Impacto de la inseguridad y la inestabilidad política en la decisión de voto en Perú: razones para querer emigrar si se tuviera dinero

Una señora con un vestido azul y un bolso morado al lado de un hombre con una camisa a cuadros y un pantalón gris están parados en la calle. Atrás de ellos hay una fila de funcionarios de la policía, algunos con escudos, que hacen guardia al Palacio de Gobierno en Lima el 3 de junio de 2026

Fuente de la imagen, MARTIN BERNETTI / AFP via Getty Images

    • Autor, Ione Wells
    • Título del autor, Corresponsal LatAm, BBC News
    • Informa desde, Lima, Perú
  • Fecha de publicación 7 junio 2026
  • Tiempo de lectura: 7 min

"Si no atendemos sus demandas, eliminaremos a sus conductores".

Este mensaje, en el que solicitaban alrededor de US$15.000, fue enviado por un grupo criminal a una compañía de autobuses situada en un barrio popular de Lima, la capital peruana.

Sucedió poco antes de que Toño, un conductor de autobús, sufriera un ataque armado.

"Me dispararon en las piernas y el abdomen. Estuve cuatro meses sin poder trabajar; ahora lo hago con temor. Aunque las heridas externas han sanado, el dolor interno persiste", relata.

El caso de Toño forma parte de casi 30.000 denuncias por extorsión registradas en Perú durante 2025, muchas de las cuales afectan a pequeñas empresas o trabajadores del sector transporte.

Esta problemática, junto con el aumento en el número de homicidios, ha colocado a la inseguridad y a la criminalidad como temas centrales para los votantes en las elecciones presidenciales que se celebran este domingo en Perú.

Keiko Fujimori, candidata de derecha e hija del expresidente Alberto Fujimori fallecido, compite por cuarta vez frente al izquierdista Roberto Sánchez.

Fujimori enfoca su campaña en implementar políticas estrictas contra la delincuencia, mientras Sánchez promete reformas profundas del Estado y un incremento en el gasto público.

Toño, un hombre con una chaqueta azul, está parado al lado de un bus en un gran lote. Hay más buses al fondo del lote y detrás, se ve una montaña con barrios de invasión.

"Medidas estrictas frente a la criminalidad"

En San Juan de Lurigancho, un distrito de Lima, los barrios inseguros se establecen precariamente en las laderas de las colinas.

Policías armados vigilan la entrada a la terminal de autobuses donde Toño trabaja. Según informes, esta es la zona más afectada por extorsiones en Lima.

Toño, que ahora conduce acompañado por policías encubiertos para protegerse, desea que el futuro presidente imponga "medidas duras contra la delincuencia".

Un observatorio independiente de criminalidad señala que el año pasado se registraron 239 conductores asesinados.

"Jamás sentí tanto temor al dejar a mis hijos pequeños. Si tuviera los medios, me iría del país", afirma.

Eiffel Calla, responsable de seguridad en la terminal, indica que cinco conductores de su empresa han sido atacados: uno falleció y otro quedó en estado vegetativo.

El miedo a la inseguridad ha inclinado a otros países latinoamericanos hacia la derecha en elecciones recientes, favoreciendo líderes que proponen políticas duras para mantener el orden público.

En sus últimas actividades de campaña, Fujimori declaró la "guerra" contra quienes extorsionan y prometió usar al ejército contra el crimen organizado, controlar las cárceles y colaborar con entidades financieras para bloquear fondos provenientes de estas actividades ilícitas.

Herencia del pasado

Tres mujeres que apoyan a Keiko Fujimori posan con camisetas que dicen La Fuerza de Lima

Keiko remite a la figura de su padre, Alberto Fujimori —mandatario entre 1990 y 2000—, cuya política de mano dura culminó con su encarcelamiento por violaciones a los derechos humanos.

Sin embargo, sus seguidores lo recuerdan como quien estableció el orden y estabilizó la economía en el país.

En un mitin, un simpatizante de Fujimori llamado Piero sostiene que se necesita urgente una política firme contra la inseguridad, describiendo a Perú como una nación rebasada por la criminalidad.

Otra seguidora, Janeth, comenta: "Para la estabilidad económica, optamos por Keiko Fujimori".

A pesar de haber tenido ocho presidentes en la última década, la economía peruana ha permanecido relativamente estable. El país es uno de los principales exportadores de minerales y metales esenciales, como el cobre.

Los defensores de Fujimori contrastan su visión de libre mercado y su plan para atraer más inversión estadounidense con las propuestas de Sánchez, que incluyen revisar contratos mineros, aumentar algunos impuestos a las corporaciones, elevar el salario mínimo y ampliar el control estatal sobre los recursos naturales; planteamientos que han generado nerviosismo en los mercados financieros.

Él sostiene que la riqueza de los recursos naturales de Perú no beneficia a la población común ni a las comunidades, muchas veces rurales, donde se concentra gran parte de la minería.

Sus seguidores, como María Elena Linares, rechazan la idea de que sus políticas causarán inestabilidad económica.

"Vamos a nacionalizar, pero también abriremos las puertas a países extranjeros que deseen colaborar con nuestra nación. No crean ese mito de que el comunismo ahuyenta la inversión extranjera; están completamente equivocados", enfatiza.

"Nuestros recursos, nuestro oro y cobre se exportan a otros países… mientras nosotros vivimos en pobreza".

¿Un futuro más inestable?

Dos seguidoras del candidato Roberto Sánchez, al lado de un puesto de ventas ambulantes con un letrero de Sánchez Presidente

Raúl apoya las iniciativas de Sánchez para ampliar el rol del Estado, esperando que ello favorezca la inversión no solo en salud y educación, sino también en infraestructura en áreas fuera de las capitales.

Además, Sánchez se ha comprometido a liberar al expresidente de izquierdas Pedro Castillo, encarcelado en 2022 tras intentar disolver el Congreso y gobernar por decreto para evadir un proceso de destitución.

El pasado viernes, un juez resolvió que Sánchez podría ser juzgado por supuestos fondos de campaña no declarados durante elecciones regionales entre 2018 y 2020. El candidato niega estas acusaciones y planea apelar la decisión.

Fujimori, por otro lado, estuvo bajo investigación durante años por cargos relacionados con la financiación de campañas, los cuales fueron retirados el año pasado. Sin embargo, estuvo casi un año y medio en prisión preventiva entre 2018 y 2020.

Ningún partido tiene mayoría en el Congreso peruano, lo que ha causado frecuentes procesos de destitución presidencial, aunque Fujimori lidera el bloque minoritario más grande.

Muchos peruanos están cansados de esta inestabilidad.

El año pasado estallaron protestas lideradas por la Generación Z, cuyos jóvenes señalaban que el Estado no lograba enfrentar la delincuencia, la corrupción y la desigualdad.

Los menores de 30 años representan cerca del 25% del electorado peruano, y muchos de ellos que protestaron dudan que cualquiera de los dos candidatos pueda generar un cambio real.

Consuelo, de 21 años y vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica del Perú, habla de un "agotamiento político" hacia la "clase política".

Considera que elegir entre las dos opciones en la votación del domingo es seleccionar el "mal menor".

Sin embargo, le preocupa la promesa de Fujimori de retomar ciertas políticas de su padre.

"Hablar de fujimorismo es sinónimo de autoritarismo, lo cual genera un miedo importante entre muchos estudiantes".

Otra estudiante, Cielo, de 23 años, ha participado en protestas "anti-Keiko", aunque la delincuencia es una de sus preocupaciones principales tras que su familia haya sufrido extorsión en su pequeño negocio.

El voto de los jóvenes

Consuelo, Álvaro y Cielo están parados mirando a la cámara. Posan en lo que parece ser un parque en Lima

Álvaro, de 22 años, comenta que su candidato preferido no alcanzó la segunda vuelta, pero que votará "con criterio" por Sánchez para impedir que Fujimori acceda al poder.

"Me gustaría una derecha más actualizada", señala, "con valores de libre mercado, pero representada por alguien menos rencoroso y que realmente quiera trabajar por el Perú".

Lo que estos estudiantes comparten con los seguidores más vehementes de ambos candidatos es el anhelo de que termine la inestabilidad para poder implementar políticas efectivas contra la delincuencia, la corrupción y la desigualdad.

Sin embargo, ante la falta de una mayoría parlamentaria clara y dos candidatos en polos opuestos, muchos expertos consideran que ese escenario aún está distante.

José Luis Pérez Guadalupe, ministro del Interior entre 2015 y 2016 y profesor de la Universidad del Pacífico, explica que la "gran polarización" significa que "sea quien sea el ganador, tendrá dificultades para concretar sus planes".

"Hemos tenido ocho presidentes en diez años, veinticuatro ministros de Justicia y treinta y dos ministros del Interior. La volatilidad es muy alta".

Por ello, no sorprende que muchos peruanos compartan el desencanto de Consuelo: "Gane Fujimori o Sánchez, lo más probable es que se mantenga la inestabilidad".

"En realidad, es una elección bastante desmoralizadora".

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