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- Título del autor, BBC News Mundo
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- Fecha de publicación 5 junio 2026Actualizado 7 junio 2026
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Este domingo, Perú elegirá a su noveno presidente en apenas diez años.
Luego de una primera vuelta turbulenta y un proceso de conteo de votos que se extendió por un mes, la nación sudamericana regresa a las urnas bajo un clima de incertidumbre política.
La candidata derechista Keiko Fujimori, representante del fujimorismo y que logró el 17,92 % de los sufragios en la primera vuelta, se enfrenta en la disputa presidencial con el izquierdista Roberto Sánchez, quien obtuvo el 12,03 % de los votos.
Esta elección refleja un patrón característico de la política peruana en las últimas décadas: el enfrentamiento entre el fujimorismo y otro postulante, donde el antifujimorismo suele desempeñar un papel crucial.
Keiko Fujimori, hija y sucesora política del polémico expresidente Alberto Fujimori, se distingue por su tenacidad.
Esta consulta es la cuarta vez que compite por la presidencia y no ha aceptado los resultados de las dos últimas elecciones, en las que fue derrotada por el derechista Pedro Pablo Kuczynski en 2016 y el izquierdista Pedro Castillo en 2021.
El politólogo Alonso Cárdenas, profesor de Ciencia Política en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Lima, sostiene que la negación de los resultados electorales ha perjudicado la democracia peruana.
"Este ha sido uno de los principales desencadenantes del proceso de crisis e inestabilidad política que Perú ha vivido en los últimos diez años, con ocho presidentes, un Congreso afectado por un profundo descrédito y una implosión institucional que define actualmente la escena política", declaró a BBC Mundo.
"Este contexto también ha propiciado el crecimiento del crimen organizado, manifestado en fenómenos como los sicariatos y la extorsión, y ha deteriorado significativamente la calidad de vida de la población".
En la papeleta también figura Roberto Sánchez, quien compite por primera vez a la presidencia de Perú.
Ejerció como ministro de Comercio Exterior y Turismo durante la administración del expresidente Pedro Castillo, de quien se considera representante político.
En 2022, Castillo fue condenado a 11 años y medio de prisión por delitos de rebelión y conspiración, tras intentar sin éxito disolver el Congreso y concentrar poderes durante su mandato.

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Factores que influirán en la elección
Uno de los elementos más decisivos en este proceso será el voto indeciso, que ronda el 25 % del electorado, según una encuesta del IEP difundida la semana pasada.
"Ese segmento puede inclinarse hacia cualquier lado. En días recientes, especialmente en redes sociales, muchos han recordado los episodios vinculados al fujimorismo, como casos de corrupción, violaciones a los derechos humanos, autoritarismo y cleptocracia", explica Cárdenas.
"De acuerdo con la información disponible, la diferencia en las encuestas entre Keiko y Sánchez se ha reducido progresivamente", añade.
La participación electoral en diversas regiones también será clave.
"El abstencionismo en Lima, bastión urbano principal de Keiko Fujimori, representa una desventaja para ella, mientras que el desinterés en el ámbito rural y en el sur del país, donde Sánchez goza de alta popularidad, sería perjudicial para él", observa.
En ese sentido, la movilización en áreas urbanas frente a rurales podría definir un resultado electoral muy reñido.
Otro factor importante es el rechazo histórico hacia ambos candidatos, que actúa como una fuerza política independiente.
En el caso de Fujimori, el antifujimorismo rememora el autoritarismo y la corrupción; en el de Sánchez, pesa su relación con la gestión de Pedro Castillo, recordada como una administración caótica, caracterizada por corrupción y falta de planificación, según el analista Alonso Cárdenas.
Más allá de quién sea elegido, persiste la gran incógnita respecto a la gobernabilidad del país, considerando que el Congreso peruano se ha transformado en un actor clave en la estabilidad política, con la capacidad de condicionar la actuación del Ejecutivo.
En los últimos tiempos, la fragmentación del sistema de partidos y la ausencia de mayorías claras han provocado una inestabilidad persistente.
La destitución de presidentes y los constantes choques entre poderes han consolidado la idea de que la gobernabilidad depende menos del resultado electoral y más de la habilidad del presidente para formar alianzas en un Congreso altamente inestable.
A continuación, se presentan los dos candidatos que competirán este domingo por el poder.
Keiko Fujimori, la sucesora del fujimorismo que aspira a la presidencia por cuarta ocasión

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Aunque se le pueden cuestionar muchos aspectos, la constancia no está entre ellos: Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, accedió por cuarta vez consecutiva a la segunda vuelta tras tres derrotas previas.
Keiko se ha consolidado como una de las figuras políticas más longevas en un Perú donde en años recientes los dirigentes han caído rápidamente debido a repetidos escándalos de corrupción.
Ella tuvo su propio escándalo relacionado con un caso de lavado de activos en el contexto de Odebrecht, y tras haber estado en prisión, el Tribunal Constitucional archivó el proceso, permitiéndole presentarse como candidata en esta elección.
Para atraer a votantes cansados de la corrupción y la inseguridad, Fujimori defendió la herencia política de su padre, fallecido en 2024, quien pasó aproximadamente 16 años en prisión tras su condena por delitos de lesa humanidad.
Con el lema electoral de "vuelve el orden", intentó vincular su imagen con la de quienes ven a Alberto Fujimori como un líder decididamente firme que estabilizó al país durante la crisis económica y la violencia del Sendero Luminoso en los años 90.
No obstante, la figura de su padre sigue siendo controvertida en Perú, con muchos recordando las violaciones a los derechos humanos ocurridas bajo su mandato, así como los severos recortes derivados de sus reformas económicas.
El apellido Fujimori resulta su mayor activo político, pero también su principal dificultad. La carrera de Keiko ha estado siempre ligada a la imagen de su padre.

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Nacida en 1975 y siendo la mayor de cuatro hermanos, asumió el papel institucional de primera dama de Perú luego de la ruptura matrimonial de sus padres.
En ese periodo, los peruanos pudieron conocer a una joven Keiko acompañando a su padre en actos públicos y viajes oficiales.
Tras cursar Administración de Empresas en EE.UU., regresó a Perú para dedicarse de lleno a la política.
En 2006, con su padre ya detenido en Chile, fue elegida congresista por primera vez.
Cinco años más tarde, se presentó por primera vez como candidata presidencial. Repitió sus intentos en 2016 y 2021, perdiendo en ambos casos frente a políticos que no completaron sus mandatos.
A pesar de ello, permaneció al frente del fujimorismo, incluso a costa de obstaculizar la liberación de su padre —que luego apoyó— y deteriorar su relación con su hermano Kenji.
En 2022, se separó de Mark Vito, empresario estadounidense con quien tuvo dos hijas y que ahora forma parte de la televisión y farándula del país.
Esta es la primera vez que Fujimori concursa tras la muerte de su padre. Durante la campaña, intentó capitalizar aún más su herencia política y la percepción de numerosos peruanos de que el país enfrenta una situación crítica que requiere mano dura, como la aplicada anteriormente por Alberto Fujimori.
Entre sus propuestas destacan la construcción de megacárceles de máxima seguridad y la salida de Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Luego de las elecciones de este domingo se conocerá si nuevamente se queda cerca o si logra finalmente su objetivo de convertirse en presidenta.
Roberto Sánchez, el sobreviviente de la era Castillo

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Superar el naufragio del gobierno del expresidente Pedro Castillo, quien fue encarcelado y procesado por varios delitos, parecía difícil, pero Roberto Sánchez Palomino lo logró.
Aunque días antes de la votación Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, figuraba rezagado en las encuestas, consiguió concentrar votos en poco tiempo y, aprovechando el panorama electoral fragmentado, ahora se perfila como el rival de Keiko Fujimori en la segunda vuelta presidencial.
Nacido en 1969 en Huaral, región de fuerte actividad agrícola a unos 80 km de Lima, y con formación en psicología, Sánchez logró convertir su cercanía política con Castillo —siendo ministro de Turismo y Comercio Exterior y el único que mantuvo su cargo durante los frecuentes cambios de gabinete— en una ventaja en un momento en que esto parecía una carga.
El candidato no dudó en reivindicar su vínculo con la administración de Castillo e incluso apareció en debates con el sombrero campesino emblemático del expresidente, símbolo del Perú rural y andino.
Así consiguió apoyo de sectores que llevaron a Castillo a la presidencia, especialmente en el sur del país, la zona más afectada por la violencia durante la represión de las protestas posteriores a la caída del expresidente, donde existe un fuerte resentimiento hacia la clase política limeña.

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Con un estilo moderado y tono calmado en medio del constante clima de tensión política, Sánchez manejó con destreza la situación y, a diferencia de varios ministros, no enfrentó procesos judiciales por el fallido intento de Castillo de disolver el Congreso, que culminó en su destitución y encarcelamiento en diciembre de 2022.
Sánchez presentó su renuncia poco después de la aparición televisiva de Castillo, anunciando medidas excepcionales con la mano temblorosa, y se abstuvo en la votación congresal que destituyó al presidente, lo que muchos interpretaron como un intento de salvarse a sí mismo.
No parece que Castillo le guarde rencor: en una de sus últimas apariciones judiciales pidió el voto para Sánchez. Este último ha sabido capitalizar el descontento de numerosos sectores rurales peruanos ante el destino sufrido por el expresidente.
Ramiro Escobar, analista político de la Pontificia Universidad Católica del Perú, afirmó a BBC Mundo que el pase de Sánchez a la segunda vuelta "demuestra que los círculos políticos de Lima siguen sin comprender la magnitud del malestar en las regiones".

