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- Autor, Redacción*
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación 8 junio 2026
- Tiempo de lectura: 9 min
Este lunes, el presidente chino Xi Jinping arribó a Corea del Norte para sostener una reunión con Kim Jong-un, en una visita significativa que constituye su primer desplazamiento al país en casi siete años.
Xi estará en Pyongyang del 8 al 9 de junio, atendiendo una invitación del líder norcoreano. Su última visita a la capital de Norcorea data de 2019.
Este encuentro se realiza a pocas semanas de que Xi se reuniera en Pekín con el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente ruso Vladimir Putin, dos figuras con gran peso en la política exterior norcoreana.
China representa el socio económico y político más importante para Corea del Norte, un país afectado por estrictas sanciones internacionales a causa de su programa nuclear y denuncias de violaciones a los derechos humanos.
Ambas naciones comparten una frontera de 1.400 kilómetros y están vinculadas por un tratado de defensa mutua, el único de este tipo que Pekín mantiene con otro estado. Este acuerdo implica asistencia mutua en caso de ataque.
Este año se celebra el 65º aniversario de dicho tratado.
Para Kim Jong-un, la visita tiene un marcado valor propagandístico. En años recientes, Corea del Norte ha buscado consolidar su posición internacional tras superar la pandemia y alinearse con Rusia en el contexto del conflicto en Ucrania.
No obstante, a pesar de los fuertes vínculos con Pyongyang y Moscú, Xi mira con cautela el creciente acercamiento entre Kim Jong-un y Vladimir Putin.
Pero, ¿de dónde nace esta relación histórica que ha alternado entre la cooperación y la desconfianza?

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Una relación "sellada con sangre"
Para Xi Jinping, líder chino, Corea del Norte es un vecino que China ni puede controlar ni permitir perder.
Pekín y Pyongyang suelen calificar su relación como una amistad "forjada en sangre", haciendo referencia a la Guerra de Corea de hace más de setenta años, cuando China intervino para apoyar al Norte.
Sin embargo, en años recientes, la desconfianza ha ido minando esos vínculos.
Actualmente, Pekín intenta reafirmar su influencia sobre un aliado que considera vital estratégicamente, a pesar de su conducta impredecible.
China busca estabilidad en su frontera sureste y pretende conservar cierta influencia sobre Corea del Norte, pero sin verse involucrada en las crisis derivadas de las ambiciones nucleares del régimen de Kim Jong-un.
Probablemente, la visita de Xi a Pyongyang esta semana responda menos a la amistad histórica y más a la necesidad de reafirmar ese dominio.
Corea del Sur considera que Xi podría tratar de posicionar a Pekín como mediador entre Pyongyang y EE.UU.
No obstante, China podría tener otros objetivos.
Fuentes diplomáticas occidentales consultadas por BBC indican que Pekín observa con creciente inquietud los vínculos fortalecidos entre Pyongyang y Moscú.
Después de la reunión de Xi con Vladimir Putin la semana pasada, el líder chino podría estar buscando garantizar que mantiene influencia sobre Kim Jong-un, sobre todo mientras China aspira a una mayor visibilidad internacional.
China busca salvaguardar sus intereses
El distanciamiento entre Pekín y Pyongyang se ha evidenciado, aunque sutilmente.
En octubre de 2024, ambos países celebraron el 75º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas sin gestos visibles ni ceremonias destacadas. La comunicación pública fue limitada y reservada.
Un mes antes, el embajador chino tampoco asistió a las celebraciones del cumpleaños del régimen norcoreano.
Además, durante todo el año no se produjeron intercambios de alto nivel, evidenciando un marcado contraste con el acercamiento creciente entre Pyongyang y Moscú.
Precisamente la creciente alianza con Rusia ha generado inquietud en Pekín.
Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, Corea del Norte ha intensificado la cooperación militar con Vladimir Putin.
Esta relación se fortaleció con la firma de un acuerdo de defensa mutua durante la visita de Putin a Pyongyang en 2024.
Según una investigación de la BBC, unos 2.300 soldados norcoreanos han fallecido combatiendo junto a las fuerzas rusas en Ucrania.
Asimismo, Pyongyang ha sido acusado de proveer municiones para la guerra a cambio de petróleo y apoyo económico, una situación que ha alarmado a Washington y sus aliados, y que observa con preocupación creciente China.
"China quiere asegurarse de que sus intereses en Corea del Norte continúen protegidos en medio de la rápida convergencia entre Moscú y Pyongyang", indica Ankit Panda, experto en política nuclear de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.

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China mantiene solo un tratado formal de defensa con Corea del Norte; por ello, resulta difícil pensar que Pekín acepte que Rusia se convierta en la principal influencia sobre Pyongyang.
Un Kim Jong-un más seguro y menos dependiente de China supondría, inevitablemente, una disminución de la capacidad de influencia de Pekín.
Frente a este escenario, China ha tratado de recomponer la relación.
A finales del año pasado, Xi Jinping invitó a Kim Jong-un a un desfile militar en Pekín, reservándole un lugar destacado junto a Vladimir Putin.
Fue la primera cumbre formal de estos líderes en seis años.
Xi definió a China y Corea del Norte como "buenos vecinos, buenos amigos y buenos camaradas unidos por un destino compartido", y abogó por una cooperación estratégica más estrecha.
Sin embargo, resultó llamativa la ausencia de menciones públicas al arsenal nuclear norcoreano.
El pragmatismo entre los aliados
Según Lee Seong-hyon, investigador visitante del Centro Asiático de la Universidad de Harvard, Pekín mantiene sentimientos contradictorios ante el fortalecimiento del vínculo entre Pyongyang y Moscú.
Por un lado, esta alianza beneficia a China al obligar a Washington a dividir su atención y complicar su estrategia en varios frentes.
Pero, por otro, un mayor acercamiento militar ruso-norcoreano podría fortalecer la cooperación entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, escenario que preocupa a Pekín.
Esta lógica también explica la posición ambivalente de Pekín respecto al programa nuclear de Corea del Norte.
China no apoya el desarrollo de armas nucleares por parte de Pyongyang, pues considera que esto refuerza la presencia militar estadounidense en la región y estrecha la colaboración entre Washington y sus aliados.
Sin embargo, tampoco está dispuesta a ejercer presión abierta contra el régimen norcoreano.
En 2022, China y Rusia vetaron una resolución promovida por EE.UU. en el Consejo de Seguridad de la ONU que buscaba imponer nuevas sanciones tras las pruebas de misiles norcoreanas.
"Si China tomara una postura dura contra el programa nuclear norcoreano, solo lograría empujar más a Corea del Norte hacia Putin", explica Victor Cha, presidente del área de Política Exterior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

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Por otra parte, Kim no puede arriesgar la relación con su principal apoyo económico.
Las exportaciones chinas a Corea del Norte alcanzaron los 2.300 millones de dólares el año pasado, su cifra más alta en seis años.
Además, a comienzos de este año se reanudó el servicio ferroviario de pasajeros entre Pekín y Pyongyang, suspendido desde la pandemia.
Analistas indican que estos gestos forman parte de una estrategia calculada de China para atraer nuevamente a Corea del Norte hacia su esfera de influencia.
Para Kim, mantener el equilibrio también es pragmático.
Si la guerra en Ucrania termina, Moscú podría requerir menos el apoyo norcoreano.
Mientras Vladimir Putin permanece relativamente aislado internacionalmente, Xi Jinping continúa recibiendo líderes globales en Pekín.
En este contexto, Kim Jong-un tiene razones para evitar depender demasiado de un socio cuyo poder e influencia podrían debilitarse.
Una relación marcada por la tensión
La relación entre ambos mandatarios ha estado siempre condicionada por tensiones.
Al asumir el poder, Kim Jong-un manifestó que sus prioridades diferían de las de su padre.
Mientras Kim Jong-il cultivó una relación estrecha con China y le visitó en diversas ocasiones, su hijo apostó por acelerar el desarrollo nuclear y militar norcoreano.
En sus primeros seis años en el poder supervisó alrededor de 90 pruebas de misiles balísticos y cuatro ensayos nucleares, más que sus predecesores juntos.
Esta escalada inquietó a las autoridades chinas.
En 2013, la ejecución de Jang Song Thaek, tío de Kim y considerado moderado por China, profundizó el distanciamiento.
Xi respondió con una insólita muestra de descontento diplomático. En 2014 visitó Corea del Sur antes que a Corea del Norte, gesto interpretado como un desaire
La reacción no se hizo esperar: Corea del Norte declaró a China “traidora” y “enemiga”.
El punto de inflexión llegó en 2018, cuando las sanciones internacionales afectaron la economía norcoreana y Kim emprendió su primer viaje público al exterior desde que asumió el poder. En su tren blindado característico, se dirigió a Pekín a reunirse con Xi.
Ese encuentro inició un acercamiento cauteloso.
En meses posteriores, Kim sostuvo reuniones con líderes de EE.UU. y Corea del Sur, pero solo tras consultar con China.
El mensaje era claro: Pyongyang estaba abierto a negociar, pero con respaldo de Pekín.
Actualmente, Corea del Norte continúa siendo para China un activo estratégico y, al mismo tiempo, una fuente constante de problemas.
Funciona como un escudo frente a la presencia militar estadounidense en la región, aunque sus pruebas armamentísticas y provocaciones generen la inestabilidad que Pekín busca evitar.
Por su parte, Kim procura mantener el respaldo chino sin quedar bajo su dominio.
La desconfianza mutua perdura, pero ambas partes reconocen que se necesitan más de lo que les gustaría admitir. Por ahora, esto es suficiente para sostener la relación.
Con reportaje de Laura Bicker e información adicional de Kelly Ng.

