Cátedra Gabriela Mistral

Cartas XXVI

Gabriela Mistral

13.07.07

4 de enero, 1921 Manuel: He recibido dos cartas tuyas, del 31 y del 1. Te agradezco tu recuerdo de la noche de Año Nuevo. Yo te recordaré también, con tristeza, con la tristeza con que piensa en todo ser que se quiere. Yo no siento la alegría que es o debería ser natural al recordar a los míos, es que no los siento míos, Manuel. Soy la mujer en que el sentido de la posesión, así de los objetos, como de las vidas, no existen. Es una de las cosas que me ha dado esta desolación espiritual. Nunca, sentir mío nada, ni siquiera una planta… Piensa un poco en esto, imagina lo que sentirás tú en este caso y te bañará el corazón la tristeza. Lo que me alegra es que vayas mejor de cuerpo y de alma. Yo sé que, aunque no consigas quererme, algún bien espiritual te haré cuando hable contigo, porque con todo tengo menos cansancio que tú, un poco de salud física y una riqueza emocional que da, en momentos, el engaño de la dicha y de la juventud. Yo no voy a Puerto Varas; voy a Concepción por cuatro días y por dos a Coronel, a reunirme con una amiga, Cristina Soro, a quien quiero muchísimo. Quiero los pinares de aquella ciudad, como a una cosa maternal. Me alivia su sombra infinitamente. No hay árbol más humano, más noblemente sereno y que dé la ilusión de pensamiento como éste. Sería dichosa de conocerte bajo uno de ellos, de oírte tendida sobre sus agujitas seca y suaves. Pero sé que, por tu parte no es posible. Te lo insinúo, sin embargo. Me voy el 7. González Martínez es un hombre sencillo y campechano casi en exceso. Me había hecho una caricatura suya: – Es un negrito parlanchín que no calla nunca; nada tiene de sus versos nobles. Rebaja la malevolencia y quédate con algo. Pero gana su cordialidad suma, su deseo de quedar al nivel de una, su corazón. Le pregunté si te conocía. No se quejó de ti; dijo que se sentía mucho no verte aún; pero que conocía a tu niñita y te debía a ti atenciones de saludo, etc., por lo que te estaba obligado. Te pido que vayas a verlo. Por él y por mí vas a ir. Te repito que le sobra sencillez y espontaneidad. Yo lo admiro como tú. ¡Ah, si fueras cierto que eres capaz de quererme con paz! La gratitud me henchiría el corazón, al sentir el “esfuerzo, la voluntad de mudarte por mí”. Hazlo, hazlo, hazlo, Manuel; hazme dichosa así. Hoy me he contado varias canas en la partidura del pelo. Pude conocerte hace seis años; me hallé vieja. Y ahora… He sido loca, Manuel; lo soy más ahora. Me día de hoy: a la Estación a dejar a la amiga de quien te hablo después; una visita al obispo, que me habló de mi mala práctica de no hacer vida social, con lo cual pierde el colegio… Le dije: – Nunca, ni por la situación más encumbra, haré concesiones al mundo. O me admite el pueblo así o me hecha. Yo me iré antes de que me eche. Pregunte S.S. Lo que ha ocurrido con mis antecesoras que hicieron vida de plaza y salones -. También hay en eso un poquito de orgullo, me dijo. No sé cómo se llame; pero sé que es bien para mi alma y todo lo demás no importa, porque yo no guardo sino mi alma. Triste, Manuel, yo me siento cada vez que hablo con un cura, talvez sea soberbia, que soy yo el verdadero cura. Después me he venido a escribirte. Tengo en mi cuarto un conejito dorado que quiero mucho, más que a ti… Deseo que te den la Gobernación, el trabajo brutal, el peor trabajo, hace bien: equilibra, talvez porque mulle la sensibilidad o la embota algo. ¿Por qué no hablas con Aguirre? Es mi único amigo político y lo estimo sobre manera como hombre bueno y como hombre justo. Se lo debo todo. Te tratará como lo que eres; no le sentirás la insolencia de los políticos radicales de baja extracción; te comprenderá en tu alto valer de caballero habla con él. Mis día son mejores que antes, Manuel; una insinuación de dicha, como un perfume diluido, apenas perceptible, de felicidad. Piensa esto y entiéndelo. No Te hice yo esa corrección en los versos. ¿Se te ocurre? Yo no soy capaz de un atrevimiento contra ti como poeta; como hombre sí… hasta podría pegarte. ¿Sabes que soy muy pesada de mano? Me gusta pegar; creo que acaricio y dejo una mancha. Las muchachas que viven conmigo dicen que mis palomas (las manos) son gavilanes… ¿Te he contado que un hombre que me quiso abrazar le di un bofetón y le rompí un tímpano? Si te he contado. Haz, como Maeterlinck, un poco de box antes de verme… Me fui a ver la tarde: Es el único momento espiritual de mi vida; miro morir todas las tardes, tendida en mi cama. Pienso siempre en ti en esta hora apaciguada y dulce. ¿Haz visto en esos Poemas de la Madre cómo he cambiado y me he hecho más? Te hablaré después de lo que quise hacer con esas prosas. ¿Te ha lastimado su crudeza como a otros? ¿Sabes que antes me ofrecieron el Liceo de San Bernardo? Tuve miedo de dos de dos cosas; estar cerca de ti y luchar con ese pueblo, que me han pintado como malo y chismoso. ¿Quieres que me vaya allá? Hoy me llegó carta de Vigil, el que te corrigió el verso. Me llama para Marzo a Buenos Aires. Me duele un poco la cabeza. Ha hecho mucho calor. Te miro largamente y te perdono, voy perdonándote mientras te miro. L.

Scroll al inicio