos palpables de los efectos de la lucha armada en el desarrollo de las transformaciones sociales. Si llegamos a la conclusión de que en América la vía pacífica está casi liquidada como posibilidad, podemos apuntar que es muy probable que el resultado de las revoluciones triunfantes en esta región del mundo dará por resultado regímenes de estructura socialista. Para llegar a esto correrán ríos de sangre. Argelia, que aún no ha restañado sus heridas, el Vietnam que sigue sangrando, Angola, luchando brava y solitariamente por su independencia, Venezuela, cuyos patriotas hermanados con la causa cubana han demostrado en estos días la más alta y expresiva forma de solidaridad con nuestra Revolución, Guatemala, en lucha difícil, subterránea casi, son ejemplos palpables. La sangre del pueblo es nuestro tesoro más sagrado, pero hay que derramarla para ahorrar más sangre en el futuro. En otros continentes se ha logrado la liberación frente al colonialismo y el establecimiento de regímenes burgueses más o menos sólidos. Esto se ha hecho sin violencia o casi sin ella, pero debe suponerse, siguiendo la lógica de los acontecimientos hasta el momento actual, que esta burguesía nacional en desarrollo constante, en un momento dado entra en contradicciones con otras capas de la población; al cesar el yugo del país opresor, cesara como fuerza revolucionaria y se transformará a su vez en clase explotadora, reanudándose el ciclo de las luchas sociales. Podrá o no avanzarse en este camino por vía pacífica, lo cierto es que indefectiblemente estarán frente a frente los dos grandes factores en pugna: los explotados y los explotadores. El dilema de nuestra época, en cuanto a la forma de tomar el poder, no ha escapado a la penetración de los imperialistas yanquis. Ellos también quieren `transito pacífico`. Están de acuerdo en liquidar las viejas estructuras feudales que todavía subsisten en América, y en aliarse a la parte más avanzada de las burguesías nacionales, realizando algunas reformas fiscales, algún tipo de reforma en el régimen de tenencia de la tierra, una moderada industrialización, referida preferentemente a artículos de consumo, con tecnología y materias primas importadas de los Estados Unidos. La fórmula perfeccionada consiste en que la burguesía nacional se alía con intereses extranjeros, crean juntos, en el país dado, industrias nuevas, obtienen para estas industrias ventajas arancelarias de tal tipo que permiten excluir totalmente la competencia de otros países imperialistas y las ganancias así obtenidas pueden sacarse del país al amparo de negligentes regulaciones de cambio. Mediante este sistema de explotación, novísimo y más inteligente, el propio país `nacionalista` se encarga de proteger los intereses de los Estados Unidos promulgando tarifas arancelarias que permitan una ganancia extra (la que los mismos norteamericanos reexportarán a su país) Naturalmente, los precios de venta del artículo, sin competencia alguna, son fijados por los monopolios. Todo esto esta reflejado en los proyectos de la Alianza para el Progreso, que no es otra cosa que el intento imperialista de detener el desarrollo de las condiciones revolucionarias de los pueblos mediante el sistema de repartir una pequeña cantidad de sus ganancias con las clases explotadoras criollas y convertirlas en aliados firmes contra las clases más, explotadas. Es decir, suprimir las contradicciones internas del régimen capitalista hasta el máximo posible. Como ya dijimos, no hay en América fuerzas capaces de intervenir en esta lucha económica, y por lo tanto, el juego del imperialismo es bastante simple. Queda como única posibilidad el desarrollo cada vez más impetuoso del mercado común europeo, bajo la dirección germana, que pudiera alcanzar la fuerza económica suficiente como para competir en estas latitudes con los capitales yanquis, pero el desarrollo de las contradicciones y su solución violenta en estos tiempos es tan rápida, tan eruptiva, que da la impresión de que América Serra mucho antes campo de batalla entre explotados y explotadores, que escenario de la lucha económica entre dos imperialismos. Vale decir: las intenciones de la Alianza para el Progreso no cristalizarán porque la conciencia de las masas y las condiciones objetivas han madurado demasiado para permitir tan ingenua trampa. Lo determinante en este momento es que el frente imperialismo-burguesía criolla es consistente. En las últimas votaciones de la O.E.A., no ha habido voces discordantes en los problemas fundamentales y sólo algunos gobiernos han tapado púdicamente sus desnudeces con el taparrabos de fórmulas legalistas sin denunciar nunca la esencia agresora, contraria a todo derecho, de estas resoluciones. El hecho de que Cuba tuviera cohetes atómicos, sirvió de pretexto para que todos se pusieran de parte de los Estados Unidos: Playa Girón no ha hecho el efecto contrario. Ellos saben bien que estas son armas defensivas, saben también quien es el agresor. Sucede que, aunque no lo digan, todos también conocen el verdadero peligro de la Revolución cubana. Los países más entregados y, por ende, más cínicos, hablan del peligro de la subversión cubana, y tienen razón. El peligro mayor que entraña la Revolución cubana esta en su ejemplo, en su divulgación revolucionaria, en que el Gobierno ha podido elevar el temple de este pueblo, dirigido por un líder de alcance mundial, a alturas pocas veces vistas en la historia. Es el ejemplo escalofriante de un pueblo que esta dispuesto a inmolarse atómicamente para que sus cenizas sirvan de cimiento a las sociedades nuevas y que, cuando se hace, sin consultarlo, un pacto por el cual se retiran los cohetes atómicos, no suspira de alivio, no da gracias por la tregua; salta a la palestra para dar su voz propia y única; su posición combatiente, propia y única, y más lejos, su decisión de lucha, aun cuando fuera solo, contra todos los peligros y contra la mismísima amenaza atómica del imperialismo yanqui. Esto hace vibrar a los pueblos. Ellos sienten el llamado de la nueva voz que surge de Cuba, más fuerte que todos los miedos, que todas las mentiras, que los prejuicios, que el hambre secular, que todos los garfios con que se quiere anudarlos. Es más fuerte que el temor a toda represalia, al castigo más bárbaro, a la muerte más cruel, a la opresión más bestial de los explotadores. Una voz nueva de timbres claros Y precisos ha sonado por todos los ámbitos de nuestra América. Esa ha sido nuestra misión y la hemos cumplido y la seguiremos cumpliendo con toda la decisión de nuestra convicción revolucionaria. Podría preguntarse: ¿Y éste es el único camino? ¿Y no se pueden aprovechar las contradicciones del campo imperialista, buscar el apoyo de sectores burgueses que han sido aherrojados, golpeados y humillados a veces por el imperialismo? ¿No se podría buscar una fórmula menos severa, menos autodestructiva que esta posición cubana? ¿ No se podría lograr, mediante la fuerza y la maniobra diplomática conjuntas, la supervivencia de Cuba? Nosotros decimos: frente a la fuerza bruta, la fuerza y la decisión; frente a quienes quieren destruirnos, no otra cosa que la voluntad de luchar hasta el último hombre por defendernos. Y esta fórmula es válida para la América entera; frente a quienes quieren de todas maneras detentar el poder contra la voluntad del pueblo, fuego y sangre hasta que el último explotador sea destruido. ¿Cómo realizar esta revolución en América? Demos la palabra a la Segunda Declaración de La Habana: En nuestros países se juntan las circunstancias de una industria subdesarrollada con un régimen agrario de carácter feudal. Es por eso que con todo lo duras que son las condiciones de vida de los obreros urbanos, la población rural vive aún en más horribles condiciones de opresión y explotación; pero es también, salvo excepciones el sector absolutamente mayoritario en proporción que a veces sobrepasa el 70% de las poblaciones latinoamericanas. Descontando los terratenientes que muchas veces residen en las ciudades, el resto de esa gran masa libra su sustento trabajando como peones en las haciendas por salarios misérrimos, o labran la tierra en condiciones de explotación que nada tienen que envidiar a la Edad Media. Estas circunstancias son las que determinan que en América Latina la población pobre del campo constituya una tremenda fuerza revolucionaria potencial. Los ejércitos, estructurados y equipados para la guerra convencional, que son las fuerzas en que se sustenta el poder de las clases explotadoras, cuando tienen que enfrentarse a la lucha irregular de los campesinos en el escenario natural de estos, resultan absolutamente impotentes; pierden los hombres por cada combatiente revolucionario que cae, y la desmoralización cunde rápidamente en ellos al tener que enfrentarse a un enemigo invisible que no les ofrece ocasión de lucir sus tácticas de academia y sus fanfarrias de guerra, de las que tanto alarde hacen para reprimir a los obreros y a los estudiantes en ciudades. La lucha inicial de reducidos núcleos combatientes se nutre incesantemente de nuevas fuerzas; el movimiento de masas comienza a desatarse, el viejo orden se resquebraja poco a poco en mil pedazos y es entonces el momento en que la clase obrera y las masas urbanas deciden la batalla. ¿Qué es lo que desde el comienzo mismo de la lucha de esos primeros núcleos los hace invencibles, independientemente del número, el poder y los recursos de sus enemigos? El apoyo del pueblo; y con ese apoyo de las masas contaran en grado cada vez mayor. Pero el campesinado es una clase que, por el estado de incultura en que lo mantienen y el aislamiento en que vive, necesita la dirección revolucionaria y política de la clase obrera y de los intelectuales revolucionarios, sin lo cual no podría por sí sola lanzarse a la lucha y conquistar la victoria. En las actuales condiciones históricas de América Latina, la burguesía nacional no puede encabezar la lucha antifeudal y antiimperialista. La experiencia demuestra que en nuestras naciones esa clase, aun cuando sus intereses son contradictorios con los del imperialismo yanqui, ha sido incapaz de enfrentarse a este, paralizada por el miedo a la revolución social y asustada por el clamor de las masas explotadas. Esto es lo que dice la Segunda Declaración de La Habana y es una especie de dictado de lo que ha de ser la revolución en América. No pensar en alianzas que no estén dirigidas absolutamente por la clase obrera; no pensar en colaboraciones con burgueses timoratos y traidores que destruyen las fuerzas en que se apoyaron para llegar al poder; las armas en manos del pueblo, las vastas comarcas de nuestra América como campo de acción, el campesinado luchando por su tierra, la emboscada, la muerte inmisericorde al opresor y, al darla, recibirla también y recibirla con honor de revolucionario, esto es lo que cuenta. Tal es el panorama de América, de un continente que se apresta a luchar, y que, cuanto más pronto empuñe las armas y cuanto más pronto esgrima los machetes sobre las cabezas de los terratenientes, de los industriales, de los banqueros, de los explotadores de todo tipo y de su cabeza visible, el ejército opresor, mejor será. Sobre si la táctica debe ser siempre la acción guerrillera o es dable realizar otras acciones como eje central de la lucha, se puede discutir largamente. Nosotros basamos nuestra oposición a usar otra táctica en América en dos argumentos: Primero: Aceptando como verdad que el enemigo luchará por mantenerse en el poder, hay que pensar en la destrucción del ejército opresor; para destruirlo hay que oponerle un ejército popular enfrente. Ese ejército no nace espontáneamente, tiene que armarse en el arsenal que brinda su enemigo, y esto condiciona una lucha dura y muy larga en la que las fuerzas populares y sus dirigentes estarían expuestos siempre al ataque de fuerzas superiores sin adecuadas condiciones de defensa y maniobrabilidad. En cambio, el núcleo guerrillero asentado en terreno favorable a la lucha, garantiza la seguridad y permanencia del mando revolucionario y las fuerzas urbanas, dirigidas desde el Estado Mayor del Ejército del Pueblo, pueden realizar acciones de incalculable importancia. La eventual destrucción de los grupos urbanos no haría morir el alma de la Revolución, su jefatura, que desde la fortaleza rural seguiría catalizando el espíritu revolucionario de las masas y organizando nuevas fuerzas para otras batallas. Segundo: El carácter continental de la lucha. ¿Podría concebirse esta nueva etapa de la emancipación de América como el cotejo de dos fuerzas locales luchando por el poder en un territorio dado? Evidentemente no, la lucha será a muerte entre todas las fuerzas populares y todas las fuerzas represivas. Los yanquis intervendrán, por solidaridad de intereses y porque la lucha en América es decisiva. Lo aran con todas sus fuerzas, además; castigarán a las fuerzas populares con todas las armas de destrucción a su alcance; no dejaran consolidarse al poder revolucionario y, si alguno llegara a hacerlo, volverán a atacar, no lo reconocerán, trataran de dividir las fuerzas revolucionarias, introducirán saboteadores de todo tipo, intentaran ahogar económicamente al nuevo Estado, aniquilarlo, en una palabra. Dado este panorama americano, consideramos difícil que la victoria se logre en un país aislado. A la unión de las fuerzas represivas debe contestarse con la unión de las fuerzas populares. En todos los países en que la opresión llega a niveles insostenibles, debe alzarse la bandera de la rebelión y esta bandera tendrá, par necesidad histórica, caracteres continentales. La Cordillera de los Andes está llamada a ser la Sierra Maestra de América, como dijera Fidel, y todos los inmensos territorios que abarca este continente están llamados a ser escenarios de la lucha a muerte contra el poder imperialista. No podemos decir cuando alcanzara estas características continentales, ni cuanto tiempo durara la lucha, pero podemos predecir su advenimiento porque es hija de circunstancias históricas, económicas, políticas, y su rumbo no se puede torcer. Frente a esta táctica y estrategia continentales, se lanzan algunas formulas limitadas: luchas electorales de menor cuantía, algún avance electoral, por aquí; dos diputados, un senador, cuatro alcaldías; una gran manifestación popular que es disuelta a tiros; una elección que se pierde por menos votos que la anterior; una huelga que se gana, diez que se pierden; un paso que se avanza, diez que se retroceden; una victoria sectorial por aquí, diez derrotas por allá. Y, en el momento preciso, se cambian las reglas del juego y hay que volver a empezar. ¿Por qué estos planteamientos? ¿Por qué esta dilapidación de las energías populares? Por una sola razón. En las fuerzas progresistas de algunos países de América existe una confusión terrible entre objetivos tácticos y estratégicos; en pequeñas posiciones tácticas se ha querido ver grandes objetivos estratégicos. Hay que atribuir a la inteligencia de la reacción el que haya logrado hacer de estas mínimas posiciones defensivas el objetivo fundamental de su enemigo de clase. En los lugares donde ocurren estas equivocaciones tan graves, el pueblo apronta sus legiones año tras año para conquistas que le cuestan inmensos sacrificios y que no tienen el más mínimo valor. Son pequeñas colinas dominadas por el fuego de la artillería enemiga. La colina parlamento, la colina legalidad, la colina huelga económica legal, la colina aumento de salarios, la colina constitución burguesa, la colina liberación de un héroe popular… Y lo peor de todo es que para ganar estar posiciones hay que intervenir en el juego político del estado burgués y para lograr el permiso de actuar en este peligroso juego, hay que demostrar que se puede estar dentro de la legalidad burguesa. Hay que demostrar que se es bueno, que no se es peligroso, que no se le ocurrirá a nadie asaltar cuarteles, ni trenes, ni destruir puentes, ni ajusticiar esbirros, ni torturadores, ni alzarse en las montañas, ni levantar con puño fuerte y definitivo la única y violenta afirmación de América: la lucha final por su redención. Contradictorio cuadro el de América; dirigencias de fuerzas progresistas que no están a la altura de los dirigidos; pueblos que alcanzan alturas desconocidas; pueblos que hierven en deseos de hacer y dirigencias que frenan sus deseos. La hecatombe asomada a estos territorios de América y el pueblo sin miedo, tratando de avanzar hacia la hecatombe, que significará, sin embargo, la redención definitiva. Los inteligentes, los sensatos, aplicando los frenos a su alcance al ímpetu de las masas, desviando su incontenible afán de lograr las grandes conquistas estratégicas: la toma del poder político, el aniquilamiento del ejército, del sistema de explotación del hombre por el hombre. Contradictorio, pero esperanzador, las masas saben que `el papel de Job no cuadra con el de un revolucionario` y se aprestan a la batalla. ¿Seguirá el imperialismo perdiendo una a una sus posiciones o lanzará, bestial, como lo amenazó hace poco, un ataque nuclear que incendie al mundo en una hoguera atómica? No lo podemos decir. Lo que afirmamos es que tenemos que caminar par el sendero de la liberación, aún cuando este cueste millones de victimas atómicas, porque en la lucha a muerte entre dos sistemas, no puede pensarse en otra cosa que la victoria definitiva del socialismo, o su retroceso bajo la victoria nuclear de la agresión imperialista. Cuba está al borde de la invasión; está amenazada por las fuerzas más potentes del imperialismo mundial y por ende, por la muerte atómica. Desde su trinchera que no admite retroceso lanza a América su definitivo llamado al combate; combate que no se decidirá en una hora o en unos minutos de batalla terrible, que podrá definirse en años de agotadores encuentros en todos los rincones del continente, en medio de atroces sufrimientos. El ataque de las fuerzas imperialistas y de las burguesías aliadas, pondrá una y otra vez a los movimientos populares al borde de la destrucción, pero surgirán siempre renovados por la fuerza del pueblo hasta el instante de la total liberación. Desde aquí, desde su trinchera solitaria de vanguardia, nuestro pueblo hace oír su voz. No es el canto del cisne de una revolución en derrota, es un himno revolucionario destinado a eternizarse en los labios de los combatientes de América. Tiene resonancias de historia. Octubre-noviembre, 1962.
[Verde Olivo, 6 de octubre de 1968]
El socialismo y el hombre en Cuba Ernesto Che Guevara
Fogoneros – 01.09.08
El socialismo y el hombre en Cuba (1965) Este artículo fue escrito en forma de carta a Carlos Quijano, editor de Marcha, un semanario publicado en Montevideo, Uruguay el 12 de marzo de 1965. Estimado compañero:[29] Acabo estas notas en viaje por el África[30], animado del deseo de cumplir, aunque tardíamente, mi promesa. Quisiera hacerlo tratando el tema del título. Creo que pudiera ser interesante para los lectores uruguayos. Es común escuchar de boca de los voceros capitalistas, como un argumento en la lucha ideológica contra el socialismo, la afirmación de que este sistema social o el período de construcción del socialismo al que estamos nosotros abocados, se caracteriza por la abolición del individuo en aras del Estado. No pretenderé refutar esta afirmación sobre una base meramente teórica, sino establecer los hechos tal cual se viven en Cuba y agregar comentarios de índole general. Primero esbozaré a grandes rasgos la historia de nuestra lucha revolucionaria antes y después de la toma del poder. Como es sabido, la fecha precisa en que se iniciaron las acciones revolucionarias que culminaron el primero de enero de 1959, fue el 26 de julio de 1953. Un grupo de hombres dirigidos por Fidel Castro atacó la madrugada de ese día el cuartel Moncada, en la provincia de Oriente. El ataque fue un fracaso, el fracaso se transformó en desastre y los sobrevivientes fueron a parar a la cárcel, para reiniciar, luego de ser amnistiados, la lucha revolucionaria. Durante este proceso, en el cual solamente existían gérmenes de socialismo, el hombre era un factor fundamental. En él se confiaba, individualizado, específico, con nombre y apellido, y de su capacidad de acción dependía el triunfo o el fracaso del hecho encomendado. Llegó la etapa de la lucha guerrillera. Esta se desarrolló en dos ambientes distintos: el pueblo, masa todavía dormida a quien había que movilizar, y su vanguardia, la guerrilla, motor impulsor del movimiento, generador de conciencia revolucionaria y de entusiasmo combativo. Fue esta vanguardia el agente catalizador, el que creó las condiciones subjetivas necesarias para la victoria. También en ella, en el marco del proceso de proletarización de nuestro pensamiento, de la revolución que se operaba en nuestros hábitos, en nuestras mentes, el individuo fue el factor fundamental. Cada uno de los combatientes de la Sierra Maestra que alcanzara algún grado superior en las fuerzas revolucionarias, tiene una historia de hechos notables en su haber. En base a estos lograba sus grados. Fue la primera época heroica en la cual se disputaban por lograr un cargo de mayor responsabilidad, de mayor peligro, sin otra satisfacción que el cumplimiento del deber. En nuestro trabajo de educación revolucionaria volvemos a menudo sobre este tema aleccionador. En la actitud de nuestros combatientes se vislumbraba al hombre del futuro.[31] En otras oportunidades de nuestra historia se repitió el hecho de la entrega total a la causa revolucionaria. Durante la Crisis de [los mísiles, 1962] Octubre o en los días del ciclón Flora [en octubre de 1963], vimos actos de valor y sacrificio excepcionales realizados por todo un pueblo.[32] Encontrar la fórmula para perpetuar en la vida cotidiana esa actitud heroica, es una de nuestras tareas fundamentales desde el punto de vista ideológico. En enero de 1959 se estableció el Gobierno Revolucionario con la participación en él de varios miembros de la burguesía entreguista. La presencia del Ejército Rebelde constituía la garantía del poder, como factor fundamental de fuerza. Se produjeron enseguida contradicciones serias, resueltas, en primera instancia, en febrero del 59, cuando Fidel Castro asumió la jefatura del Gobierno con el cargo de Primer Ministro. Culminaba el proceso en julio del mismo año, al renunciar el presidente Urrutia ante la presión de las masas.[33] Aparecía en la historia de la Revolución cubana, ahora con caracteres nítidos, un personaje que se repetirá sistemáticamente: la masa. Este ente multifacético no es, como se pretende, la suma de elementos de la misma categoría (reducidos a la misma categoría, además, por el sistema impuesto), que actúa como un manso rebaño. Es verdad que sigue sin vacilar a sus dirigentes, fundamentalmente a Fidel Castro, pero el grado en que él ha ganado esa confianza responde precisamente a la interpretación cabal de los deseos del pueblo, de sus aspiraciones, y a la lucha sincera por el cumplimiento de las promesas hechas. Participación de las masas La masa participó en la Reforma Agraria y en el difícil empeño de la administración de las empresas estatales[34]; pasó por la experiencia heroica de Playa Girón[35]; se forjó en la lucha contra las distintas bandas de bandidos armadas por la CIA; vivió una de las definiciones más importantes de los tiempos modernos en la Crisis de [los Mísiles] Octubre y sigue hoy trabajando en la construcción del socialismo. Vistas las cosas desde un punto de vista superficial, pudiera parecer que tienen razón aquellos que hablan de la supeditación del individuo al Estado; la masa realiza con entusiasmo y disciplina sin iguales las tareas que el gobierno fija, ya sean de índole económica, cultural, de defensa, deportiva, etcétera. La iniciativa parte en general de Fidel o del alto mando de la Revolución y es explicada al pueblo que la toma como suya. Otras veces, experiencias locales se toman por el Partido y el Gobierno para hacerlas generales, siguiendo el mismo procedimiento. Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar. Así sucedió en marzo de 1962 ante la política sectaria impuesta al Partido por Aníbal Escalante.[36] Es evidente que el mecanismo no basta para asegurar una sucesión de medidas sensatas y que falta una conexión más estructurada con la masa. Debemos mejorarlo durante el curso de los próximos años, pero, en el caso de las iniciativas surgidas en los estratos superiores del Gobierno utilizamos por ahora el método casi intuitivo de auscultar las reacciones generales frente a los problemas planteados. Maestro en ello es Fidel, cuyo particular modo de integración con el pueblo solo puede apreciarse viéndole actuar. En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor. Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto, coronado por nuestro grito de lucha y de victoria. Lo difícil de entender para quien no viva la experiencia de la Revolución es esa estrecha unidad dialéctica existente entre el individuo y la masa, donde ambos se interrelacionan y, a su vez la masa, como conjunto de individuos, se interrelaciona con los dirigentes. Las invisibles leyes del capitalismo En el capitalismo se pueden ver algunos fenómenos de este tipo cuando aparecen políticos capaces de lograr la movilización popular, pero si no se trata de un auténtico movimiento social, en cuyo caso no es plenamente lícito hablar de capitalismo, el movimiento vivirá lo que la vida de quien lo impulse o hasta el fin de las ilusiones populares, impuesto por el rigor de la sociedad capitalista. En ésta, el hombre está dirigido por un frío ordenamiento que, habitualmente, escapa al dominio de su comprensión. El ejemplar humano, enajenado, tiene un invisible cordón umbilical que le liga a la sociedad en su conjunto: la ley del valor.[37] Ella actúa en todos los aspectos de su vida, va modelando su camino y su destino. Las leyes del capitalismo, invisibles para el común de las gentes y ciegas, actúan sobre el individuo sin que éste se percate. Solo ve la amplitud de un horizonte que aparece infinito. Así lo presenta la vida capitalista que pretende extraer del caso Rockefeller[38] —verídico o no— , una lección sobre las posibilidades de éxito. La miseria que es necesario acumular para que surja un ejemplo así y la suma de ruindades que conlleva una fortuna de esa magnitud no aparecen en el cuadro y no siempre es posible a las fuerzas populares aclarar estos conceptos. (Cabría aquí la disquisición sobre cómo en los países imperialistas los obreros van perdiendo su espíritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotación de los países dependientes y cómo este hecho, al mismo tiempo, lima el espíritu de lucha de las masas en el propio país, pero ese es un tema que sale de la intención de estas notas.) El individuo y el socialismo De todos modos, se muestra el camino con escollos que, aparentemente, un individuo con las cualidades necesarias puede superar para llegar a la meta. El premio se avizora en la lejanía; el camino es solitario. Además, es una carrera de lobos: solamente se puede llegar sobre el fracaso de otros. Intentaré, ahora, definir al individuo, actor de ese extraño y apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble existencia de ser único y miembro de la comunidad. Creo que lo más sencillo es reconocer su cualidad de no hecho, de producto no acabado. Las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas.[39] El proceso es doble, por una lado actúa la sociedad con su educación directa e indirecta, por otro, el individuo se somete a un proceso consciente de autoeducación. La nueva sociedad en formación tiene que competir muy duramente con el pasado. Esto se hace sentir no solo en la conciencia individual, en la que pesan los residuos de una educación sistemáticamente orientada al aislamiento del individuo, sino también por el carácter mismo de este período de transición con persistencia de las relaciones mercantiles. La mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia. En el esquema de Marx se concebía el período de transición como resultado de la transformación explosiva del sistema capitalista destrozado por sus contradicciones; en la realidad posterior se ha visto cómo se desgajan del árbol imperialista algunos países que constituyen las ramas débiles, fenómeno previsto por Lenin. En éstos, el capitalismo se ha desarrollado lo suficiente como para hacer sentir sus efectos, de un modo u otro, sobre el pueblo, pero no son sus propias contradicciones las que, agotadas todas la posibilidades, hacen saltar el sistema. La lucha de liberación contra un opresor externo, la miseria provocada por accidentes extraños, como la guerra, cuyas consecuencias hacen recaer las clases privilegiadas sobre los explotados, los movimientos de liberación destinados a derrocar regímenes neocoloniales, son los factores habituales de desencadenamiento. La acción consciente hace el resto. En estos países no se ha producido todavía una educación completa para el trabajo social y la riqueza dista de estar al alcance de las masas mediante el simple proceso de apropiación. El subdesarrollo por un lado y la habitual fuga de capitales hacia países “civilizados” por otro, hacen imposible un cambio rápido y sin sacrificios.[40] Resta un gran tramo a recorrer en la construcción de la base económica y la tentación de seguir los caminos trillados del interés material, como palanca impulsora de un desarrollo acelerado, es muy grande. Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entretanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo. Nuevo sentido de conciencia De allí que sea tan importante elegir correctamente el instrumento de movilización de las masas. Ese instrumento debe ser de índole moral, fundamentalmente, sin olvidar una correcta utilización del estímulo material, sobre todo de naturaleza social.[41] Como ya dije, en momento de peligro extremo es fácil potenciar los estímulos morales; para mantener su vigencia, es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela. Las grandes líneas del fenómeno son similares al proceso de formación de la conciencia capitalista en su primera época. El capitalismo recurre a la fuerza, pero, además, educa a la gente en el sistema. La propaganda directa se realiza por los encargados de explicar la ineluctabilidad de un régimen de clase, ya sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente mecánico. Esto aplaca a las masas que se ven oprimidas por un mal contra el cual no es posible la lucha. A continuación viene la esperanza, y en esto se diferencia de los anteriores regímenes de casta que no daban salida posible. Para algunos continuará vigente todavía la fórmula de casta: el premio a los obedientes consiste en el arribo, después de la muerte, a otros mundos maravillosos donde los buenos son premiados, con lo que sigue la vieja tradición. Para otros, la innovación: la separación en clases es fatal, pero los individuos pueden salir de aquella a que pertenecen mediante el trabajo, la iniciativa, etcétera. Este proceso, y el de autoeducación para el triunfo, deben ser profundamente hipócritas: es la demostración interesada de que una mentira es verdad. En nuestro caso, la educación directa adquiere una importancia mucho mayor.[42] La explicación es convincente porque es verdadera; no precisa de subterfugios. Se ejerce a través del aparato educativo del Estado en función de la cultura general, técnica e ideológica, por medio de organismos tales como el Ministerio de Educación y el aparato de divulgación del Partido. La educación prende en las masas y la nueva actitud preconizada tiende a convertirse en hábito; la masa la va haciendo suya y presiona a quienes no se han educado todavía. Esta es la forma indirecta de educar a las masas, tan poderosa como aquella otra. Consciente proceso de autoeducación Pero el proceso es consciente; el individuo recibe continuamente el impacto del nuevo poder social y percibe que no está completamente adecuado a él. Bajo el influjo de la presión que supone la educación indirecta, trata de acomodarse a una situación que siente justa y cuya propia falta de desarrollo le ha impedido hacerlo hasta ahora. Se autoeduca. En este período de construcción del socialismo podemos ver el hombre nuevo que va naciendo. Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas. Descontando aquellos cuya falta de educación los hace tender al camino solitario, a la autosatisfacción de sus ambiciones, los hay que dentro de este nuevo panorama de marcha conjunta, tienen tendencia a caminar aislados de la masa que acompañan. Lo importante es que los hombres van adquiriendo cada día más conciencia de la necesidad de su incorporación a la sociedad y, al mismo tiempo, de su importancia como motores de la misma. Ya no marchan completamente solos, por veredas extraviadas, hacia lejanos anhelos. Siguen a su vanguardia, constituida por el Partido, por los obreros de avanzada, por los hombres de avanzada que caminan ligados a las masas y en estrecha comunión con ellas.[43] Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero ésta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista. El camino es largo y lleno de dificultades. A veces, por extraviar la ruta, hay que retroceder; otras, por caminar demasiado aprisa, nos separamos de las masas; en ocasiones por hacerlo lentamente, sentimos el aliento cercano de los que nos pisan los talones. En nuestra ambición de revolucionarios tratamos de caminar tan aprisa como sea posible, abriendo caminos, pero sabemos que tenemos que nutrirnos de la masa y que ésta solo podrá avanzar más rápido si la alentamos con nuestro ejemplo. A pesar de la importancia dada a los estímulos morales, el hecho de que exista la división en dos grupos principales (excluyendo, claro está, a la fracción minoritaria de los que no participan, por una razón u otra, en la construcción del socialismo), indica la relativa falta de desarrollo de la conciencia social. El grupo de vanguardia es ideológicamente más avanzado que la masa; ésta conoce los valores nuevos, pero insuficientemente. Mientras en los primeros se produce un cambio cualitativo que les permite ir al sacrificio en su función de avanzada, los segundos solo ven a medias y deben ser sometidos a estímulos y presiones de cierta intensidad; es la dictadura del proletariado ejerciéndose no solo sobre la clase derrotada, sino también, individualmente, sobre la clase vencedora. Todo esto entraña, para su éxito total, la necesidad de una serie de mecanismos, las instituciones revolucionarias.[44] En la imagen de las multitudes marchando hacia el futuro, encaja el concepto de institucionalización como el de un conjunto armónico de canales, escalones, represas, aparatos bien aceitados que permitan esa marcha, que permitan la selección natural de los destinados a caminar en la vanguardia y que adjudiquen el premio y el castigo a los que cumplen o atenten contra la sociedad en construcción. Institucionalización de la revolución Esta institucionalidad de la Revolución todavía no se ha logrado. Buscamos algo nuevo que permita la perfecta identificación entre el Gobierno y la comunidad en su conjunto, ajustada a las condiciones peculiares de la construcción del socialismo y huyendo al máximo de los lugares comunes de la democracia burguesa, trasplantados a la sociedad en formación (como las cámaras legislativas, por ejemplo). Se han hecho algunas experiencias dedicadas a crear paulatinamente la institucionalización de la Revolución, pero sin demasiada prisa. El freno mayor que hemos tenido ha sido el miedo a que cualquier aspecto formal nos separe de las masas y del individuo, nos haga perder de vista la última y más importante ambición revolucionaria que es ver al hombre liberado de su enajenación. No obstante la carencia de instituciones, lo que debe superarse gradualmente, ahora las masas hacen la historia como el conjunto consciente de individuos que luchan por una misma causa. El hombre, en el socialismo, a pesar de su aparente estandarización, es más completo; a pesar de la falta del mecanismo perfecto para ello, su posibilidad de expresarse y hacerse sentir en el aparato social es infinitamente mayor. Todavía es preciso acentuar su participación consciente, individual y colectiva, en todos los mecanismos de dirección y producción y ligarla a la idea de la necesidad de la educación técnica e ideológica, de manera que sienta cómo estos procesos son estrechamente interdependientes y sus avances son paralelos. Así logrará la total conciencia de su ser social, lo que equivale a su realización plena como criatura humana, rotas las cadenas de la enajenación. Esto se traducirá concretamente en la reapropiación de su naturaleza a través del trabajo liberado y la expresión de su propia condición humana a través de la cultura y el arte. Nueva condición del trabajo Para que se desarrolle en la primera, el trabajo debe adquirir una condición nueva[45]; la mercancía-hombre cesa de existir y se instala un sistema que otorga una cuota por el cumplimiento del deber social. Los medios de producción pertenecen a la sociedad y la máquina es sólo la trinchera donde se cumple el deber. El hombre comienza a liberar su pensamiento del hecho enojoso que suponía la necesidad de satisfacer sus necesidades animales mediante el trabajo. Empieza a verse retratado en su obra y a comprender su magnitud humana a través del objeto creado, del trabajo realizado. Esto ya no entraña dejar una parte de su ser en forma de fuerza de trabajo vendida, que no le pertenece más, sino que significa una emanación de sí mismo, un aporte a la vida común en que se refleja; el cumplimiento de su deber social. Hacemos todo lo posible por darle al trabajo esta nueva categoría de deber social y unirlo al desarrollo de la técnica, por un lado, lo que dará condiciones para una mayor libertad, y al trabajo voluntario por otro, basados en la apreciación marxista de que el hombre realmente alcanza su plena condición humana cuando produce sin la compulsión de la necesidad física de venderse como mercancía. Claro que todavía hay aspectos coactivos en el trabajo, aun cuando sea voluntario; el hombre no ha transformado toda la coerción que lo rodea en reflejo condicionado de naturaleza social y todavía produce, en muchos casos, bajo la presión del medio (compulsión moral, la llama Fidel).Todavía le falta el lograr la completa recreación espiritual ante su propia obra, sin la presión directa del medio social, pero ligado a él por los nuevos hábitos. Esto será el comunismo. El cambio no se produce automáticamente en la conciencia, como no se produce tampoco en la economía. Las variaciones son lentas y no son rítmicas; hay períodos de aceleración, otros pausados e incluso, de retroceso. Debemos considerar, además, como apuntáramos antes, que no estamos frente al período de transición puro, tal como lo viera Marx en la Crítica del Programa de Gotha, sino a una nueva fase no prevista por él; primer período de transición del comunismo o de la construcción del socialismo. Este transcurre en medio de violentas luchas de clase y con elementos de capitalismo en su seno que oscurecen la comprensión cabal de su esencia.[46] Si a esto se agrega el escolasticismo que ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista e impedido el tratamiento sistemático del período, cuya economía política no se ha desarrollado, debemos convenir en que todavía estamos en pañales y es preciso dedicarse a investigar todas las características primordiales del mismo antes de elaborar una teoría económica y política de mayor alcance. La teoría que resulte dará indefectiblemente preeminencia a los dos pilares de la construcción: la formación del hombre nuevo y el desarrollo de la técnica. En ambos aspectos nos falta mucho por hacer, pero es menos excusable el atraso en cuanto a la concepción de la técnica como base fundamental, ya que aquí no se trata de avanzar a ciegas sino de seguir durante un buen tramo el camino abierto por los países más adelantados del mundo. Por ello Fidel machaca con tanta insistencia sobre la necesidad de la formación tecnológica y científica de todo nuestro pueblo y más aún, de su vanguardia. Individualismo En el campo de las ideas que conducen a actividades no productivas, es más fácil ver la división entre necesidad material y espiritual. Desde hace mucho tiempo el hombre trata de liberarse de la enajenación mediante la cultura y el arte. Muere diariamente las ocho y más horas en que actúa como mercancía para resucitar en su creación espiritual. Pero este remedio porta los gérmenes de la misma enfermedad: es un ser solitario el que busca comunión con la naturaleza. Defiende su individualidad oprimida por el medio y reacciona ante las ideas estéticas como un ser único cuya aspiración es permanecer inmaculado. Se trata solo de un intento de fuga. La ley del valor no es ya un mero reflejo de las relaciones de producción; los capitalistas monopolistas la rodean de un complicado andamiaje que la convierte en una sierva dócil, aun cuando los métodos que emplean sean puramente empíricos. La superestructura impone un tipo de arte en el cual hay que educar a los artistas. Los rebeldes son dominados por la maquinaria y solo los talentos excepcionales podrán crear su propia obra. Los restantes devienen asalariados vergonzantes o son triturados. Se inventa la investigación artística a la que se da como definitoria de la libertad, pero esta “investigación” tiene sus límites, imperceptibles hasta el momento de chocar con ellos, vale decir, de plantearse los reales problemas del hombre y su enajenación. La angustia sin sentido o el pasatiempo vulgar constituyen válvulas cómodas a la inquietud humana; se combate la idea de hacer del arte un arma de denuncia. Si se respetan las leyes del juego se consiguen todos los honores; los que podría tener un mono al inventar piruetas. La condición es no tratar de escapar de la jaula invisible. Nuevo impulso a la investigación artística Cuando la Revolución tomó el poder se produjo el éxodo de los domesticados totales; los demás, revolucionarios o no, vieron un camino nuevo. La investigación artística cobró nuevo impulso. Sin embargo, las rutas estaban más o menos trazadas y el sentido del concepto fuga se escondió tras la palabra libertad. En los propios revolucionarios se mantuvo muchas veces esta actitud, reflejo del idealismo burgués en la conciencia. En países que pasaron por un proceso similar se pretendió combatir estas tendencias con un dogmatismo exagerado. La cultura general se convirtió casi en un tabú y se proclamó súmmun de la aspiración cultural una representación formalmente exacta de la naturaleza, convirtiéndose ésta, luego, en una representación mecánica de la realidad social que se quería hacer ver; la sociedad ideal, casi sin conflictos ni contradicciones, que se buscaba crear. El socialismo es joven y tiene errores. Los revolucionarios carecemos, muchas veces, de los conocimientos y la audacia intelectual necesarios para encarar la tarea del desarrollo de un hombre nuevo por métodos distintos a los convencionales y los métodos convencionales sufren de la influencia de la sociedad que los creó. (Otra vez se plantea el tema de la relación entre forma y contenido). La desorientación es grande y los problemas de la construcción material nos absorben. No hay artistas de gran autoridad que, a su vez, tengan gran autoridad revolucionaria. Los hombres del Partido deben tomar esa tarea entre las manos y buscar el logro del objetivo principal: educar al pueblo. Se busca entonces la simplificación, lo que entiende todo el mundo, que es lo que entienden los funcionarios. Se anula la auténtica investigación artística y se reduce el problema de la cultura general a una apropiación del presente socialista y del pasado muerto (por tanto, no peligroso). Así nace el realismo socialista sobre las bases del arte del siglo pasado.[47] Pero el arte realista del siglo XIX, también es de clase, más puramente capitalista, quizás, que este arte decadente del siglo XX, donde se transparenta la angustia del hombre enajenado. El capitalismo en cultura ha dado todo de sí y no queda de él sino el anuncio de un cadáver maloliente; en arte, su decadencia de hoy. Pero, ¿por qué pretender buscar en las formas congeladas del realismo socialista la única receta válida? No se puede oponer al realismo socialista “la libertad”, porque ésta no existe todavía, no existirá hasta el completo desarrollo de la sociedad nueva; pero no se pretenda condenar a todas las formas de arte posteriores a la primera mitad del siglo XIX desde el trono pontificio del realismo a ultranza, pues se caería en un error proudhoniano de retorno al pasado, poniéndole camisa de fuerza a la expresión artística del hombre que nace y se construye hoy. Falta el desarrollo de un mecanismo ideológico-cultural que permita la investigación y desbroce la mala hierba, tan fácilmente multiplicable en el terreno abonado de la subvención estatal. En nuestro país, el error del mecanismo realista no se ha dado, pero sí otro de signo contrario. Y ha sido por no comprender la necesidad de la creación del hombre nuevo, que no sea el que represente las ideas del siglo XIX, pero tampoco las de nuestro siglo decadente y morboso. El hombre del siglo XXI es el que debemos crear, aunque todavía es una aspiración subjetiva y no sistematizada. Precisamente éste es uno de los puntos fundamentales de nuestro estudio y de nuestro trabajo y en la medida en que logremos éxitos concretos sobre una base teórica o, viceversa, extraigamos conclusiones teóricas de carácter amplio sobre la base de nuestra investigación concreta, habremos hecho un aporte valioso al marxismo-leninismo, a la causa de la humanidad. La reacción contra el hombre del siglo XIX nos ha traído la reincidencia en el decadentismo del siglo XX; no es un error demasiado grave, pero debemos superarlo, so pena de abrir un ancho cauce al revisionismo. Las grandes multitudes se van desarrollando, las nuevas ideas van alcanzando adecuado ímpetu en el seno de la sociedad, las posibilidades materiales de desarrollo integral de absolutamente todos sus miembros, hacen mucho más fructífera la labor. El presente es de lucha; el futuro es nuestro. Nueva generación revolucionaria Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas concepciones vendrán libres del pecado original. Las probabilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni becarios que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo. En nuestra sociedad, juegan un gran papel la juventud y el Partido.[48] Particularmente importante es la primera, por ser la arcilla maleable con que se puede construir al hombre nuevo sin ninguna de las taras anteriores. Ella recibe un trato acorde con nuestras ambiciones. Su educación es cada vez más completa y no olvidamos su integración al trabajo desde los primeros instantes. Nuestros becarios hacen trabajo físico en sus vacaciones o simultáneamente con el estudio. El trabajo es un premio en ciertos casos, un instrumento de educación, en otros, jamás un castigo. Una nueva generación nace. El Partido es una organización de vanguardia. Los mejores trabajadores son propuestos por sus compañeros para integrarlo. Éste es minoritario pero de gran autoridad por la calidad de sus cuadros. Nuestra aspiración es que el Partido sea de masas, pero cuando las masas hayan alcanzado el nivel de desarrollo de la vanguardia, es decir, cuando estén educados para el comunismo. Y a esa educación va encaminado el trabajo. El Partido es el ejemplo vivo; sus cuadros deben dictar cátedras de laboriosidad y sacrificio, deben llevar, con su acción, a las masas, al fin de la tarea revolucionaria, lo que entraña años de duro bregar contra las dificultades de la construcción, los enemigos de clase, las lacras del pasado, el imperialismo… El papel del individuo Quisiera explicar ahora el papel que juega la personalidad, el hombre como individuo dirigente de las masas que hacen la historia. Es nuestra experiencia, no una receta. Fidel dio a la Revolución el impulso en los primeros años, la dirección[49], la tónica siempre, pero hay un buen grupo de revolucionarios que se desarrollan en el mismo sentido que el dirigente máximo y una gran masa que sigue a sus dirigentes porque les tiene fe; y les tiene fe, porque ellos han sabido interpretar sus anhelos. No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior pueden comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad. El individuo de nuestro país sabe que la época gloriosa que le toca vivir es de sacrificio; conoce el sacrificio. Los primeros lo conocieron en la Sierra Maestra y dondequiera que se luchó; después lo hemos conocido en toda Cuba. Cuba es la vanguardia de América y debe hacer sacrificios porque ocupa el lugar de avanzada, porque indica a las masas de América Latina el camino de la libertad plena. Dentro del país, los dirigentes tienen que cumplir su papel de vanguardia; y, hay que decirlo con toda sinceridad, en una revolución verdadera, a la que se le da todo, de la cual no se espera ninguna retribución material, la tarea del revolucionario de vanguardia es a la vez magnífica y angustiosa. Amor por la humanidad Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizás sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita. Los dirigentes de la Revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la Revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de Revolución. No hay vida fuera de ella. En esas condiciones, hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización. El revolucionario, motor ideológico de la Revolución dentro de su Partido, se consume en esa actividad ininterrumpida que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber pero también es una necesidad revolucionaria. Así educamos a nuestro pueblo. Peligros del dogmatismo Claro que hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No solo el del dogmatismo, no solo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran carrera; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falta determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción. En nuestro caso hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario. Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna —no nos avergüenza ni nos intimida el decirlo— va Fidel, después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente, tan cerca que se siente su enorme fuerza, va el pueblo en su conjunto; sólida armazón de individualidades que caminan hacia un fin común; individuos que han alcanzado la conciencia de lo que es necesario hacer; hombres que luchan por salir del reino de la necesidad y entrar al de la libertad. Esa inmensa muchedumbre se ordena; su orden responde a la conciencia de la necesidad del mismo; ya no es fuerza dispersa, divisible en miles de fracciones disparadas al espacio como fragmentos de granada, tratando de alcanzar por cualquier medio, en lucha reñida con sus iguales, una posición, algo que permita apoyo frente al futuro incierto. Sabemos que hay sacrificios delante nuestro y que debemos pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación. Nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América.[50] Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte. Permítanme intentar unas conclusiones[51]: Nosotros, socialistas, somos más libres porque somos más plenos; somos más plenos por ser más libres. El esqueleto de nuestra libertad completa está formado, falta la sustancia proteica y el ropaje; los crearemos. Nuestra libertad y su sostén cotidiano tienen color de sangre y están henchidos de sacrificio. Nuestro sacrificio es consciente; cuota para pagar la libertad que construimos. El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica. La personalidad juega el papel de movilización y dirección en cuanto que encarna las más altas virtudes y aspiraciones del pueblo y no se separa de la ruta. Quien abre el camino es el grupo de vanguardia, los mejores entre los buenos, el Partido. La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud: en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera. Si esta carta balbuceante aclara algo, ha cumplido el objetivo con que la mando. Reciba nuestro saludo ritual, como un apretón de manos o un “Ave María Purísima”. Patria o muerte. NOTAS 29. Esta carta fue enviada a Carlos Quijano, director de la publicación semanal uruguaya, Marcha. Fue publicada el 12 de marzo de 1965, bajo el título “Desde Argelia, para Marcha, La Revolución Cubana Hoy”. En la edición original el editor le adicionó la siguiente nota: “Che Guevara envió esta carta a Marcha desde Argelia. Este documento es de la más significativa importancia, especialmente en aras de entender el objetivo y la meta de la Revolución cubana, visto por uno de los principales actores en el proceso. Las tesis presentadas son un intento por provocar debate y, al mismo tiempo, ofrecer una nueva perspectiva sobre una de las presentes fundamentaciones del pensamiento socialista”. El 5 de noviembre de 1965, la carta fue otra vez publicada y presentada como “exclusiva: una nota especial del Che Guevara”. Un memo explicaba que los lectores de Marcha en Argentina no habían podido leer la publicación original, porque la semana en que ésta fue publicada por primera vez, la revista fue prohibida en Buenos Aires. Los subtítulos están basados sobre los usados en la edición original cubana. Estos habían sido adicionados por el editor. 30. Cuando Che envió la carta a Quijano, él había estado de viaje por África desde diciembre de 1964. Durante este viaje a África, Che mantuvo muchos encuentros con líderes revolucionarios africanos. 31. El concepto del Che sobre el hombre o la mujer del futuro, como primera evidencia en la concientización de los combatientes de la guerra revolucionaria cubana, fueron expuestos por su artículo, “Las ideas sociales del Ejército Rebelde” (1959). Estas ideas fueron más tarde desarrolladas en su discurso, “El doctor revolucionario” (1960) donde describe cómo Cuba fue creando “un nuevo tipo de individuo” como resultado de la revolución, porque “no hay nada que pueda educar a las personas… como vivir a través de la revolución”. Estas primeras ideas fueron profundizando como parte del concepto del Che del individuo como un directo y consciente actor en el proceso de construcción del socialismo. Este artículo presenta una síntesis de sus ideas sobre esta cuestión. 32. Estos dos eventos en los primeros años de la revolución, son una prueba fehacientemente el valor del pueblo cubano en el enfrentamiento a los desastres: primero, el de la Crisis de Octubre (mísiles)de 1962, durante la cual las acciones de Estados Unidos apuntaban al derrocamiento de la Revolución cubana, llevando al mundo al borde de la crisis; y segundo, el huracán Flora, el cual azotó la región Este de Cuba, el 4 de octubre de 1963, que dejó un saldo de más de mil muertos. Sin embargo, Che creía que si, de hecho, una nueva sociedad iba a ser creada, las masas necesitaban aplicar la misma clase de conciencia en las actividades diarias como la habían demostrado en tan especiales circunstancias. 33. La victoria revolucionaria del primero de enero de 1959, significaba que por primera vez en su historia, el pueblo cubano alcanzaba un genuino nivel de participación popular en el poder. Al principio, el gobierno fue conformado con figuras de partidos de la política tradicional que de una u otra forma habían ayudado a la revolución. Como fueron adoptadas medidas que afectaban la disposición de las clases dominantes, algunos las rechazaron y se convirtieron en germen de la futura contrarrevolución, la que fue subsecuentemente fundada y abastecida por el gobierno de Estados Unidos. En esta temprana confrontación, el presidente Manuel Urrutia fue forzado a renunciar por la presión popular, cuando se comprobó claramente que él estaba poniendo obstáculos a medidas que beneficiarían a la población en su totalidad. Fue en este período, con el respaldo del pueblo cubano, que Fidel asume el liderazgo del gobierno y se convierte en Primer Ministro. 34. La ley de Reforma Agraria del 17 de mayo de 1959, después de solo 4 meses de tomar el poder, fue vista como un decisivo paso para llevar adelante la propuesta del programa revolucionario del Moncada en 1953. Che participó en la confección de esta ley junto con otros camaradas propuestos por la dirección revolucionaria. 35. El 17 de abril de 1961, tropas mercenarias que fueron entrenadas y financiadas por el gobierno de Estados Unidos, integradas por grupos del exilio contrarrevolucionario, invadieron a Cuba por Bahía de Cochinos. Esto fue parte de un plan para desestabilizar y finalmente tratar de derrocar a la revolución. En estas circunstancias las masas cubanas que sentían que participaban en un genuino proceso de transformación social, demostraron que ellos estaban listos para defender las conquistas de la revolución y fueron capaces de derrotarlas. 36. Las manifestaciones de sectarismo, las cuales emergieron en Cuba en los años 60, forzaron a la dirección revolucionaria a tomar medidas que impedirían algunas tendencias hacia la separación del gobierno de las masas. Como parte de estas medidas, Che participó en este proceso y analizó en muchas ocasiones las graves consecuencias de esa separación. Él expresó estos puntos de vista, por ejemplo, en el prólogo del libro, El Partido marxista-leninista, publicado en 1963, donde explicaba: “Errores fueron hechos por la dirigencia; el partido perdió esas esenciales cualidades que lo vinculaban con las masas, el ejercicio del centralismo democrático y el espíritu de sacrificio…afortunadamente las antiguas bases de este tipo de sectarismo han sido destruidas”. 37. El debate sobre el rol de la ley del valor dentro de la construcción del socialismo, formaba parte del esquema del Che de la armadura económica y sus ideas iniciales para el Sistema Financiero Presupuestario. Debido a su perspectiva humanista, Che rechazaba cualquier noción que incluyera el uso de herramientas capitalistas o fetiches. Estas ideas fueron vastamente analizadas en su artículo “Sobre el concepto del valor”, publicado en la revista Nuestra Industria en octubre de 1963. Aquí podemos ver el comienzo del debate que Che inició en aquellos años y que tuvieron una significación internacional. Esta polémica fue conducida en su estilo típicamente riguroso. Esbozando las líneas directrices para ser seguido, El Che escribió: “Nosotros debemos tener claro que el debate que hemos iniciado puede ser invalorable para nuestro desarrollo solo si somos capaces de conducirlo con un estricto enfoque científico y la más grande ecuanimidad”. 38. Nelson Rockefeller, quien se convirtió en una de las personas más ricas de Estados Unidas, adquirió su capital por un “golpe de suerte”, según dice la fábula, cuando su familia descubrió petróleo. El poder económico de Rockefeller lo llevó a tener una gran influencia política por muchos años —especialmente con respecto a la política hacia América Latina— a pesar de quien estuviera en la Casa Blanca. 39. Para el Che, el socialismo no podría existir si la economía no estaba ligada a la concientización social y política. Sin una conciencia de derechos y deberes, sería imposible construir una nueva sociedad. Esta actitud sería el mecanismo de transición del socialismo y la forma esencial de expresión de éste sería a través de la concientización. En este trabajo, Che analiza el decisivo papel de la concientización como opositora a la distorsión producida por “el socialismo existente”, basado en la separación de la base material de la sociedad desde la superestructura. Desafortunadamente, la historia probó la razón que tenía el Che, cuando una crisis política y moral llevó a colapsar al sistema socialista. Entre los escritos del Che sobre estos asuntos están: “Discusión colectiva: Decisiones y únicas responsabilidades” (1961), “Sobre la Construcción del Partido” (1963), “Certificados conferidos para el trabajo comunista” (1964) y “Una nueva actitud ante el trabajo” (1964). 40. Desde el principio el Che estudió los conceptos del subdesarrollo mientras trataba de definir las realidades del Tercer Mundo. En su artículo, “¿Cuba; excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonial?” (1961), el Che preguntaba: “¿Qué es subdesarrollo? Un enano de cabeza enorme y tórax henchido es ‘subdesarrollado’ en cuanto a sus débiles piernas o sus cortos brazos no articulan con el resto de su anatomía; es el producto de un fenómeno teratológico que ha distorsionado su desarrollo. Eso es lo que en realidad somos nosotros los suavemente llamados ‘subdesarrollados’, en verdad países coloniales, semicoloniales o dependientes. Somos países de economía distorsionada por la acción imperial, que ha desarrollado anormalmente las ramas industriales o agrícolas necesarias para completar su compleja economía.” 41. El Che argumentaba que la liberación plena de la clase humana se alcanza cuando el trabajo se convierte en un deber social realizado con completa satisfacción y sostenido por un sistema de valores que contribuya a la realización de acciones conscientes de las tareas encomendadas. Esto podría solo ser alcanzado por una educación sistemática, adquirida por pasos a través de varios estamentos en los cuales se incrementen las acciones colectivas. Che reconocía que esto podría tener dificultades y tomaría tiempo. En su deseo por adelantar este proceso, sin embargo, el desarrolló métodos de movilización del pueblo, atrayendo a la vez el espíritu colectivo e individual. Entre los más significativos de estos instrumentos estaban los incentivos morales y materiales, mientras se profundizaba la concientización como un camino hacia el desarrollo socialista. Ver discursos del Che; “Homenaje es el premio a los ganadores de la emulación” (1962) y “Una nueva actitud ante el trabajo” (1964). 42. En el proceso de crear el hombre y la mujer nueva, el Che consideraba que la educación debería estar directamente relacionada a la producción y que esto debería ser hecho diariamente como una manera de los individuos por mejorarse a sí mismos. Esto también debería ser hecho con un espíritu colectivo para que contribuyera al desarrollo de la conciencia y tuviera un mayor impacto. En el nivel práctico, él desarrolló un sistema de educación dentro del Ministerio de Industrias que garantizaba un nivel mínimo de entrenamiento para los trabajadores, para que pudieran conocer los nuevos desafíos científicos y tecnológicos que Cuba enfrentaba. 43. El Che exponía el papel de la vanguardia como un punto clave. Primero, él definió la vanguardia como un elemento necesario para encabezar la lucha y dentro de la primera línea de defensa. Después de la revolución, el Che vio a la vanguardia como la incitadora del impulso real de las masas para participar en la construcción de la nueva sociedad; a la cabeza de la vanguardia estaba el Partido. Por esta razón, el Che insistía ocasionalmente en que la revolución era un proceso acelerado en el cual aquellos que jugaran un activo papel tenían derecho a cansarse, pero no estar cansados de ser la vanguardia. 44. En este período, cuando el Che era un dirigente, la Revolución cubana no había alcanzado todavía un nivel de institucionalización, ya que las viejas estructuras de poder habían sido eliminadas. No obstante, el Che argumentaba que la institucionalización era un importante medio para formalizar la integración de las masas con la vanguardia. Años más tarde, en 1976, después del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, la tarea de institucionalización fue codificada, como una expresión de las estructuras de poder creadas por la revolución. 45. El Che había visto que el trabajo jugaba un importante papel en la construcción de la nueva sociedad. Él analizó las diferencias entre el trabajo emprendido dentro de la sociedad capitalista y que esto estaba libre de alienación en la sociedad socialista. Él conocía que esto requería que el trabajador llegara al extremo y pusiera el deber y el sacrificio por encima de la ganancia individual. En un discurso en 1961, el Che se refirió al trabajo diario como “la tarea constante más difícil que demandan ni un instante de sacrificio violento ni un simple momento en la vida de un camarada en aras de defender la revolución, pero demanda largas horas todos los días”. 46. En aras de entender la construcción del socialismo como un proceso que eliminaría las persistentes raíces de la anterior sociedad, el Che examinó las relaciones inherentes de la producción. Él insistió que dos cambios fundamentales debían ocurrir para el camino de poner fin a la explotación de un hombre por el otro y lograr la sociedad socialista; un incremento en la productividad y una profundización de la concientización. 47. Un artículo como El hombre y el socialismo en Cuba, no podía eludir una discusión sobre cultura, dado los enormes cambios que estaban realizándose en la sociedad cubana y en las estructuras de poder en ese tiempo. No fue fácil la tarea de reflejar los conceptos de la cultura socialista en un país que estaba justamente emergiendo del subdesarrollo y todavía estaba caracterizado por la cultura neocolonial, impuesta por la clase dominante. Había una constante lucha entre los valores del pasado y la de intentar la construcción de una cultura totalmente abarcadora basada en la solidaridad entre el pueblo y la verdadera justicia social. La lucha se hacía más difícil, no solo por la persistencia de una cultura pasada sino también por el dogmatismo y las tendencias autoritarias del llamado “socialismo real” en los países socialistas. El antídoto era el de defender lo mejor y los aspectos más singulares de la cultura cubana, evitando excesos, y tratando de construir una cultura que expresaría el sentimiento de la mayoría fuera de vulgaridades y esquemas. Ésta es la perspectiva que había sido mantenida en el desarrollo de la cultura revolucionaria en Cuba, y ni el neoliberalismo ni la globalización han sido capaces de impedir el genuino proceso de la cultura popular. Esta es la expresión de una verdadera sociedad socialista. 48. El papel del partido y de los jóvenes revolucionarios en la construcción de una nueva sociedad había sido analizado ampliamente por el Che: “Sobre la construcción del Partido”, “El Partido marxista-leninista”, “Ser un joven comunista” y “Juventud y Revolución”. 49. La armonía establecida entre Fidel y el Che desde sus primeros encuentros en México, en 1955 representaron el comienzo junto de ideas comunes y un común acercamiento sobre la liberación de América Latina y de la construcción de una nueva sociedad. El Che se refiere a Fidel en muchas ocasiones en sus escritos y discursos, con sincera admiración y respeto evaluando sus cualidades como líder y estadista. Fidel reciproca estos sentimientos en muchas ocasiones. Sus relaciones deberían ser investigadas más profundamente en aras de ganar más claridad sobre esa trascendental era histórica. Para más referencia ver: “Che, Episodios de la guerra revolucionaria, guerra de guerrillas”, “Cuba: excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonial”, “Soberanía política e independencia económica” y “El Partido marxista-leninista”. 50. El estudio de los diferentes estadíos de la revolución cubana —desde la guerra de guerrilla hasta la obtención del poder revolucionario— son sistemáticamente reflejados en todos los escritos y discursos del Che. El siempre resaltó el significado del ejemplo de Cuba para el resto del Tercer Mundo como un símbolo de libertad y mostrando los frutos del estadío inicial de la construcción del socialismo en un país subdesarrollado. Además de los trabajos citados, ver: “Despedida a las brigadas internacionales de trabajo voluntario” (1961) y “La influencia de la Revolución cubana en América Latina”. 51. El Che concluye aquí sumariamente algunos de los conceptos más importantes planteados en sus trabajos, los cuales son bellamente sintetizados en este volumen. Esas ideas proporcionan un completo espectro que abarca la filosofía, ética y política, dando lugar a un gran complejo de preguntas.
Movilización en barriada popular
Fogoneros – 20.08.08
Movilización en barriada popular garantizando el paro general Hoy hemos cumplido con un nuevo paro general de 24 horas. Saludamos a todos los compañeros que en los distintos puntos del país han aportado para su cumplimiento. La carestía de los alimentos y la entreguista asignación de recursos para pagar la deuda externa merecen la más contundente de las respuestas. Han sido varias las tareas que se han llevado adelante para garantizarlo. El trabajo previo de propaganda y agitación. Y en la misma jornada se desarrolló, en la popular barriada de Malvín Norte, dos cortes de calle para cortar la circulación de tránsito y contribuir al cumplimiento del paro. Bajo la consigna «Si el hambre es ley la rebelión es justicia», se realizaron barriadas que concluyeron en los cortes de la calle Isla de Gaspar y de Mataojo, impidiendo que por la zona circulara el tránsito, dada la ubicación de las mismas. Pese a la presencia policial las gomas siguieron ardiendo y el humo mantubo a la barriada en vigilia, y atenta a los acontecimientos. Con esta jornada de lucha se ha manifestado que es posible desplegar la pelea a nivel nacional, y que con actividades como la mencionada se debe ir abriendo el camino del Poder Popular y la rebelión. Si el hambre es ley la rebelión es justicia Vencer o morir FOGONEROS Para comunicarse: 094532632 [email protected] www.fogoneros.nuevaradio.org
20 de agosto: a garantizar el paro. A movilizar los barrios.
Fogoneros – 19.08.08
20 DE AGOSTO PARO GENERAL A garantizar el paro. A movilizar los barrios. Dos realidades se hacen latentes y se sufren. El alto costo de los alimentos y la asignación de recursos para pagar la deuda externa. La carestía es algo que venimos sufriendo en manera creciente. Los productos esenciales, la mayoría de ellos producidos en nuestro propio país se tornan inaccesibles pues sirven al abastecimiento de las potencias del norte y al lucro de la oligarquía exportadora. A su vez el Presupuesto Nacional se sigue yendo en pago de intereses de deuda mientras quedan insatisfechas las necesidades más elementales por la escasez de recursos para áreas tales como la educación, la salud o la vivienda. De esta manera el fruto de nuestro trabajo diario se va para enriquecer al gran capital trasnacional y nosotros profundizamos nuestra miseria. Este es el resultado de estar supeditados a la dominación imperialista. No podemos seguir soportando esto pacientemente. Debemos ir abriendo el camino de la rebelión. Por eso saludamos este paro general y llamamos a trabajar para garantizarlo. A redoblar la propaganda en nuestros lugares de trabajo y vivienda. A movilizar los barrios donde estaremos concentrados en esa jornada de paro. Si el hambre es ley la rebelión es justicia Vencer o morir FOGONEROS
LA SANGRE DE LOS CAÍDOS ES REBELIÓN. 14 de Agosto: día de los mártires estudiantiles
Fogoneros – 14.08.08
Movilización desde la explanada de la universidad hasta el Palacio Legislativo.
Jornada continental bolivariana por Libertad a los presos del imperio
Fogoneros – 21.07.08
Sábado 26 de julio Jornada Continental por LIBERTAD A LOS PRESOS DEL IMPERIO 18 hs.- Videos cortos sobre Roque Gonzáles (preso en Perú por ser miembro de la CCB), y sobre Simón y Sónia (guerrilleros colombianos presos en Estados Unidos). 19hs.- Ponencia de Carlos Asnárez (director de Resumen Latinoamericano). 20hs.- Proyección de «En la boca del león» (sobre los 5 héroes cubanos, presos en EEUU desde hace 10 años) con la presentación de su productora, Alejandra Guzzo, integrante de Grupo de Cine Insurgente. Finalizamos con espectáculo artístico. En AFHI, Constitución 1772, entre Daniel Muñoz y Ferrer Serra. Coordinadora Continental Bolivariana
REPRESION EN ARGENTINA
Fogoneros – 07.07.08
REPRESION EN ARGENTINA HAY COMPAÑEROS HERIDOS Y DETENIDOS Las organizaciones: – FRENTE TERRITORIAL 26 DE JUNIO(CTD ANIBAL VERON , MAR, MTR SANTUCHO, CPS 29 DE MAYO, MTR, MIP, MD VILLA GOLF, MN 1º DE MAYO)- BLOQUE PIQUTERO NACIONAL (FTC-29 DE MAYO, MTR, UTL, MTR La DIGNIUDAD, MOV BRAZO LIBERTARIO, MTR 12 de Abril, TODU)- POLO OBRERO- BOP (MOV 26 DE JUNIO, MTD QUILMES, TORRE, FUBADEYO)- MPR QUEBRACHO se dirigían a Plaza de Mayo en el marco de una Jornada Nacional de Lucha CONTRA el HAMBRE y la MISERIA cuando fueron reprimidos por miembros de infantería y de la policía federal. Así relata los sucesos un comunicado de Quebracho: «Hace apenas unos minutos, un imponente operativo represivo desalojó a los miles de compañeros que desde el mediodía de hoy participaban de una Jornada Nacional contra el Hambre y la Miseria». Ante esto las organizaciones respondieron con su autodefensa y se produjo el enfrentamiento. De un lado el pueblo argentino, intentando llegar a la simbólica Plaza de Mayo, peleando contra el hambre y la miseria que día a día acosa a más y más argentinos. Del otro lado las fuerzas policiales, enviadas por el cipayo gobierno de Cristina Fernández, pusilánime ante la ingerencia extranjera y «firme» ante el pueblo pobre. Los compañeros enfrentaron la represión con toda la dignidad. La policía con gases, palos, escudos y balas de goma hirió y detuvo a muchos compañeros que con valentía fueron la frente. Este hecho no solo demuestra el carácter anti popular del gobierno de Cristina Fernández, sino que es parte de la ofensiva represiva, que desde hace tiempo venimos sufriendo los pueblos de Latinoamérica. Nos solidarizamos con el pueblo argentino Repudiamos la represión del gobierno Exigimos la libertad de los compañeros presos VENCER O MORIR FOGONEROS
Paro general a 35 años del Golpe de Estado y la Huelga General
Fogoneros – 24.06.08
A 35 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO Y LA HUELGA GENERAL A GARANTIZAR EL PARO GENERAL Y GOLPEAR AL MINISTERIO DE ECONOMÍA A 35 años del Golpe Estado y la Huelga General, llamamos a los trabajadores de todo el país a garantizar el paro general y al pueblo en general a movilizarse, recordando a los caídos en la lucha, con la lucha misma, exigiendo aumentos significativos de salarios para reducir la plusvalía que nos roba el gran capital y cortar con la emigración del fruto de nuestro trabajo, resistiendo la actual Rendición de Cuentas, resistiendo la Reforma neoliberal del Estado, por más presupuesto para la educación, la salud, la vivienda, y su contrapartida: nada para pagar la deuda externa. Tenemos que quebrar con el país para unos pocos. No podemos permitir que en un país rico en alimentos los que los producen se mueran de hambre mientras se enriquece la oligarquía que los vende al exterior. Estos son los resultados de la dependencia que tenemos que romper. Convocamos a movilizarse en todos los puntos del país, y, en la capital, a golpear al Ministerio de Economía, principal responsable de la venta del país al imperialismo, y del lucro de la oligarquía, a costa del esfuerzo de los trabajadores. Hasta allí nos movilizaremos en horas de la mañana, para alimentar la resistencia, para seguir abriendo el camino de la liberación. Por una patria para el pueblo y no para la oligarquía. Vencer o morir
FOGONEROS
Pronunciamiento político a 5 años de FOGONEROS
Fogoneros – 23.06.08
Con Artigas, por una patria para el pueblo y no para la oligarquía Cada 19 de junio se asoma con más significado, con más contenido. El Natalicio del militante más destacado de nuestro pueblo, de José Artigas, y todo el proceso revolucionario que él protagonizó, se encuentran con el nacimiento de una nueva organización de orientales que es continuadora de esa lucha: FOGONEROS. Este nuevo aniversario del Natalicio del Protector de los Pueblos Libres se encuentra con una contraofensiva del imperialismo de enorme magnitud. Como respuesta a la rebeldía creciente de los pueblos latinoamericanos manifestada en gobiernos populares, levantamientos y guerrillas, el imperialismo intenta recuperar sus fuerzas para seguir usurpando nuestro rico continente. Interviene Haití, con la triste colaboración de gobiernos cipayos, lanza la IV Flota, con fines intervencionistas, el próximo 1 de julio, alienta el «separatismo» en Bolivia, Venezuela y Ecuador, intenta golpear al rincón más fortalecido de la resistencia latinoamericana, bombardeando campamentos guerrilleros, intentando que la cruzada contra nuestros pueblos, llamada «lucha contra el terrorismo», golpee a todos quienes construyen o reconstruyen fuerzas para disputarles poder en todos los terrenos, que golpee a sus espacios de articulación continental, que presione para aislar a las fuerzas revolucionarias. También promueve Leyes Antiterroristas, la cual encontrará espacio en nuestro país sino le oponemos una férrea resistencia, pues nuestro país ha sido comprometido en esta lucha que beneficia a los yanquis, estableciendo una fuerte coordinación de los servicios de inteligencia para intentar frenar la gestación de un polo de poder que amenace sus intereses. Nuestro país es parte de esta realidad atravesada por la contradicción que define la realidad de nuestro tiempo: o el imperialismo o los pueblos. Contradicción hija de la estructura de nuestro país. De la estructura capitalista dependiente que se ha consolidado por la intervención del imperialismo y la complicidad de la oligarquía que traicionara a Artigas. Y es el imperialismo el que dispone qué se hace y qué no se hace. Cuándo es necesario un golpe de estado, cuándo es necesario que se pague más deuda externa, cuándo es necesario invadir un país hermano. Para decidir qué hacer con nuestra Patria, como nuestro pueblo disponga, no queda otro camino que liberarnos del imperialismo: ese es el objetivo principal. El imperialismo es el enemigo principal. La resolución de esta contradicción con la victoria del pueblo habilitará la resolución de las demás. Si no nos liberamos del imperialismo, si no concentramos nuestros golpes y nuestra lucha en esa tarea, las demás disputas serán tiempo que le damos al enemigo principal. Serán potenciales fuerzas de la resistencia que se dilapidan en contradicciones secundarias. Eso es condenar al pueblo a luchas intestinas y perpetuar la dominación imperialista. Las fuerzas deben ponerse para combatir al enemigo. No se pueden dilapidar más fuerzas en antagonizar entre sectores del campo popular y dejar las filas de la resistencia. Debemos retomar la tradición antiimperialista de nuestro pueblo y señalar al enemigo, dejar en claro quienes son los responsables de nuestros padecimientos, no permitirles que vengan a pasearse como nuestros salvadores. Llamamos a mantener encendida la llama de la resistencia antiimperialista y a unirnos para asumir esa tarea. Decimos con el Che: «Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo». Esto solo lo lograremos si le quitamos los instrumentos de poder. Si no le disputamos el poder, si no le arrebatamos el poder, todo seguirá igual. Nuestras riquezas y el fruto de nuestro trabajo se los continuarán llevando las potencias del norte y nosotros aumentaremos nuestra miseria. Si nuestra lucha no va dirigida a tomar el poder, a que sea el pueblo el que mande, en definitiva, a que cuente con los instrumentos para ejercer su soberanía, dilapidaremos nuestros esfuerzos y seguirán mandando ellos. «El poder es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias». Para que el pueblo tenga el poder en sus manos hay que debilitar el poder de sus enemigos. Eso lo logramos confrontándolos. De esa manera iremos construyendo el poder del pueblo: el Poder Popular. El Poder Popular es la fuerza con la que cuenta el pueblo para defender y sostener sus intereses. El pueblo lo ejerce desde sus propios órganos de poder, tanto políticos como sociales. Lo ejerce desde los organismos que el pueblo va construyendo para defender sus intereses, sin más compromisos que con el mismo pueblo. Ese poder que se va construyendo al calor de la lucha, se tiene que ir desarrollando de manera integral. Los orientales lo caracterizaban con rotunda precisión: «el pueblo oriental es éste: el reunido y armado conserva sus derechos». Esto es política revolucionaria. El propio régimen nos muestra qué política es votar cada 5 años. Y en las vísperas de las elecciones esto se hace cada vez más reiterado. Pero esa es la política del régimen que beneficia a unos pocos. Es central, para lograr las grandes transformaciones, dejar en claro que hay otra política, la única política que le sirve al pueblo: la política revolucionaria, que se ejerce con el Poder Popular, dirigida a arrebatarles el poder, dirigida a derrotarlos. Debemos sacar la política de las urnas y ponerla en la calle para hacerla revolucionaria. Y ésta política, la revolucionaria, necesita de un instrumento decisivo para dinamizarla, para desarrollarla integral y unificadamente, para hacerla efectiva, para transformar los organismo naturales del pueblo en verdaderos órganos de Poder Popular. Este instrumento es la organización política revolucionaria. Porque, como dice nuestro Documento Base, «para transitar victoriosamente esta estrategia se hace necesario construir una fuerte organización para la lucha. Sin una organización que sirva de vehículo y de cause común a las voluntades del pueblo no podremos barrer el viejo orden para construir el nuevo mundo para un Hombre Nuevo». En esa perspectiva, contribuyendo en la creación de ese instrumento surge, hace 5 años, lo que hoy se conoce como FOGONEROS. Y surge en la lucha por los más humildes, en «cantegriles» y en luchas estudiantiles. Es producto también, de la resistencia del 2002. Protagonistas de esa gesta fueron los que el 19 de junio de 2003 paren esta formación para dar de sí en la defensa de los intereses populares. Y lo hacen en esta fecha pues el proyecto que se organiza es continuidad histórica de la lucha que nuestro pueblo ha venido dando. Y se funda con la consigna que lanzara el propio Artigas para convocar a su pueblo: vencer o morir. Desde aquella fecha se ha aportado en el camino del Poder Popular. Se ha instalado en la escena nacional una referencia política de lucha, se ha calificado la resistencia, se ha construido poder en el combate y en la inserción, construyendo organización en «cantegriles» y pueblos del interior, en centros de trabajo o de estudio, se ha sostenido la resistencia antiimperialista contra el FMI, contra el Tratado de Protección y Promoción de Inversiones, contra el TIFA, contra la visita de Bush y contra la Embajada de Estados Unidos y sus multinacionales. Hemos alimentado los golpes contra el imperialismo y la unidad para luchar contra él. A su vez, construimos la unidad de las fuerzas revolucionarias del continente, con la mira puesta en la Patria Grande, siguiendo el ejemplo del Protector. También aportamos en la reivindicación del recordado 19 de junio pasado. El 19 de junio próximo pasado se cumplía un nuevo aniversario del natalicio de nuestro prócer José Artigas, el cuarto aniversario de nuestra organización y el gobierno lo decretaba Día del Nunca Más, intentando enterrar la lucha revolucionaria. En ese marco, Fogoneros salen a la calle y realizan un corte de la Avenida 18 de julio, a la altura de la Universidad, para conmemorar el aniversario de la organización y reivindicar la lucha revolucionaria y a Artigas como un exponente mayor de la misma. Frente a esto el gobierno monta un operativo que fue fiel reflejo de la importancia que le dieron al mismo. El operativo policial, que incluyó el despliegue de varios equipos de choque, fue comandado por el propio jefe de Policía. Este estuvo en la explanada de la Universidad junto a todos los integrantes del comando de la Jefatura de Policía dirigiendo «in situ» cada fase de las operaciones. Se desplegó a casi todos los equipos de choque disponibles. Todos los efectivos del Grupo Especial de Patrullaje(GEP) -un equipo de choque de la Dirección de Seguridad de la Jefatura- y varios del Regimiento de Guardia Republicana(RGR) -con sus dos cuerpos: Guardia Metropolitana (infantería policial) y Guardia de Coraceros (caballería policial); algunos uniformados de la Dirección de Seguridad y personal de civil del Departamento de Operaciones Especiales. También personal de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia. El despliegue de efectivos fue apoyado con vehículos y carros hidrantes del RGR. La autodefensa hizo frente con lo que tuvo al alcance. El resultado fueron cuatro detenidos, el desenmascaramiento de quienes se pretenden conciliadores y el fogueo de un puñado de orientales que no está dispuesto a amilanarse y abre con su ejemplo el camino de la resistencia y la liberación. Pues, precisamente, Artigas y su proyecto mantienen total vigencia, no es algo del pasado, es un programa de lucha para el presente. La Revolución Oriental nos empuja con todas las fuerzas de la historia, nos recuerda nuestro pasado rebelde y la patria por construir. Nos enseña que la contradicción principal está entre el pueblo y la oligarquía, entre una patria que quiere ser libre y un poder extranjero que pretende continuar dominándola. Nos enseña que es contra él que debemos concentrar nuestros golpes y unirnos todos los que nos perjudicamos por la dependencia. Pero, a su vez, que esa unidad sea protagonizada por los más humildes, para que después del triunfo de la revolución nacional el proceso avance hasta el final. Como en los tiempos de Artigas, que luego de derrotar a los españoles, los Reglamentos de Aduana y de Tierras, protegen el desarrollo nacional al controlar el comercio exterior y se va hacia la socialización del medio de producción por excelencia en la época: la tierra. Hoy eso es posible con el socialismo y este a su vez requiere que el triunfo de la revolución nacional antiimperialista consagre una patria libre, soberana. También nos ha legado una clarísima concepción del poder. Para los orientales, el pueblo «reunido y armado conserva sus derechos». De esa forma el pueblo reunido en los fogones defenderá sus intereses contra la potencia extranjera y la oligarquía cipaya. La bandera de Artigas es la bandera de los pueblos libres, que unidos se defienden y se respetan, es la expresión de una visión de Patria Grande que fue quebrantada por la penetración imperialista, pero que hoy vuelve como una necesidad, y como un sentimiento inquebrantable. La construcción de la Patria Grande a partir de la unidad de los pueblos y las fuerzas revolucionarias es una tarea imprescindible y que hoy contribuimos a hacer realidad. Ese es el verdadero Artigas, y este es el verdadero legado de la Revolución oriental. Legado que ha estado presente en las montoneras federales, en las luchas obreras y estudiantiles, en la resistencia armada. Y hoy los Fogoneros venimos a asumir ese legado con responsabilidad y sacrificio, con humildad y con la mayor decisión. Venimos a quebrar la injusticia. Venimos a terminar con el Uruguay para unos pocos. La aberrante situación de que exista un país rico en alimentos y un pueblo que no puede acceder a ellos. El pueblo que construye la patria con sus manos se muere de hambre y se enriquece la oligarquía que exporta nuestros productos y la que importa los mismos productos, pero más caros. Este es el resultado de la sumisión al imperialismo. No queda otro camino que la revolución para alcanzar la total liberación. A esa tarea los convocamos. A combatir al imperialismo y a la oligarquía, a crear Poder Popular para luchar desde nuestros propios órganos de poder, a construir organización política revolucionaria, a seguir engrosando las filas del pueblo fogonero. La realidad sabe de injusticias pero también de rebeldías. El compromiso y el amor por nuestro pueblo consolidan nuestras fuerzas. Las luchas de hoy van preparando las victorias de mañana, y alumbran el futuro de donde marche un pueblo libre en un mundo nuevo disfrutable por todos. Porque Artigas vuelve fogonero con nuestro compromiso por una patria para el pueblo y no para la oligarquía. Vencer o morir FOGONEROS
Planton de protesta y solidaridad con Roque Gonzales en Perú
Fogoneros – 22.06.08
19 de Junio. A 1 año de la represión: corte de calle
Fogoneros – 20.06.08
Ocupación de la Zulma
Fogoneros – 14.06.08
Paraje Iporä, Tacuarembó, 14 de junio de 2008 ¿Por qué ocupamos la Estancia La Zulma? Porque hace tres años que venimos reclamando tierra para trabajar, campo para pastorear nuestros animales y un futuro para nuestros hijos en campaña. Porque la Estancia fue adjudicada de forma ilicita en el gobierno de Lacalle por amiguismo político, entre otros a familiares del Director de la Regional Tacuarembo-Rivera del Instituto Nacional de Colonización. Porque manejan una tierra que es de todos los uruguayos como si fuera su estancia privada; con capataz y peones, no trabajando ni viviendo ellos en el campo. Porque las autoridades actuales les iniciaron el trámite de desalojo , por las razones arriba expuestas, pero nuestros animales y nuestras familias no pueden esperar el tiempo de los tramites. Porque ya estamos cansados de cuerear animales, o mal-venderlos por no tener para alimentarlos. mientras que este potrero de 120 há estaba libre y lleno de pasto. Porque , mientras se concentra y extranjeriza la tierra, los infelices seguimos siendo infelices y los privilegiados continuan siendo privilegiados. Movimiento 10 de septiembre de 1815 Telefono de Contacto: 099616789 y 094088100 Direccion de contacto: [email protected] Aclaracion: La fraccion ocupada pertenece a la Colonia Los Charruas del Instituto Nacional de Colonización, a 7 km de la ciudad capital de Tacuarembo. www.ocupacionxtierra.org
19 de junio: Actividad por aniversario de Fogoneros
Fogoneros – 05.06.08
Con Artigas, por una patria para el pueblo y no para la oligarquia 19 de junio a las 17 hs. – Debate sobre Artigas y la Revolución Oriental. – Pronunciamiento político a 5 años de lucha. Muestra, videos y espectáculo artístico. en A.F.H.I. Constitución 1772, entre Daniel Muñoz y Ferrer Serra FOGONEROS Para comunicarse y acercar saludo: 094808649 [email protected]
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